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Encuentran intacta una tableta de chocolate de hace 121 años
Encuentran una tableta de chocolate de una serie encargada hace 121 años por la reina Victoria, de Reino Unido, para levantar el ánimo a las tropas británicas que combatían en Sudáfrica durante la II Guerra Bóer.
La encontraron en su lata original en la antigua casona Oxburgh Hall, ubicada en el condado Norfolk, en la costa este de Inglaterra.
Según revela a Russia Today Anna Forrest, curadora del patrimonio cultural en la organización benéfica National Trust que administra Oxburgh Hall, aunque ya no parece apetitoso y ha rebasado su fecha de caducidad, el dulce fue encontrado completo en su lata original, lo cual constituye un hallazgo extraordinario.
You won’t see chocolate like this at Easter – a 121-year-old tin has been discovered @OxburghHallNT: https://t.co/YajJFvDsW7
Found in a Boer War helmet, the chocolate was commissioned by Queen Victoria and issued to troops to boost morale. pic.twitter.com/GpcSkSDRNH
— National Trust (@nationaltrust) March 31, 2021
Dicha tableta, según confirma el canal de noticias, no fue un regalo de Pascua, pues la tapa de hojalata tiene una inscripción escrita a mano por la monarca en la que puede leerse: «Te deseo un feliz año nuevo» y «Sudáfrica 1900».
El dulce fue un regalo para el octavo baronet, señor Henry Edward Paston-Bedingfeld, que ese año combatía en Sudáfrica durante la segunda guerra Bóer. El mismo fue descubierto entre las pertenencias de su hija Frances Greathead después de su muerte, acaecida en 2020 a la edad de 100 años.
En 1951, Frances, su madre Sybil y su prima Violet salvaron Oxburgh Hall de ser subastada. Las mujeres lograron recaudar los fondos necesarios tras vender sus casas y, más tarde, la familia donó la casona al National Trust.
ACN/ Rt Español
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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