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Relaciones sexuales en Semana Santa ¿Es un pecado?

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Relaciones sexuales en Semana Santa
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Alrededor de la Semana Santa se tejen todo tipo de tradiciones y creencias, una de ellas tiene que ver con tener relaciones sexuales durante estas festividades religiosas; lo cual muchos consideran un pecado pero ¿Qué tan cierto es?

Es más, de acuerdo con la creencia popular, Dios puede castigar a las parejas que tengan relaciones sexuales durante estas fechas; incluso algunos aseguran que quienes incurran en esto podrían quedarse “pegados”.

Relaciones sexuales en Semana Santa

Todo parece indicar que esta prohibición es en realidad un tema cultural y de tradiciones más que una norma religiosa.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que en la Iglesia católica ni en ninguna corriente del cristianismo protestante existe una norma explícita, ya sea en la Biblia; bulas papales, conceptos del Vaticano o cualquier otro texto, que sostenga que las relaciones sexuales sean pecado en la Semana Santa.

Sin embargo, se tiende a creer que no es correcto tener relaciones al tratarse de una época de recogimiento, reflexión y oración; además de ser los días en los que se conmemora la pasión y sufrimiento de Jesús en sus últimos días sobre la Tierra.

Por ello, muchos hacen luto y deciden abstenerse de los llamados placeres de la carne por medio de la abstinencia y el ayuno; en especial los días Viernes y Sábado Santo.

Pese a ello, no es ilícito para estas corrientes religiosas tener sexo; ni esto implica que quien lo haga sea pecador.

Eso sí, es importante recordar que, tal como lo expresó recientemente el Vaticano, la Iglesia católica continúa considerando pecado las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo o fuera del matrimonio; lo cual incluye relaciones prematrimoniales y extramatrimoniales.

ACN/El Nacional

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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