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Ingeniero aeronáutico diseña ropa que se adapta al cuerpo de los niños en sus primeros años de vida

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El ingeniero aeronáutico Ryan Mario Yasin cumplió en sueño de todos padres, al realizar ropa que se adapta al cuerpo del niño desde los cuatro meses hasta los cuatro años.

El investigador estaba interesado en entrar al mundo de la moda, por ello tomó sus conocimientos de aeronáutico y comenzó a diseñar ropa que se adaptara al cuerpo de los niños conformen fueran creciendo.

Con este invento no solo le ahorra a los padres enormes cantidades de dinero que se gasta en ropa anualmente, con ello también aportaría beneficios al planeta.

El diseñador graduado de la Royal College of Art de Londres, Reino Unido, ya creó su propia firma llamada Petit Pli. Se inspiró en lo derrochadora que podía ser la industria de la moda y en su pequeño sobrino.

“Cuando finalmente tuve la oportunidad de ir a conocerlo, ya era muy grande para la ropa que le había llevado de regalo, lo cual fue muy decepcionante», recuerda. «Fue ahí cuando me di cuenta de que podía enfocar mi proyecto en la ropa infantil: ‘una talla para todos’. Una vez que me decidí por este concepto, fue sólo cuestión de tiempo encontrar cómo lograrlo” acotó el ingeniero.

Su línea de ropa está diseñada para que  los niños tengan plena libertad de jugar y explorar sin ningún tipo de limitaciones, así como tampoco preocuparse por el clima que lo rodee.

«La tela se pliega permanentemente de tal manera que se despliega a lo largo y ancho cuando se tira de ella», cuenta Yasin. «En ingeniería esta propiedad se conoce como un coeficiente de Poisson negativo. Por el contrario, las telas convencionales se adelgazan en una dirección cuando se estiran en la otra».

El diseñador se mantuvo reservado a los materiales que utilizó, sin embargo asegura que a pesar de que otros diseñadores ya hacen ropa expandible la creación de él sí puede ser cortada porque no pierde elasticidad ni longitud.

ACN/ Fuente BBC Mundo

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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