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Increíble imagen de un átomo a simple vista

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Increíble imagen de un átomo visible a simple vista: Una imagen única en la historia de la ciencia muestra lo que es en cierta forma era  imposible: ver un átomo. La fotografía lograda excepcionalmente gana el Premio de Fotografía Científica.

Las dimensiones minúsculas de un átomo y de toda la materia subatómica hacen que sea imposible captarla para el ojo humano. Pero gracias al a una aplicación bastante astuta de tecnología de punta, científicos han logrado captar por primera vez un átomo único.

David Nadlinger obtuvo el premio nacional de fotografía científica del Reino Unido por esta prodigiosa foto, en la que se aprecia un punto de luz en un campo de iones. Un átomo atrapado entre dos electrodos separados por 2 mm.

 

Un átomo  estándar mide apenas unas diez millonésimas de un mm (en un milímetro cabrían diez millones de átomos)… Si bien los átomos de estroncio -como el de la imagen- son un poco más grandes, sólo podemos verlo porque absorbe la luz del láser y luego la remite a una velocidad que puede captarse en una cámara.

La imagen muestra un punto de luz, un átomo cargado positivamente de estroncio, el cual se sostiene inmóvil por campos eléctricos que emanan de los electrodos de metal… Al ser iluminado por un láser el átomo absorbe y remite partículas de luz que hacen posible que una cámara lo capte utilizando una simple técnica de larga exposición.

Pero lograr la imagen, no fue nada fácil, se tuvo que emplear una cámara de alto vacío para albergar la trampa de iones. La fotografía fue lograda en el contexto de la investigación de computación cuántica en la que se utilizan iones enfriados por láser.

Logró la imposible tarea de fotografiar un minúsculo átomo con una cámara estándar

Mantener casi inmóvil un átomo suspendido entre dos campos eléctricos para fotografiarlo no es una tarea sencilla. Y hacerlo además con una cámara de fotos estándar parece todavía más difícil. Pero David Nadlinger, un físico cuántico británico de la Universidad de Oxford, lo logró.

Es por eso que se hizo acreedor del primer premio en el Concurso Nacional de Fotografía de Ciencia, organizado por el Consejo de Investigación en Ingeniería y Ciencias Físicas de Reino Unido (EPSRC, por sus siglas en inglés).

La foto se titula «Un solo átomo en una trampa de iones».

Trampa de iones: La distancia entre las dos pequeñas agujas que sostienen al átomo es de apenas dos milímetros. Nadlinger logró fotografiar el átomo de estroncio al iluminarlo con un láser. De esta manera el átomo absorbe partículas de luz y las reemite con la suficiente rapidez como para que una cámara ordinaria la capture en una foto de larga exposición.

La idea de ser capaz de ver un solo átomo a simple vista me pareció un puente maravillosamente directo y visceral entre el minúsculo mundo cuántico y nuestra realidad macroscópica»

David Nadlinger, Universidad de Oxford

Los átomos son infinitesimalmente pequeños, aunque los de estroncio son en comparación un poco más largos.

La imagen ganadora fue obtenida a través de una ventana de una cámara sellada al vacío donde se encuentra una «trampa de iones». David Nadinger, el autor de la foto, es un físico cuántico de Oxford.

Esta «trampa» es una plataforma ideal para que los investigadores midan, exploren y manipulen pequeñas partículas, y puedan entender el comportamiento de los átomos hasta en la más mínima escala.

 

David Nadlinger explicó cómo se le ocurrió hacer esa foto que puso en jaque al mundo científico y obliga a revisar teorías y planteamientos teológicos…

Un puente

Nadlinger explicó cómo se le ocurrió hacer esa foto:  «La idea de ser capaz de ver un solo átomo a simple vista me pareció un puente maravillosamente directo y visceral entre el minúsculo mundo cuántico y nuestra realidad macroscópica», expresó el autor de la foto en un comunicado publicado por el EPSRC, organizador de la competencia.

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«Un cálculo mostró que los números estaban de mi lado y cuando llegué al laboratorio con mi cámara un domingo por la tarde fui recompensado con el hecho de poder tomar la foto de ese pequeño punto color azul pálido», precisó.

El concurso galardonó a otras imágenes; entre ellas, primeros planos de burbujas de jabón en el fregadero de una cocina y una pequeña burbuja conteniendo un medicamento.

«No sólo tenemos poderosas y atractivas fotos, sino que las historias detrás de esas fotos sobre cómo y por qué fueron hechas son muy inspiradoras», indicó Dame Ann Dowiling, integrante del jurado.

ACN/PIJAMASURF/BBC/diarios

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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