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Insólito! Descubren un hongo negro que vive en la radiación de Chernobyl
Los científicos han descubierto un extraño tipo de hongo negro, que se alimenta de la radiación dentro del reactor de la colapsada planta nuclear de Chernobyl.
En 1991, investigadores rusos se encontraron extraños hongos que crecían en las paredes del reactor, lo que desconcertó a los científicos debido al ambiente extremadamente tóxico por la radiación de alta energía presente.
Los investigadores finalmente se dieron cuenta de que no solo los hongos eran impermeables a la radiación mortal, sino que también parecían sentirse atraídos por ella.
Una década después, los investigadores probaron algunos de los hongos y determinaron que tenía una gran cantidad de pigmento melanina, que también se encuentra, entre otros lugares, como por ejemplo en la piel de los seres humanos.
Las personas con tonos de piel más oscuros, tienden a tener mucha más melanina; que se sabe que absorbe la luz y disipa la radiación ultravioleta en la piel.
Hongos negros que se alimentan de radiación
Sin embargo, en los hongos, esta substancia supuestamente absorbe la radiación; y la convierte en algún tipo de energía química para el crecimiento de la creatura.
En un artículo de 2008, Ekaterina Dadachova, por entonces miembro del Colegio de Medicina Albert Einstein en Nueva York; señaló que es poco probable que los hongos atraídos por la radiación sean los primeros ejemplos de este tipo.
«Se han encontrado grandes cantidades de esporas de hongos altamente melanizadas en los depósitos del período Cretácico temprano; cuando muchas especies de animales y plantas se extinguieron”, indicó la doctora.
“Este período coincide con el cruce de la Tierra del ‘cero magnético’ que resulta en la pérdida de su escudo natural contra la radiación cósmica”, según se puede leer en introducción del documento presentado por Dadachova.
El estudio también indica que este tipo de hongos, podría existir en lugares del cosmos, que aun desconocemos; donde los organismos podrían vivir en entornos saturados de radiación.
(Ing) Se descubrió un tipo de hongo negro que come radiación dentro del reactor nuclear de #Chernobyl. https://t.co/9uikst0nuH #energianuclear #ciencia
— Egn (@edalgomezn) February 7, 2020
Con información de: ACN|FoxNews|Redes
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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