Opinión
Encrucijada económica y política
Encrucijada económica y política: Por Leopoldo Puchi.- El Banco Central de Venezuela ha comenzado a suministrar datos sobre la economía nacional al Fondo Monetario Internacional. Independientemente de la discusión que pueda abrirse en torno a la fidelidad de esas cifras, es indudable que ellas revelan la dramática caída del Producto Interno Bruto y las severas dificultades económicas por las que atraviesa el país.
A su vez, el FMI ha hecho sus propias estimaciones y considera que a la caída del Producto Interno Bruto del 15 por ciento en 2017 le sucederá una contracción de 18 por ciento en 2018. Se calcula que el PIB por habitante cayó un 35 por ciento entre 2013 y 2017 y que podría llegar a 60 por ciento en 2023.
Las políticas económicas del Gobierno no han podido detener el deterioro que se evidencia en las cifras y se siente en las calles y la vida cotidiana. El Programa de Recuperación, luego de tres meses de haber sido anunciado no ha logrado alcanzar sus objetivos, aunque apuntaba en una dirección acertada de apertura económica.
Esto ha ocurrido, en una buena medida, porque parte importante de las decisiones que hacían parte del plan no fueron ejecutadas: no se implementó realmente un nuevo sistema cambiario que se basara en un precio creado por la oferta y la demanda, ni se instrumentó el incremento del precio de la gasolina por la falta de un sistema de cobro adecuado.
Encrucijada Política
Ahora bien, más allá de estas consideraciones, el destino de cualquier programa económico será incierto sin una financiación internacional que permita incrementar la producción petrolera y liberar el sistema cambiario. Entramos así al terreno de las decisiones políticas, entendidas en una doble dimensión: de una parte, la necesidad de recurrir a organismos como el FMI para tener acceso al financiamiento requerido; y de otra parte, la necesidad del levantamiento de las sanciones financieras de las que es objeto el país.
En síntesis, para obtener financiamiento internacional habría necesidad tanto de una decisión política del Gobierno venezolano de acudir a instituciones internacionales y hacer reformas en la economía, como de una decisión del gobierno de Estados Unidos de levantar las sanciones.
La consideración de los caminos para que esas dos decisiones políticas puedan tener lugar nos conducen a una encrucijada: de un lado estaría la opción de un cambio abrupto, por la fuerza, del Gobierno, lo que contemplaría el impulso desde el exterior de un colapso; del otro, la opción de un proceso de negociaciones y acuerdos que apunte hacia la construcción de un modelo de cohabitación de las fuerzas en pugna, tanto internas como internacionales.
El sentido común indica que debe tomarse el camino de las negociaciones, que permitiría en primer término superar las dificultades económicas y las penurias sociales, y a mediano y largo plazo relanzar las potencialidades del país.
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Opinión
Redes que enredan: La miseria del ‘like’ sobre la tragedia venezolana
Por: Luis Junior Vivas
En medio de la angustia y el dolor que provocan la reciente tragedia vivida en Venezuela por los terremltos del 24 de Junio, ha quedado al descubierto una de las facetas más oscuras de la era digital: la mercantilización del sufrimiento. Mientras rescatistas, voluntarios y comunidades enteras se debaten entre los escombros, las pérdidas materiales y el duelo para salvar vidas, un grupo de creadores de contenido, influencers y supuestos comunicadores han decidido convertir la desgracia en su próximo contenido viral.
Bajo el lema implícito de «todo vale por un clic», las redes sociales se han inundado de videos dramatizados, imágenes explícitas descontextualizadas e incluso burlas veladas que rozan la crueldad. No hay intención de ayudar, no hay centros de acopio en sus biografías, ni canales de apoyo real; solo hay una búsqueda frenética de engagement a costa del dolor ajeno.
El problema va más allá de la falta de empatía. Al actuar de mala fe para figurar en los algoritmos, estos personajes no solo muestran una total indolencia y falta de humanidad, sino que se convierten en un obstáculo para las labores de emergencia.
Al difundir contenidos sin verificar:
Obstruyen los canales oficiales: Entorpecen la logística de rescate al viralizar alarmas falsas o solicitudes de ayuda obsoletas.
Generan pánico innecesario: Juegan con la salud mental de quienes están lejos esperando noticias de sus familiares.
Las plataformas digitales nacieron para conectarnos, pero hoy, en manos de la irresponsabilidad, son herramientas que deshumanizan.
El dolor de los venezolanos no puede seguir siendo el libreto de quienes buscan monetizar o inflar sus métricas. La libertad de expresión y el alcance de las redes sociales conllevan una responsabilidad ética que estos creadores han decidido ignorar deliberadamente.
Es hora de que la audiencia reaccione. La solución no solo pasa por la denuncia pública de estos actos de mala fe, sino por aplicar la sanción más efectiva en el entorno digital: el unfollow y el bloqueo. Dejemos de consumir el morbo travestido de información. En momentos de crisis, Venezuela necesita manos que ayuden, ojos que informen con rigor y corazones con verdadera humanidad; no pantallas que enredan, confunden y se alimentan de las lágrimas de un pueblo.
Abg. Luis Junior Vivas
Coordinador Regional de Activismo
Vente Carabobo
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