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Dulce de limón, un sabor único y especial
Entre los dulces almibarados que son reconocidos en Venezuela destacan los de lechosa, lechosa y piña, cabello de ángel, duraznos, hicacos, cascos de guayaba y cascos de parchita, todos son una delicia. Sin embargo, hay dos dulces deliciosos que aunque llevan un proceso más largo para prepararse; bien valen el esfuerzo, pues son una maravillosa experiencia al paladar cuando están bien hechos, se trata del dulce de limón y el dulce de naranja.
Estas frutas antes de almibararlas hay que hacerles botar el amargo sabor que deja su concha.
Además hay que suavizarla, esto se logra remojando las frutas limpias y ralladas en agua con sal por unos 3 días; cambiando constantemente el agua.
Luego la fruta esta lista para ser almibarada, el resultado es realmente delicioso y único.
Ingredientes para el dulce de limón
12 limones grandes
- Agua
- Sal
- Azúcar
- 2 clavos de olor
Preparación
Ralle los limones y córtelos por la mitad. Exprímalos, retírele las semillas y colóquelos en abundante agua con un poco de sal.
Debe dejarlos así tres días, cambiándoles el agua con sal todos los días para que por último; los lave bien y los cocine hasta que estén blandos.
Una vez cocidos debe dejarlos escurrir bien.
Colóquelos en una cacerola con tanta azúcar como pesen los limones, cubra bien con agua y llévela al hervor unos minutos a fuego fuerte.
Agregarle los limones y los clavos de olor; dejar hervir a fuego lento hasta que el almíbar esté espeso.
ACN/Venezuela Tuya
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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