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La celebración del Domingo de Ramos nos invita a renovar la fe
El Domingo de Ramos, apertura la solemnidad de Semana Santa. A través del recuerdo de las palmas benditas y el símbolo de la pasión; se representa la entrada de Jesús en Jerusalén. Es el día que conmemora por igual, en los creyentes; la entrada triunfal de Jesucristo en nuestra vida y nos invita a renovar la fe.
Es una fecha cuando se entrecruzan las dos tradiciones litúrgicas que han dado origen a esta celebración; la alegre, multitudinaria, festiva liturgia de la iglesia que se convierte en imitación, de lo que Jesús hizo en Jerusalén; y la austera memoria de la pasión que marcaba la liturgia de Roma.
Existe en su contexto una alegoría, un gesto profético al llegar Jesús como Rey pacífico; el Mesías aclamado primero y condenado después, para cumplir en todo las profecías.
Venía en el nombre del Señor
Jesús, logró en la gente se revivieran la esperanzas, de tener ya consigo de forma abierta; aquel que venía en el nombre del Señor. Al menos, así lo entendieron los más sencillos, los discípulos y gente que acompañó a Jesús, como un Rey.
Curiosamente, en las santas escrituras o evangelios de San Lucas, no se habla de olivos ni palmas; sino de gente que iba alfombrando el camino con sus vestidos, como se recibe a un Rey, y la gente que gritaba; “bendito el que viene como Rey en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en lo alto”.
Jerusalén, desde el siglo IV, era la sede más venerada de la vida litúrgica. Por ello, celebraba este momento con una procesión multitudinaria. Esto, impactó tanto a los peregrinos, que occidente dejó plasmada en esta procesión de ramos; una de las más bellas celebraciones de la Semana Santa.
Por su parte en Roma, se nos habla de la Pasión anticipando la proclamación del misterio que se nos ofrece como contraste; entre el camino triunfante del Cristo del Domingo de Ramos y el Vía Crucis de los días santos.
La liturgia de las palmas anticipa en este domingo, el llamado de la pascua florida, cuando el Domingo de Resurrección; se nos invita a entrar conscientemente en la Semana Santa de la Pasión y amorosa entrega de Cristo el Señor. El cual, más allá de un instrumento de fé; fue uno de los primeros humanistas consolidados del mundo.
ACN/Noticias24/Foto: NT24
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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