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¿Te atreves? Descubre cómo hacer el carrete filipino para una experiencia muy placentera
En cuestiones de sexo siempre queremos disfrutar más y mejor, por lo que aprender nuevas técnicas eróticas que ayuden a aumentar el placer en la cama, es algo que estará siempre latente en muchas personas.
La cultura que más enseña sobre prácticas sexuales es la oriental, ya que son técnicas muy diferentes, en donde con prácticas milenarias las personas logran obtener un nivel de satisfacción sexual increíble.
Una de las prácticas de esta cultura es el denominado carrete filipino, que se hizo famosa en los burdeles de Filipinas. Llegó a todo el mundo gracias a la leyenda urbana que dice que los «filipinos son muy buenos en la cama».
Pero ¿en qué consiste?
Según cuenta la psicóloga especializada en sexualidad y fetichismo, Arola Poch, consiste en atar un cordel o hilo a la base del pene y «apretar con firmeza para constreñirlo, alargando así el tiempo de erección e intensificando la sensación de la eyaculación».
Leyendo esto puede que los hombres queden asustados, pero tranquilos, la idea es disfrutar mucho más del coito.
“El cordel o hilo ha de atarse de forma suave cuando el pene esté erecto para jugar con la intensidad del nudo y como durante el coito se aprieta más, el nudo se desata y se libera la eyaculación”.
Debe practicarse mucho para conseguir que salga bien y sea placentera. El principal consejo es que el hilo no se muy fino para que no se rasgue el pene.
Carrete filipino en el sexo oral
La práctica del carrete filipino se utiliza fundamentalmente en el coito, pero también es apta para el sexo oral o la masturbación.
Poch ha informado que el proceso sería igual que para el coito: “Atar la cinta cuando hemos conseguido una erección, seguir estimulando para mantener la excitación y desatar la cinta en el momento de la expulsión del semen”.
El punto fundamental es controlar los tiempos. Según Poch «Al oprimir el pene en el momento adecuado podemos cortar la eyaculación».
Así se mantiene la excitación sin liberar el semen y alargar el tiempo de eyaculación: «Cuando lo liberemos, la eyaculación puede sentirse más potente al haberla contenido».
ACN/ Noticiero de Venezuela
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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