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¡Placer! Descubre las ocho claves para tener un sexo de calidad
Una buena vida sexual con tu pareja implica tiempo y dedicación para mantener la llama de la pasión viva a pesar de los años. Sin embargo, tener buen sexo no necesariamente requiere pasar horas y horas retozando en el dormitorio, y es que cuando se trata de intimidad importa más la calidad que la cantidad, ¿no crees?
En muchas ocasiones creemos que para conseguir un buen sexo necesitamos tiempo y grandes dosis de imaginación. Pero a través de estas ocho claves desmitificaremos esta creencia pudiendo mejorar la calidad del sexo sin hacer un elevado esfuerzo ni invertir demasiado tiempo.
Prioriza el sexo en tu relación de pareja y en tu día a día.
Actualmente, nuestro día a día acostumbra a ser muy ajetreado y con poco tiempo libre; llegamos a casa, agotados y con ganas de meternos en la cama y descansar. Si nos dejamos llevar por esta dinámica siempre acaba quedando el sexo en último lugar.
Por eso, es importante dar un espacio al sexo, priorizarlo ante otras obligaciones. Si nos paramos a pensar, en muchas ocasiones hacemos cosas que no nos acaban de apetecer, pero si mantenemos un ritmo y frecuencia y nos incentivamos, acaban gustándonos y hasta acabamos deseando que llegue el momento de volverlo a hacer.
Ten en cuenta que la sexualidad empieza en la seducción.
Con el paso de los años (y sobre todo si tenemos pareja estable) nos olvidamos que el sexo es mucho más que preliminares, coito y orgasmo. Por tanto, si queremos tener un sexo de calidad ha llegado el momento de volver a recuperar el coqueteo y la picardía fuera del momento sexual y convertir nuestro día a día en erótico, sensual y positivo.
Introduciendo la seducción, automáticamente conseguiremos aumentar nuestro deseo y el de nuestra pareja. Con esto no quiero decir que se deba dedicar un largo y tedioso tiempo a la seducción, sino que en ocasiones un simple beso, mirada, acercamiento o comentario subido de tono, conductas que son de dos minutos, son suficientes para revivir la llama.

Conócete sexualmente y averigua qué es lo que te gusta.
Para poder disfrutar plenamente del sexo debemos conocernos primero nosotros mismos. Es importante conocer nuestras apetencias en el terreno sexual: saber qué es lo que nos activa, con qué se despierta nuestro deseo, qué es lo que nos interesa y lo que no, con qué nos sentimos cómodos, etcétera. Es el momento de experimentar y conocer nuestros gustos personales.
Comunícate con tu pareja en el tema sexual.
Para podernos comunicar sexualmente debemos saber qué es lo que nos gusta y lo que nos desagrada (punto anterior). Es verdad que es distinto saber qué es lo que uno quiere que tenerlo que comunicar al otro, y más en el caso de las preferencias sexuales. En muchos casos puede invadirnos la timidez, el miedo a que nos juzguen o a dar una mala imagen, pero debemos recordar que nuestra pareja nos quiere y es nuestra compañera. Además, en el campo de la sexualidad no hay cosas bien o mal hechas, sino simplemente preferencias y gustos.
Si conseguimos saltar el obstáculo del miedo y la vergüenza de comunicarnos sexualmente conseguiremos crear un sexo de calidad porque permitiremos que nuestra pareja conozca nuestros gustos sexuales y nosotros los suyos, pudiendo conseguir una complicidad sexual y consecuentemente una vida sexual plena. Recordad, el motor indiscutible de la sexualidad es la comunicación honesta, atrevida y sin prejuicios.
Añade un poco de creatividad.
El sexo de calidad va ligado indiscutiblemente a la creatividad, espontaneidad e imaginación. Los enemigos principales de la sexualidad son la rutina, la pereza y la monotonía. Estos aparecen en el instante que dejamos de innovar, que caemos en el hábito de hacer siempre lo mismo, en el mismo lugar, a la misma hora y de la misma manera.
Con tantas responsabilidades diarias es imposible y que con los años la rutina aparece sin poder evitarlo. Estoy de acuerdo en que nunca se mantiene el ritmo del primer año, pero con un poco de ganas y dedicación podemos conseguir ir introduciendo pequeños cambios que nos hagan salir de la monotonía y evitar la pereza.
Céntrate en el aquí y ahora.
Para que la sexualidad fluya, aparezca el deseo y la excitación es importante centrarse en el momento sexual. Todos sabemos que la sociedad actual nos llena de dolores de cabeza, preocupaciones y problemas que resolver; desconectar y dejarlo todo a un lado es costoso pero necesario y fundamental para poder apreciar y disfrutar de los pequeños detalles y del espacio sexual.
Evita empezar y acabar siempre de la misma manera.
Tendemos a concebir el sexo en cuatro pasos: caricias de iniciación, preliminares, coito y conseguir el orgasmo. Estas fases se acostumbran a repetir en cada encuentro sexual haciendo que podamos prever y saber qué viene después, eliminando toda intriga e ilusión. Lo que deriva a que el deseo descienda porque no aparece ni pizca de novedad ni creatividad. Por tanto, es importante que este aspecto lo tengamos presente para evitar la tediosa rutina, con las claves expuestas anteriormente ya tenemos las herramientas para crear distintos encuentros.
Rompe el esquema de sexo = orgasmo.
Tendemos a concebir el sexo como la culminación del orgasmo, lo que crea obligaciones y presiones alrededor del momento sexual, haciendo que en muchas ocasiones nos centremos en las zonas físicas más erógenas que serían los genitales, y los pechos en el caso de las mujeres, haciendo demasiado hincapié en ellas y olvidándonos de muchas otras.
Debemos recordar que el órgano más erógeno es nuestra mente, a través de la imaginación y la fantasía podemos llegar a elevadas cotas de excitación y pasión hasta el punto de simplemente necesitar una caricia. Así como la piel es el órgano erógeno más grande, lo que nos lleva a tener que reflexionar que a veces nos perdemos muchos estímulos sexuales y sensaciones al centrarnos solamente en los genitales y pechos.
ACN/ La Vanguardia
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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