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Ciudad futurística construye Google en Canadá
La ciudad del futuro será muy pronto una realidad; según proyecto en construcción de Google. Una ciudad futurística de Google está por nacer. Un barrio tecnológico sin congestionamientos y con una temperatura ideal.
Toronto es el lugar que Alphabet Inc, subsidiaria de Google; eligió para desarrollar su barrio tecnológico. El predio ocupa poco más de tres kilómetros cuadrados y está situado en la parte oriental del lago Ontario, en la frontera con Estados Unidos. Sputnik te cuenta los detalles.
En diciembre de 2017 la compañía anunció el plan Sidewalk Toronto, que proyecta crear una comunidad inteligente, donde la tecnología resuelva los problemas que hoy sufren las urbes, como los embotellamientos.

Adecuada a la demanda vehicular y peatonal
Para ello, proyectan construir veredas y calles con cordones dinámicos, cuya extensión se adecúe a la demanda de tránsitos vehiculares y transeúntes.
En realidad no es que las aceras vayan a cambiar de tamaño físico ni de forma mecánica, sino que se prevé construir la acera y la vía a un mismo nivel de altura: el tamaño de la calle, veredas y aparcamientos serán controlados por puces integradas al suelo, en lugar de pintura estática. Así todos los elementos serían mucho más flexibles, se explica en su página web.
Este sistema también se podría aplicar al cobro dinámico e los espacios de estacionamiento, con una tarifa variable según la demanda y la actividad de la zona.
La ciudad futurista de Google no estuvo exenta de polémicas, ya ha sido cuestionada por vecinos y organizaciones locales porque temen por su privacidad y el impacto de las inversiones privadas en espacios públicos.
ACN/Google
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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