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La Ceiba de San Francisco otro ícono de Caracas
Pasado y presente de un árbol caraqueño.
Dentro del perfil de las ciudades siempre hay edificaciones que resaltan sobre otras; gracias a sus formas tamaños o colores. Estas pueden ser desde antiguas edificaciones que embellecen la ciudad como una obra de arte clásica o modernas torres; que nos invitan a levantar la vista y admirar su composición de vanguardia. No obstante, también hay iconos naturales que toman este papel dentro de la ciudad. En Caracas, emergiendo casi como un obelisco entre dos grandes edificaciones; se encuentra la Ceiba de San Francisco, un árbol que se ha convertido en testigo silencioso de la historia.
Ubicada dentro del casco histórico de la capital, específicamente entre la esquina de La Bolsa y San Francisco. Este árbol centenario se alza entre la dinámica vehicular y peatonal caraqueña; como un símbolo natural que ha resistido el indetenible cambio que ha sufrido nuestra ciudad. Sobre sus orígenes se ha especulado mucho; pero entre las hipótesis que popularmente son aceptadas está la de haber sido sembrada por una pequeña durante la segunda mitad del siglo XIX. El cuento va así:

Posible origen de la Ceiba de San Francisco
En la Caracas de 1866, Cuando aún era un pequeño poblado, la hija de un funcionario de la policía de Caracas, sembró una plántula frente al convento de San Francisco. Para ese momento Caracas vivía la corriente francesa; que llenó muchas calles y plazas de jardineras y en una de esas jardineras ubicadas al frente del convento; la ceiba fue sembrada. Durante tres años la pequeña regaba su pequeño árbol religiosamente; hasta que este había agarrado cuerpo y tamaño para subsistir por sí mismo. Cuatro años después, en 1870 una fotografía tomada al convento; deban fe que aquel arbolito ya mostraba tres metros de altura.
Esta majestuosa Ceiba fue testigo de diversos sucesos que acontecieron en la ciudad; y marcaron su rumbo. El primer suceso relevante ocurrió en 1873 durante el mandato del ilustre americano, Antonio Guzmán Blanco. Blanco en su afán por agrandar su ego mandó a erigir una estatua ecuestre de él mismo; a escasos metros de la ceiba. Esta fue apodada por los caraqueños como «el saludante» pues el gesto que tenía era justamente un saludo con su sombrero. Para su sorpresa, cinco años después la misma sería derribada por la ciudadanía enardecida acabando con «el saludante».

La Ceiba de San Francisco escritorio
Pero no todo lo sucedido alrededor de ella fue trágico, también hay anécdotas pintorescas. Durante el gobierno de Blanco también la ceiba fue protagonista. Por esa época la bolsa de valores de la ciudad se encontraba muy cerca del capitolio nacional, por lo cual Guzmán Blanco manda a construir una defensa de cal y canto alrededor de la ceiba con una estructura de madera que funcionaba como escritorios. Esto para que los corredores y comerciantes pudieran reunirse y trabajar bajo la sombra de la ceiba. Durante 74 años estuvo la dinámica de los acreedores y corredores alrededor del tronco de la ceiba hasta mediados del siglo XX, cuando se mudaron a una sede propia. Años después tomarían la silueta de su antiguo sitio de trabajo como logotipo de la Bolsa de Valores de Caracas.
Los años pasaron y la ceiba de San Francisco seguía inmutable ante los cambios. Presenció A los estudiantes de la Universidad Central De Venezuela salir de sus clases en el palacio de las academias. Así como a los congresistas durante muchos años. Vio cuando la generación del 28 tomó las calles exigiendo libertad y la celebración de la gente durante la caída de la dictadura de 1958. Pasaron muchos años más y su integridad se vio amenazada cuando comenzaron las excavaciones para la construcción del metro de Caracas que pasa bajo sus raíces. Pero la ceiba de San francisco es símbolo de fortaleza y resistencia frente a nuestra bulliciosa ciudad. Quizás por estas razones, por su importancia histórica o por su carácter sagrado en muchas culturas es que La Ceiba es declarada como árbol emblemático del distrito capital y por ende de Caracas.

Aún hoy la longeva ceiba de San Francisco sigue presenciando los cambios de nuestra ciudad. Son más de 100 años de historia enraizados en nuestra memoria. Se encuentra en buen estado gracias a las podas preventivas que le realizan. Te invito a visitar este icono natural caraqueño y admirarle.
ACN/La Guía de Caracas/ Cristian Fragoza
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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