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Elabora en casa un delicioso ponche crema para Navidad
Cuando comienzan los preparativos navideños, esta bebida es el ayudante ideal para hacer las hallacas, recibir las visitas, poner el arbolito o el nacimiento, siempre hay una buena razón para degustarlo.
Este cremoso brebaje dulce se hace a base de huevos, leche condensada, leche entera y por supuesto contiene alcohol (ron). Existen muchas variaciones y cada familia tiene su toque secreto.
En las celebraciones navideñas y de fin de año, no puede faltar en la mesa el tradicional ponche crema, aunque si es hecho en casa, mucho mejor.
Se puede decir que el Ponche Crema es primo del Coquito puertorriqueño, del Rompope mexicano, del Eggnog estadounidense, entre otros.
Ingredientes:
6 yemas de huevo
1 lata de leche condensada
2 tazas de leche entera
Una conchita de limón
½ taza de ron venezolano
Nuez moscada
Vainilla
Una botella de vidrio
Preparación:
En una olla se pone a cocer a baja temperatura la leche. Aparte se baten las yemas de huevo.
Luego, se agrega las yemas a la leche, la conchita de limón. Luego una cucharadita de vainilla y nuez moscada al gusto. Ir removiendo con una cucharada de madera, y se debe dejar siempre a temperatura baja para evitar que las yemas coagulen.
Esperar que repose un rato y que baje un poco la temperatura del líquido, el cual en este punto debe estar algo espeso.
Agregar la leche condensada, el ron y mezclar bien. Si sienten que les quedó con grumos, puedes usar la licuadora.
Luego, prueba y verifica que tiene el gusto a licor que deseas, si no agrega más alcohol según el caso.
Embotella en envases de vidrio previamente esterilizados, tápalo y guárdalo en la nevera.
El ponche crema es un acompañante que no falta en la cena tradicional navideña venezolana y es una de las costumbres que se han mantenido a lo largo de los años por toda la geografía nacional.
Tips: El Ponche Crema siempre se sirve en vasos cortos o en copas pequeñas.
ACN/ Cookpad
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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