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Subastado el condón más antiguo del mundo
Los aficionados al mundo de las subastas no se limitan al momento de adquirir una pieza auténtica y extraña. Una de las compras más curiosas y también; más costosas fue la de un condón de 200 años de antigüedad.
Todo comenzó con 1 euro, ese fue el precio inicial del preservativo que mide 19 centímetros; elaborado a base de intestino de oveja. Solo las personas pudientes tenían acceso a él. Lo diseñaron desde el siglo XVIII hasta el XX. A pesar de haber sido fabricado hace doscientos años aún estaba bien conservado.
Luego de difundirse la curiosa historia de este condón. El interés de quienes participaban en la puja se aceleró. Al punto que su valor se elevó a € 600. Esta exorbitante suma la canceló un subastador de Ámsterdam, capital de Países Bajos a su vendedor, un ciudadano de origen francés.
Los expertos no le daban más de 300 euros, ese era el monto máximo que suponía al que llegaría. Sin embargo fueron los 38 participantes del evento los encargados en superar esa cifra cada vez que ofrecían dinero por él.
¿Por qué es tan extraño el preservativo?
Sus dos siglos de existencia no son su único atractivo, su sorprendente tamaño de 19 centímetros; lo hacía más curioso para quienes participaron en la subasta. En la actualidad los preservativos miden máximo 18 centímetros.
Era tan costoso que solo podían comprarlo quienes formaban parte de la realeza; pero esto cambió con el paso del tiempo, cuando comenzó a fabricarse el preservativo de caucho, se abarató su costo y muchos pudieron adquirirlo. Los condones continúan siendo el método más seguro para prevenir enfermedades por transmisión sexual.
En aquella época, los pocos que tenían acceso a este peculiar condón; debían sumergirlo en leche templada antes de utilizarlo para prevenir cualquier tipo de enfermedad. Los responsables en concretar la negociación fue la casa de subastas online más destacada de Europa, Catawiki.
ACN/Culturizando
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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