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Cómo hacer para avivar el deseo sexual

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Deseo sexual
Reconocer el problema es el primer paso.
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El deseo sexual es un tema ampliamente conocido; pero no todos se atreven a reconocer cuando su apetito para hacer el amor es bajo. Ese es el principal paso para devolver en ti esa pasión tan importante en una relación sentimental.

Estos son los pasos que te ayudarán:

Como en todo problema interno, reconocerlo es la primera etapa para iniciar un verdadero proceso de cambio. Evitar hablar de ello o simplemente hacer como si nada estuviese sucediendo es el peor enemigo a enfrentar.

Es difícil admitir nuestras dificultades y más aún si se trata de sexo; pero si es posible derribar este tabú. Por eso evadir entrar a la habitación o permanecer más tiempo de lo habitual fuera de la casa para escapar del momento íntimo, es lo menos aconsejable.

Una vez que hemos reconocido la inapetencia sexual, llegó el momento de actuar para encontrar los correctivos. ¿Qué me sucede? ¿Cuál es la causa? El estrés, inestable relación de pareja, fallidos encuentros sexuales; inseguridad desencadenada por baja autoestima; se presentan como los factores que sabotean el apetito sexual. Sin embargo, acudir a un terapeuta sexual para una orientación profesional; es lo recomendable en estos casos.

Deseo sexual en marcha

Para comenzar, los expertos en la materia aconsejan, nuevas técnicas, pautas y hábitos que ayuden a contrarrestar; hasta desechar por completo la falta de deseo. El estrés aparece, en muchos casos, como el motivo principal; si ese es tu caso es bueno evaluar para realizar los ajustes necesarios que contribuyan a descartar lo que ocasiona esta presión. Los ejercicios de relajación y aprender a desconectarse, ayudan en gran medida.

En esta terapia, la pareja juega un factor fundamental, es decir, su actitud, comentarios y necesidades son determinantes; pues puede motivar o desmotivar a quien necesita de su apoyo. En ello radica la importancia de asistir juntos a la terapia.

Hay que tener como principal punto de partida que el deseo sexual es mucho más que atracción física; se trata de un asunto mental, el factor protagonista. Por eso la confianza, conversar sobre qué te afecta, es necesario si se quiere avivar la llama.

ACN/La Vanguardia

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El pesebre y su leyenda

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El Pesebre y su leyenda: Por Francisco Mayorga.- El pesebre lo inventó San Francisco de Asís, el santo de la humildad y de la pobreza;  en la Navidad de 1223, hace casi 800 años, en el pueblecito de Greccio, en Italia.

El santo estaba débil y enfermo, y pensando que tal vez aquella sería su última Navidad en la tierra;  quiso celebrarla de una manera distinta y muy especial. Un amigo de nombre Juan Velita, era dueño de un pequeño bosque en las montañas de Greccio;  y en el bosque había una gruta que a Francisco se le parecía mucho;  a la cuevita donde nació Jesús, en los campos de Belén;  y que él había conocido hacía poco en su viaje a Tierra Santa.

Francisco habló con su amigo, le contó su idea de hacer allí un “pesebre vivo”;  y juntos lo prepararon todo, en secreto, para que fuera una sorpresa;  para los habitantes del pueblo, niños y grandes.

Entre la gente del pueblo, Francisco y Juan escogieron algunas personas;  para que representaran a María, a José, y a los pastores; les hicieron prometer que no dirían nada a nadie antes de la Navidad;  y, siguiendo el relato del Evangelio de San Lucas, prepararon la escena del nacimiento. ¡Hasta consiguieron un hermoso bebé para que representara a Jesús!

La sorpresa de Navidad

La noche de Navidad, cuando todas las familias estaban reunidas en sus casas, las campanas de la iglesia empezaron a tocar solas…  ¡Tocaban y tocaban como si hubiera una celebración especial!… Pero nadie sabía qué estaba pasando… El Párroco del pueblo no había dicho que fuera a celebrar la  Misa del Gallo… la Misa de Medianoche….

Sorprendidos y asustados a la vez, todos los habitantes de Greccio salieron de sus casas para ver qué estaba sucediendo… Entonces vieron a Francisco que desde la montaña los llamaba, y les indicaba que subieran donde él estaba.

Alumbrándose con antorchas, porque la noche estaba muy oscura y hacía mucho frío, todos se dirigieron al lugar indicado, y cuando llegaron quedaron tan admirados, que cayeron de rodillas, porque estaban viendo algo que nunca habían pensado poder ver. Era como si el tiempo hubiera retrocedido muchos, muchos años, y se encontraran en Belén, celebrando la primera Navidad de la historia: María tenía a Jesús en sus brazos, y José, muy entusiasmado, conversaba con un grupo de pastores y pastoras, que no se cansaban de admirar al niño que había acabado de nacer…

Después, cuando todos se calmaron, el sacerdote, que había sido cómplice de Francisco y de Juan Velita en aquel secreto, celebró la Santa Misa, y Jesús se hizo presente en el Pan y el Vino consagrados, como pasa siempre que se celebra una Misa en cualquier lugar del mundo.

Terminada la Eucaristía, Francisco, lleno de amor y de alegría, les contó a todos los presentes, con lujo de detalles, la hermosa historia de la Navidad, y Jesús, “luz del mundo”, llenó sus corazones de paz y de amor.

Tres años más tarde, Francisco de Asís murió, dejándonos esta hermosa costumbre de hacer el pesebre todos los años, que a todos nos gusta tanto.

ACN/fm

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