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César Burguera: El diálogo y el atormentante tic, tac del reloj

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El aguardado diálogo

Para el próximo miércoles 15, en tierras quisqueyanas se retomarán las fluidas y dinámicas conversaciones entre el sector gubernamental con el sector que representa la alicaída  oposición para sellar de manera definitiva los diferentes acuerdos que avalen y garanticen la debida convivencia y la paz que reclama nuestra nación. El principal representante del sector oficial y recientemente designado como titular del despacho de Comunicación e Información, Jorge Rodríguez, adelantaba en pasados días, a manera de estimulante primicia, que producto del emprendedor diálogo se ha llegado a la impecable redacción de un documento contentivo de los acuerdos y logros alcanzados y que será suscrito por cada una de las partes, que nunca cesaron a través de numerosas e interminables reuniones en la inagotable búsqueda de aquellos puntos de coincidencia y de necesario encuentro. El flamante vocero de la oposición y elevado dirigente de VP, Luis Florido, ratificaba, con cierto rasgo de satisfacción, cada una de las afirmaciones realizadas por Jorge Rodríguez, llegando a asegurar que el próximo miércoles estará puntualmente en la República Dominicana. Como nuevo coordinador nacional de VP, ante la cobarde huida del otrora combativo y envalentonado Freddy Guevara, principal instigador durante convulsos meses del odio, la violencia y la muerte, Luis Florido asume la jefatura del equipo de negociación y señala de manera categórica: “Allí estaremos, Quisqueya nos espera”.

El eficiente CNE

La débil excusa presentada por una frustrada dirigencia opositora en el sentido de  señalar que no presentarían candidatos ni aspirantes para los próximos comicios municipales, ya que  el CNE no les proporciona la debida credibilidad, alegando en preocupante grado de desesperación que los procesos no exhiben ninguna característica para ser considerados como cristalinos y que la mayoría de la directiva del CNE se encuentra parcializada. Lo extraño y ocurrente es que tales vicios nunca fueron observados en el pasado reciente por la melancólica dirigencia opositora, ya que éste es el mismo CNE que supervisó el proceso de renovación de las diferentes estructuras partidistas. Más de cuarenta partidos políticos de oposición se agolpaban a las puertas del máximo órgano comicial con el desesperado anhelo de que les fuera recibida su emocionada solicitud de renovarse. La memoria corta de la oposición parece haber abandonado aquel recuerdo de la victoria en las elecciones parlamentarias de 2015, los irrefutables resultados fueron anunciados a todo un país por el actual CNE. En medio de la aventura sediciosa del presente año, ante el inaceptable arrebato de los violentos quienes bajo el miserable ropaje de radicales cubrieron de luto a todo el territorio nacional, el actual CNE convocaba a elecciones regionales y presentaba un elaborado cronograma electoral que se iniciaba con el lapso de postulaciones, las cuales fueron recibidas con algarabía, regocijo y emoción por la hoy olvidadiza dirigencia opositora, quienes se prodigaron en todas las entidades federales para orgullosamente presentar sus conmovidos abanderados. Los devastadores resultados del 15-O trajeron consigo la desmoralización y con ella el resquebrajado argumento de que no estaban dadas las condiciones para la participación en los municipales comicios decembrinos. Saben de la inevitable derrota en los más importantes municipios del país y tendrán que observar, con la amarga mezcla de impotencia y resignación, cómo el mapa político  adquirirá la encendida tonalidad de color rojo.

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Sin embargo, se empiezan a escuchar voces que anuncian la participación el venidero año en las elecciones presidenciales, hablan, hasta con cierta ironía y desparpajo, de la pronta realización de primarias donde se dirimirá el nombre del candidato opositor. Allí surge nuestro sincero consejo, la obligatoria advertencia, las elecciones presidenciales de 2018 serán dirigidas y organizadas por el actual CNE, el mismo que hoy señala que no proporciona las básicas condiciones para la participación.

Cocchiola en su laberinto

En la noche de aquel demoledor 15-O, se le acercaba de manera prudente y silenciosa a Miguel Cocchiola uno de sus pocos e incondicionales asesores, quien se atrevía a señalarle: “Miguel, ha llegado la hora del retiro, es el preciso momento de colocarnos al margen, la reelección es inalcanzable”. Cocchiola con mirada extraviada llegaba a aceptar la conmovida sugerencia y procedía a realizar un raudo recuento de lo que representó su gestión como regidor de Valencia, por su memoria transitaron ingratos e incómodos eventos, la perenne y sostenida inconsecuencia de cuatro ediles que decían comulgar con las luchas opositoras. Sin embargo, volvieron a aparecer los porcinos e insaciables rostros, los siempre Cocchinitos cargando en sus pesadas y abarrotadas alforjas la desmedida codicia. Le hablaban a un  ingenuo Cocchiola de esperanzas y expectativas electorales, que su deber ciudadano era postularse para seguir dirigiendo el ayuntamiento. Miguel Cocchiola reincidía en el hecho de ser mansa víctima de los verdugos que volvieron añicos su tránsito gubernamental. Después de su formal inscripción retornaba la recurrente pesadilla y tormento. Es dramáticamente observar cómo un candidato venido de las filas revolucionarias como Alejandro Marvez, futuro alcalde de Valencia, se multiplica en las numerosas colectividades, llevando no solo un mensaje de esperanza, sino que proporciona la solución a los básicos problemas que aquejan al común. Es aceptar calladamente cómo los principales partidos opositores como AD, PJ, VP, que juraron no participar en los comicios municipales, alistan y preparan sus respectivas maquinarias para estimular la candidatura de Carlos Lozano. Finalmente se escuchan autorizadas voces venidas desde los predios opositores, como Armando Amengual, quien haciendo gala de sus aventajados conocimientos sobre las especies marinas, algunas de ellas en vía de extinción, llegaba a colocar en sus redes sociales el ocurrente mensaje “Según las cuentas falsas de la pecera de @miguelcocchiola, no habrá abstención y él será reelecto. No se puede tapar el sol con un pescado”.

La nerviosa rendición 

Tal vez el demoledor señalamiento de Amengual sobre las voraces y glotonas criaturas marinas haya desencadenado una verdadera estampida de funcionarios con cargos de dirección para eximirse en el futuro de penales responsabilidades. Es observar impávidos cómo miembros del tren ejecutivo municipal se prodigan en halagos hacia el próximo regidor de Valencia, Alejandro Marvez, por el hecho de haber asumido la labor de darle oportuna respuesta al reclamo y exigencia popular. Es tener la sensación de que la capitulación está sellada. Los porcinos tratan de buscar el acercamiento con la futura administración municipal bajo el despreciable argumento de que solo fueron sumisas fichas o limitados funcionarios del alcalde en condición de salida, que tan solo cumplían con la obligación de ejercer sus estrictas órdenes y llegan a ofrecer que proporcionarán información sobre supuestas irregularidades cometidas bajo el conocimiento y permisividad de Miguel Cocchiola. Es abandono y traición, es deslealtad e ingratitud. Por ello en diciembre se abre un nuevo ciclo para nuestra ciudad. Alejandro Marvez asumirá la conducción de Valencia y su único compromiso estriba en escuchar y darles solución a los problemas que aquejan a ese habitante literalmente abandonado en los últimos 4 años. Observamos al terco y vetusto reloj que rigurosamente nos advierte sobre el inexorable tránsito del tiempo. A Valencia parece haberle llegado la aguardada hora. Tic tac, tic tac. Y ésa es la verdad.

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Cocchiola

Enlodado, solo y traicionado

En 2013 se iniciaba su gestión. Se proclamaba 100% Valencia. Meses después aparecieron los grisáceos personajes con voraz apetito y desmedida codicia. Lo colmaron todo. Eran los porcinos que apartaron a Cocchiola de sus prioritarias e intransferibles labores. Tomaron control de la alcaldía y las intenciones e iniciativas del regidor fueron descartadas y relegado insolentemente a un obligatorio retiro. Ante lo inminente Cocchiola camina con la soledad y el arrepentimiento a cuestas. Los ediles opositores piden perdón y de rodillas por haber elegido a Miguel Cocchiola y preparan sus maquinarias para apoyar a Carlos Lozano. Los porcinos y altos directores del ayuntamiento manifiestan su respaldo al futuro alcalde, Alejandro Marvez, y buscan de manera desesperada cualquier acercamiento, con la ilusa idea de que condonará sus culpas y pecados. Los enlodados porcinos hablan de que tan solo fungieron de asalariados y sumisos funcionarios, obligados a acometer las ilícitas tareas que ordenaba Miguel Cocchiola. Prometen entregar información en voluminosas carpetas La traición está consumada. Miguel ante la ingratitud y abandono prefiere rendirse. Llega la capitulación.

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Entre la impunidad y el odio

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Entre la impunidad y el odio la absurda muerte de Nelson Martínez: Por Rafael Ramírez.- El pasado 12 de diciembre murió Nelson Martínez, trabajador de PDVSA, compañero de luchas durante diez años, ex mnistro de Petróleo, presidente de PDVSA y de Citgo. Su deceso ocurrió mientras estaba en cautiverio, retenido desde hacía un año por el gobierno, secuestrado sin que se supiera de qué delito se le acusaba. Su partida es un hecho triste y que lamentamos profundamente.

Lo primero que quiero es expresar mis más sentidas condolencias a su esposa, hijas, hijo y a todos sus amigos y seres queridos por tan irreparable e injusta pérdida.

Aunque la muerte de un ser humano siempre es lamentable, en esta ocasión se trata, además, de un hecho injusto, producto de la crueldad y ensañamiento con que actuaron sus captores.

Desde el mismo momento de su detención, rodeada de un operativo policial desmedido hecho para las cámaras de la televisora del Estado, expuesto al escarnio público, por el fiscal general que juzgó y condenó a Nelson sin siquiera presumir su inocencia, ni tener un mínimo de consideración o equilibrio en su actuación.

A partir de allí, vino el linchamiento en los medios y redes sociales que controla el gobierno, donde se vilipendió su nombre y reputación. Convirtieron así a, Nelson en uno de los “trofeos” más preciados de Maduro y su fiscal, cuya vendetta irracional de ambos en contra de PDVSA, tiene más de 100 trabajadores secuestrados en las prisiones del gobierno sin derecho a la defensa y con sus derechos constitucionales conculcados al permanecer recluidos en una situación de aislamiento y maltrato que nadie merece. Otros muchos hemos sido perseguidos con saña, cuya consecuencia ha sido la destrucción de la empresa.

Conocí a Nelson Martínez hace un poco más de 16 años cuando, como miembro de la Junta Directiva de PDVSA presidida por el profesor Gastón Parra, nos reuníamos clandestinamente en el hotel El Conde, junto con otros trabajadores patriotas, para planificar acciones en defensa de la industria ante el desconocimiento de dicha Junta Directiva nombrada por el gobierno bolivariano por la “meritocracia” petrolera. Era 2002, año de intolerancia y violencia, del Golpe de Estado y del Sabotaje Petrolero.

Cuando comenzó el Sabotaje Petrolero en diciembre de 2002, y ya nosotros iniciábamos la contra ofensiva ordenada por el presidente Chávez, Nelson fue uno de los pocos que estaba allí, con nosotros, dispuesto a asumir la posición que le correspondiera para derrotar este artero ataque contra la patria.

Eran momentos de grandeza y heroísmo, donde cada uno se movilizaba, junto con los trabajadores y el pueblo, para defender el frente que le correspondiera sorteando la violencia, la intimidación y el accionar de los saboteadores para llevar dirección, conocimiento y acompañar a los trabajadores y al pueblo que, finalmente, derrotaron a la autoproclamada y soberbia “meritocracia” petrolera para, de esa manera, crear la Nueva PDVSA y poner el petróleo al servicio del pueblo.

Siempre lo conocí como un hombre de origen humilde, con una sólida formación técnica y credenciales académicas, que lo convertían en un profesional con densidad, una amplia experiencia y capacidad de trabajo. Así eran nuestros gerentes patriotas, hombres de conocimiento técnico y firmes principios éticos-políticos.

Establecimos una buena amistad desarrollada en el trabajo en conjunto, basada en el compañerismo y respeto, la solidaridad y el profundo sentimiento patrio que nos movilizaba. A pesar de todos sus grados y títulos, era un hombre de trato humano, sencillo, quien, con facilidad natural, era capaz de tomar decisiones complejas e interactuar con nuestros trabajadores y el pueblo sin prepotencia ni maltratos de ningún tipo.

Ocupó en esos momentos de consolidación de la Nueva PDVSA importantes posiciones de dirección de la empresa en el oriente del país, presidió nuestra filial PDVSA Gas, lo postulé y fue nombrado por el presidente Chávez miembro de la Junta Directiva de PDVSA, ocupó diversos cargos de dirección de la empresa y en el exterior, responsable de PDVSA América, con sede en Argentina, hasta que lo nombramos presidente de CITGO.

Teníamos una buena amistad y suficiente confianza para abordar cualquier tema, pudimos actuar de manera precisa. Cuando conocimos de sus problemas cardíacos, lo apoyamos solidariamente para realizar su operación del corazón, una intervención compleja, de la que quedó muy bien y con la cual podría haber sobrevivido muchos más años, siempre que tuviese los cuidados y medicamentos correspondientes, como es normal en esa situación. Era un hombre joven.

Luego de la muerte del Comandante Chávez, Maduro inició las maniobras para cambiar la conducción de PDVSA con el objetivo de tenerla bajo su control, con otro equipo, otra orientación. Me enteré de estas maniobras por el mismo Nelson, quien me llamó para informarme que desde la Dirección del Despacho de Maduro lo llamaban a CITGO para que viniera a reunirse a Miraflores, por supuesto a mis espaldas.

Me dí cuenta que el madurismo conspiraba contra mi posición como presidente de PDVSA, cosa que me parecía insólita e irresponsable, no sólo porque el presidente Chávez no se había planteado para nada asignarme un destino diferente, como lo dijo a viva voz, tres veces durante su campaña electoral, sino porque era evidente que, desde el mismo 2013, el país enfrentaba un proceso de desestabilización política, pero, a la vez, había advertido que nuestra economía entraba en un período de inestabilidad, básicamente por la desaparición física del presidente Chávez. De manera que era necesario decidir un conjunto de medidas económicas que era impostergable asumir y un mercado petrolero marcado a la baja de los precios.

El mismo día de su primer mensaje al país, horas antes de su alocución, tuve una reunión con Maduro en su residencia, donde me manifestó su intención de “refrescar PDVSA”, es decir, que le entregara la conducción de la empresa y del Ministerio.

Era una meta que tenía fija hacía tiempo, eran sus planes de controlar todos los espacios del gobierno y del Estado. Yo le dije que no lo aceptaba. Le recordé que esa era la agenda del candidato de la oposición y le advertí sobre los severos problemas económicos que ya se comenzaban a manifestar. Le insistí en que la estabilidad de PDVSA era clave para salir de la coyuntura.

Ya avanzada la conversación, me confiesa que había pensado en Nelson para presidente de PDVSA y en Asdrúbal Chávez como ministro de Petróleo. Recuerdo que le dije “vas a matar a Nelson”, aunque tenía todos los créditos técnicos y gerenciales para dirigir la empresa, se necesitaba además un peso político específico y una intensa actividad, muy exigente, que acabaría con la salud de cualquiera.

Yo sabía que era cuestión de tiempo que Maduro materializara su decisión, por lo cual lo comuniqué a los miembros de la Junta Directiva para que estuviesen preparados. Se desató una campaña muy fuerte en mi contra, donde los factores del madurismo y sus agentes económicos hicieron guerra sucia y de rumores en las redes y, valiéndose de palangristas, trataban de dividirnos, lo cual lograron finalmente. Nos distanciaron.

Cuando se produce el llamado “sacudón”, invento de Maduro para intervenir PDVSA, se designa a Eulogio Del Pino como presidente y a Asdrúbal Chávez como ministro. Era evidente que Nelson no contaba con el apoyo de los otros factores políticos del madurismo.

Cuando ya estaba en Nueva York como embajador ante la ONU, tuvimos la oportunidad de reunirme con Nelsonen mi despacho. Fue una conversación sincera, entre amigos, aclaramos nuestras diferencias, desentrañamos juntos toda la trama de manipulaciones y , mentiras, y las presiones que hizo el madurismo para utilizar a Nelson como cabeza de una conspiración que él nunca tuvo en sus intenciones, ni en su mente, sino en la de Maduro. Éste, después, ni siquiera lo promovió como presidente de la empresa.

A partir de allí, Nelson y yo restablecimos nuestros contactos y siempre conté con su apoyo. De hecho, era el único que me apoyaba. Cuando lo nombraron ministro de Petróleo, tuvimos una larga conversación telefónica donde, además de felicitarlo y ponerme a su orden, le daba datos importantes de los problemas de la empresa, los problemas de producción, los retos en la OPEP. Teníamos un número para conversar hasta que lo hicieron preso.

Cuando nombraron al General Quevedo como ministro y presidente de PDVSA, era claro para mí que finalmente se había impuesto un poderoso grupo de poder y que, tanto Nelson como Eulogio, estaban en inminente peligro de sufrir una agresión.

Obviamente Maduro, después de interferir e intervenir todos los procesos de PDVSA, colocar sus piezas políticas en puestos claves, nombrar sucesivas Juntas Directivas compuestas por factores del madurismo, sin formación ni preparación alguna, con el colapso de la empresa, tendría que buscar unos “chivos expiatorios” a quienes culpar de su propia incompetencia, a quienes responsabilizar por su propio fracaso en la conducción de PDVSA.

Estos chivos expiatorios serían Nelson y Eulogio. Los enemigos perfectos, sin apoyo político de ningún tipo, hombres de trabajo, técnicos que nunca supieron cómo moverse en ese “nido de alacranes” del madurismo, de la política con “p” minúscula.

Maduro ordenó ambos arrestos y que los cuerpos de inteligencia actuaran de manera desproporcionada; ordenó que las detenciones injustas se transmitieran por televisión para que Nelson y Eulogio aparecieran esposados y expuestos, y el locutor oficial ya tenía un libreto de linchamiento.

Maduro ordenó al Fiscal que hiciese sus infelices declaraciones, en su despliegue teatral y patético de siempre. Maduro necesitaba verter su odio contra ellos y lo hizo con saña. Ningunos de los actores involucrados en ese día de la vergüenza actuaría así por su cuenta.

Maduro utiliza el argumento de la lucha contra la corrupción, enloda y vilipendia el nombre y reputación de sus trabajadores, sin mostrar una sola prueba. Nelson murió sin saber de qué se le acusaba, no hubo juicio, no hubo derecho a la defensa, nunca se le dió la oportunidad de aclarar nada. De manera absolutamente arbitraria e ilegal, , Maduro actúa como un dictador al que aplauden sólo sus cómplices.

Como siempre, nadie del gobierno ni del PSUV dijo nada. Nadie levantó la mano, nadie intercedió. Sólo murmuran, todos actuaron cobardemente, incluyendo los trabajadores petroleros, desmovilizados, aterrorizados ante las imágenes.

Para mí fue muy triste ver a estos dos compañeros, héroes de la derrota del Sabotaje Petrolero, humillados y vilipendiados de esa manera, y recordar que se los había dicho tantas veces: la saña de Maduro no es sólo en mi contra, es en contra de todos ustedes, en contra de los trabajadores de PDVSA: él necesita barrer al chavismo de la empresa, aterrorizarla, para luego hacer con ella lo que le dé la gana. Ellos tienen una visión distinta a la nuestra, con Maduro en el poder, no puede existir la PDVSA de Chávez, la del pueblo.

Tal vez el error de ambos compañeros fue aceptar responsabilidades de organizaciones que no controlaban, sino que controla directamente Maduro o cualquiera de su entorno; incluso, que controlan los grupos económicos que se han favorecido con la entrega, la rebatiña que hay en PDVSA.

Siempre nuestros trabajadores son manipulados con el llamado a la debida “lealtad” al gobierno. Ésto es así, en la medida que el gobierno sea leal al Pueblo y a los objetivos del Plan de la Patria. Esta crisis es una lección para todos: a este gobierno no le interesa para nada la suerte de PDVSA, sus trabajadores, ni los más sagrados intereses de la Patria. El Plan de ellos es entregar el petróleo y, para hacerlo, necesitan destruir a PDVSA.

 

El ensañamiento contra Nelson fue brutal, cruel. Ocurre exactamente lo mismo contra el resto de trabajadores de PDVSA. Sufren maltratos, aislamiento, se violan sus derechos constitucionales, no les importa que mueran en cautiverio, no son capaces de obtener ningún beneficio procesal, así tengan enfermedades crónicas o críticas, así intenten suicidarse, son secuestrados políticos, presos políticos Chavistas, acusados de corrupción, porque el madurismo no puede admitir que existe un chavismo chavista que le hace frente, que no está dispuesto a cumplir su programa de entrega. Maduro usa el argumento de la corrupción, así como usa otros, como la conspiración, guerra económica o invasión, porque jamás va a reconocer que ha fracasado, porque también PDVSA le quedó grande.

A Nelson lo dejaron morir en cautiverio. Lo mataron: sabiendo que era un hombre con una condición cardíaca compleja, tal y como lo alertaron sus familiares y abogados una y otra vez a la Fiscalía, no “le dio la gana” a Maduro darle casa por cárcel, como ha hecho con decenas de opositores en sus negociaciones políticas.

A Nelson lo MATARON porque una vez que se infectó su dispositivo cardíaco y le colapsaron sus órganos vitales, fue sólo entonces que lo trasladaron al Hospital Militar. No le suministraron antibióticos, ni permitieron que sus médicos lo vieran, a pesar de los ruegos de la familia, ni le completaron las sesiones dediálisis. Cuando entró en coma, los familiares pidieron llevarlo a casa a que muriera allí y no quisieron. Actuaron inhumanamente, cruelmente.

Una vez que Nelson falleció, vino el silencio de la impunidad. El fiscal, en un acto de cinismo, emitió un comunicado afirmando que Nelson recibió todas las atenciones debidas. Mentirosos. El fiscal, si le quedase algo de vergüenza debería renunciar.

Con Nelson ya son cinco prisioneros políticos que mueren bajo custodia del gobierno que,de acuerdo a la Constitución, es responsable de sus vidas e integridad física. Pero también murieron más de 67 presos comunes quemados vivos; volaron con un cohete a un grupo de hombres rendidos; lanzaron desde el piso 10 del Sebin a un prisionero, verdad que fiscal niega y hasta amenaza a quien contradiga su tesis del suicidio. No sólo debe renunciar sino que es responsable, igual que Maduro, de estas muertes y ensañamientos, de estas violaciones gravísimas de los derechos humanos.

Los defensores de los derechos humanos guardan silencio cuando se trata de presos o muertos del chavismo. Es como si no existieran los más de 100 trabajadores petroleros secuestrados por el gobierno, o los oficiales militares en prisión, o los políticos chavistas disidentes de Maduro en prisión. Así es la intolerancia y sectarismo de la oposición, no les importan. Pero al PSUV tampoco, ni a los dirigentes del gobierno, ni a las otrora voces valientes en contra de la violación de los derechos humanos. No entienden que su silencio, su miedo a decir nada, abre las puertas de la impunidad; permite y estimula que se sigan violando los derechos humanos de esta forma.

Yo lamento profundamente el dolor de los familiares y seres queridos de Nelson. Mi respeto y solidaridad a todos. Si estuviese en Venezuela, hubiese corrido su misma suerte como secuestrado político de este gobierno igual que tantos compañeros. Por eso, debo mantener mi voz en alto, denunciar este crimen, es mi deber hacerlo, por él, por nuestra amistad, su trayectoria, sus aportes a este difícil proceso de construir una sociedad más justa. Y también lo hago por todos los que están secuestrados, sus familias, sus vidas. Quien no se indigne ante este crimen y esta terrible injusticia cometida contra Nelson, entonces debe revisarse el alma. Paz a sus restos.

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