Economía
Venezolanos apuntan al dólar como principal preocupación
Venezolanos apuntan al dólar como principal preocupación. Mientras el Gobierno de Nicolás Maduro mantiene un tono de alerta frente a las advertencias del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre posibles acciones militares en Venezuela, en las calles el tema se percibe con distancia.
Para buena parte de los ciudadanos, el foco sigue siendo la inflación y el encarecimiento del dólar, factores que continúan deteriorando su capacidad de compra.
En zonas comerciales de Caracas, como el mercado de Quinta Crespo, comerciantes y consumidores coinciden en que un eventual ataque o intervención militar luce improbable. Lo que sí consideran urgente es el alza sostenida del tipo de cambio y el impacto inmediato sobre los precios de los alimentos.
Según relatan vendedores del mercado, la actividad comercial ha disminuido en medio de incrementos diarios de precios. Un kilo de pollo puede costar hasta cuatro veces el salario mínimo mensual, mientras que los bonos entregados por el Gobierno no compensan la pérdida de poder adquisitivo.
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Venezolanos apuntan al dólar como principal preocupación
Aunque el discurso oficial advierte sobre la amenaza externa, entre los ciudadanos predomina el escepticismo. Algunos señalan que las tensiones con Estados Unidos generan incertidumbre, pero no modifican de forma significativa su rutina. Otros reconocen preocupación, pero afirman que el nivel de ingresos y la inflación representan un problema más inmediato que la retórica política.
En el contexto social, también persiste la cautela al expresar opiniones políticas, tras las detenciones registradas luego de las protestas posteriores a las elecciones presidenciales de 2024. Sin embargo, más allá del clima político, la atención pública sigue centrada en el deterioro del poder de compra y la dificultad para cubrir los gastos básicos.
“Nos está comiendo la inflación”
Al mediodía, en un transitado bulevar del este de Caracas, la rutina avanza sin mayores alteraciones. Entre vendedores informales y transeúntes que se desplazan con prisa, las tensiones políticas entre Venezuela y Estados Unidos apenas ocupan un espacio secundario en la conversación cotidiana.
Javier Jaramillo, de 57 años, recorre el lugar en busca de mercancía para revender durante la temporada navideña. Aunque está atento a los reportes sobre el portaaviones estadounidense desplegado en el Caribe, considera improbable un ataque militar. A su juicio, “lo más probable es que todo derive en algún tipo de diálogo o acuerdo”.
Reconoce, sin embargo, que los frecuentes cortes eléctricos han generado inquietud. “A veces uno piensa ‘ya se metieron’ o ‘se van a meter’, pero queda en eso”, comenta. Su preocupación principal sigue siendo el costo de la vida.
“Nos está comiendo la inflación; aquí no hay dinero que valga, ni dolar ni euro”, afirma, al describir el deterioro de su capacidad de compra. Explica que, como muchos venezolanos, atraviesa dificultades económicas y aspira a que se alcance una solución política que permita alguna estabilidad. “Soy un venezolano que está pasando necesidad, y lo que queremos es que haya un arreglo”, resume.
Mientras Washington mantiene su despliegue militar en el Caribe y Caracas denuncia amenazas externas, en las calles de la capital las prioridades se mantienen ancladas al día a día: la inflación, los precios de los alimentos y la incertidumbre sobre el ingreso.
ACN/Finanza Digital/BBC Mundo
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Economía
Terremotos cambian el panorama económico de Venezuela: entre inflación y estancamiento
Terremotos cambian panorama económico de Venezuela. El doble terremoto que sacudió el norte del país el pasado 24 de junio alteró las expectativas económicas que el país tenía para el cierre de 2026.
Antes de la emergencia, los pronósticos apuntaban a un año de mayor dinamismo, impulsado por el aumento de la producción petrolera, una mayor apertura de los mercados internacionales y la flexibilización parcial de algunas sanciones estadounidenses.
Pero el escenario cambió. Para Daniel Lahoud, economista e investigador del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), la economía venezolana podría enfrentar ahora un período de estancamiento como consecuencia del esfuerzo financiero que exigirá la reconstrucción de las zonas afectadas.
“Probablemente en el año haya, en el mejor de los casos, un crecimiento cero del Producto Interno Bruto. Y en el peor, una caída que pudiera ser del dos o tres por ciento”, señala.
Terremotos cambian panorama económico de Venezuela: Del crecimiento esperado al desafío de reconstruir
Las estimaciones sobre el impacto económico de los terremotos varían considerablemente.
La Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) calculó que los daños podrían alcanzar los US$37.000 millones, una cifra equivalente a cerca de un tercio del Producto Interno Bruto venezolano.
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), por su parte, ubicó las pérdidas económicas en alrededor de US$6.700 millones, entre 6% y 7% del PIB.
Lahoud considera que esos cálculos podrían estar sobredimensionados y estima que el costo real de la reconstrucción estaría más cerca de los US$4.000 millones.
“La cifra que estima la ONU luce exagerada. Un cálculo más honesto estaría por ese orden, que sería lo que el gobierno necesitaría para reconstruir las localidades afectadas”, afirma.
A su juicio, aunque el estado La Guaira fue una de las regiones más golpeadas, su peso económico no justificaría una pérdida equivalente a varios puntos del PIB nacional.
El petróleo evita un golpe mayor
Uno de los elementos que podría limitar el impacto económico del desastre es que la infraestructura petrolera no sufrió daños estructurales significativos.
La industria petrolera continúa siendo el principal motor de generación de ingresos externos para Venezuela y, según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la producción venezolana cerró junio en alrededor de 1,07 millones de barriles diarios, sin cambios importantes frente al mes anterior.
Para Lahoud, esta situación permite que el país mantenga una fuente de ingresos mientras enfrenta la reconstrucción.
Sin embargo, advierte que el problema estará en la distribución de esos recursos: cuánto dinero podrá dirigirse a reparar viviendas, infraestructura y servicios sin afectar otros sectores de la economía.
La reconstrucción como oportunidad económica
Aunque el terremoto representa un golpe inmediato, el economista considera que la reconstrucción podría convertirse también en un factor de dinamización económica si se gestiona adecuadamente.
La reparación de viviendas, infraestructura pública y edificios privados podría impulsar sectores como construcción, materiales y servicios asociados.
Solo en La Guaira, una de las entidades más afectadas, al menos 158 edificios resultaron destruidos o severamente afectados. Según estimaciones de Anova Policy Research, sustituir o reconstruir esas estructuras podría requerir alrededor de US$2.370 millones.
Para Lahoud, la magnitud del desafío obliga a replantear el papel del Estado y abrir mayor espacio al sector privado.
“La mejor medida sería dejar la recuperación en manos de la empresa privada, para evitar que el gasto público siga aumentando”, sostiene.
El dilema del financiamiento
El economista considera que Venezuela necesitará recurrir a financiamiento internacional para afrontar la emergencia, aunque reconoce que la situación de la deuda externa limita esa posibilidad.
Actualmente, el país permanece en mora con buena parte de sus acreedores, lo que dificulta el acceso tradicional a los mercados financieros.
Lahoud estima que la deuda externa venezolana ronda los US$170.000 millones, incluyendo bonos, deuda flotante, compromisos con organismos multilaterales y otros pasivos.
Por ello, considera que cualquier plan de reconstrucción deberá ir acompañado de una estrategia para reorganizar las obligaciones financieras del país.
“La deuda no puede ser el primer problema que se atienda. Antes están los servicios públicos, la reconstrucción y la definición de una política económica”, concluye.
ACN/MAS/Finanzas Digital/El Ucabista
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