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Vuela alto el poeta moderno William Stanley Merwin

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El prolífico y versátil maestro de la poesía moderna  William Stanley Merwin; murió a los 91 años, mientras dormía en su casa ubicada en la isla hawaiana de «Maui» EE.UU. Merwin, desarrolló su carrera en un amplio rango de estilos en los que celebró la naturaleza; condenó la guerra y la industrialización. Además, trató de alcanzar el elusivo pasado.

El autor de «The Carrier of Ladder», rechazó recibir el premio Pulitzer en 1971, para luego ganarlo en 2009. Durante su carrera, creó junto a su esposa, la editorial Canyon Press y The Merwin Conservancy; una organización sin fines de lucro.

El expoeta laureado de Estados Unidos, fue autor de más de 20 libros y uno de los poetas más destacados por décadas; desde sus primeras obras inspiradas en mitos y leyendas, a sus meditaciones más recientes sobre la edad y el tiempo.

Rima, verso libre y El Pulitzer

Escribió rima y verso libre, así como un libro en verso sobre el colonialismo y el nacimiento del Hawaii moderno. Al igual que su héroe Henry David Thoreau; lo inspiraban por igual la reverencia hacia el planeta y la furia contra la injusticia. «Es un artista con un perfil espiritual muy claro; así como una coherencia intelectual y moral que englobaban su vida y su obra»; dijo alguna vez su colega poeta Edward Hirsch.

Merwin recibió prácticamente, cada honor al que puede esperar un poeta, incluso más de lo que esperaba. En acción de protesta por la Guerra de Vietnam; rechazó el Pulitzer en 1971 que se le había otorgado por «The Carrier of Ladder».

Otros reconocimientos

Entre otros reconocimientos recibió el Premio Nacional del Libro por Migration en 2005; un Pulitzer en 2009 por The Shadow of Sirius y premios a la trayectoria como el Premio Tanning. También,  el Premio Bollingen y una medalla de oro de la Academia de las Artes. Fue elegido como poeta laureado en 2010, cargo que tuvo por un año.

Su historia de vida

Los cambios en su obra, no fueron menos dramáticos que los cambios en su vida; la cual abarcó diferentes continentes y religiones. Hijo de un ministro presbiteriano, fue criado en Nueva York durante la Gran Depresión.

Pasó años de su juventud, en Francia, México, España e Inglaterra. Vivió sus últimas décadas como budista en una casa alimentada con energía solar. Esta casa, la diseñó en una vieja plantación de piñas, rodeado de selva, en la costa noreste de Maui.

Vale recordar algunas de sus pensamientos y se pueden mencionar; «Había algo incompleto en el mundo de las calles y en las banquetas y el cemento», dijo a Paris Review en 1986. «Recuerdo caminar por las calles de Nueva York y Nueva Jersey diciéndome; como una especie de reafirmación, que realmente había tierra ahí debajo».

ACN/AP/El Universal/Foto: AP

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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