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Conoces en qué consiste el masaje tántrico

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El masaje tántrico es una antigua práctica india que a través de toques ligeros y circulares, se estimula el conocimiento de uno mismo, del otro y conduce a un estado de bienestar que es al mismo tiempo unión y liberación.

El masaje tántrico es mucho más que un masaje placentero; este masaje está enfocado en la búsqueda del bienestar a través de la conexión con la energía sexual.

Cuando se habla de masaje tántrico siempre se confunde con el masaje erótico. Éste último es un tipo de masaje relajante y sensual que incluye caricias en los genitales y tiene como finalidad alcanzar el orgasmo.

Mientras que el masaje tántrico es un ritual que usa y canaliza la energía sexual con el fin de crear armonía en todo el cuerpo.

De esta forma, en los últimos años este masaje ha ido ganando la adicción en todas partes del mundo debido a que es mucho más que un masaje placentero.

Origen de este masaje

La palabra “tantra” proviene del sánscrito y significa “marco“, “urdimbre“, con significados que llegan a originar matices léxicos como “principio, esencia, doctrina o técnica”.

El Tantra se puede resumir como una forma de liberarse y al mismo tiempo alcanzar la esencia de uno mismo, una forma de entrar en contacto profundo con su propia alma.

A través del enmascaramiento tántrico y la estimulación de ciertos puntos energéticos del cuerpo; la persona que lo recibe experimenta un gran placer sensorial y al mismo tiempo una mejora en la percepción de uno mismo y de su propia conciencia.

¿Qué es un masaje tántrico?

Este masaje se centra en técnicas de meditación y rituales a través del acto sexual. El masaje tántrico busca el equilibrio corporal a través del uso de la energía sexual.

Si bien este tipo de masaje incluye las caricias en los genitales, no se busca que la persona que los recibe llegue al orgasmo sino que pueda armonizar los chakras (centros de energía del cuerpo); para lograr así una mayor conexión consigo misma y, por ende, un mayor bienestar personal.

Sin embargo, aunque el placer no es la finalidad del masaje tántrico tampoco se excluye de él; es decir, que puede haber personas que experimenten orgasmos al recibir este tipo de masaje.

Una sesión de este masaje incluye ejercicios de respiración por la nariz o por la boca; debido a que la atención en la respiración es lo que ayuda a que las personas conecten con su propio cuerpo y con el momento presente, de tal manera que puedan disfrutar del masaje. La respiración consciente también nos ayuda a relajarnos y a movilizar la energía sexual en nuestro cuerpo.

Es importante mencionar que, como ocurre con cualquier otro tipo de masoterapias; es fundamental que la realización del masaje tántrico esté en manos de una persona que se encuentre capacitada profesionalmente en este tipo de técnica.

Diferencia entre un masaje tántrico y uno erótico

Como se mencionó al principio, la diferencia entre un masaje erótico y tántrico pues, el masaje erótico tiene como objetivo el placer y el orgasmo, en cambio el masaje tántrico busca la armonización de la energía sexual.

El masaje erótico se realiza con la intención de excitar, mientras quien realiza el masaje tántrico lo hace con una intencionalidad que va más allá del placer; busca darle bienestar a la persona a través de la canalización de su energía sexual.

Cabe mencionar, el masaje tántrico nos ofrece la posibilidad de alcanzar una conexión profunda con nuestro cuerpo y nuestra sexualidad; con ello, ampliar nuestra capacidad de disfrute de las sensaciones corporales que experimentamos durante el acto sexual.

Por lo tanto el tántrico es un masaje que mejora la vida sexual y erótica; revitaliza la rutina sexual si es que has caído en ella y también nos permite establecer vínculos más profundos en los encuentros íntimos con la pareja.

No dejes de leer: Descubre que te pasa cuando tienes un orgasmo

ACN/Wapa

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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