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La Luna no desaparecerá ni en 50 mil millones de años

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Crece la incertidumbre entre científicos en torno a la posible desaparición de la Luna, pero las investigaciones revelan; que la astronomía estima que en unos 50.000 millones de años, llegaremos a un equilibrio con la Luna y su órbita se estabilizará.

Hace 4.500 millones de años, la Luna era 20 veces más grande en el cielo. En ese entonces, nuestro satélite natural se encontraba a entre 19.000 y 30.000 kilómetros de distancia. Pero ahora está a alrededor de 370.000 kilómetros de la Tierra y se nos aleja cada vez más: unos 3.8 centímetros por año.

La Universidad Cornell sostiene que la razón está relacionada directamente con el hecho de que la Luna influye en las mareas terrestres.

La Luna y la Tierra unidas en un  “abrazo gravitacional”

Los científicos explican que el lado de la Tierra que mira a la Luna está más cerca, por lo que se siente una fuerza de gravedad más fuerte que el centro de la Tierra. El efecto más notable es la marea que se levanta en el océano.

Un artículo de BBC describe que la Tierra y la Luna están unidas por un “abrazo gravitacional” que hace que nuestro planeta rote cada vez más lento sobre su eje y que la Luna lo haga cada vez más rápido. Y, cuando algo que está en órbita se acelera, esta fuerza lo empuja hacia afuera.

El temor de muchos es si nos vamos a quedar sin la Luna. Afortunadamente, la respuesta es negativa. Las investigaciones revelan que los científicos estiman que en unos 50.000 millones de años, llegaremos a un equilibrio con la Luna y su órbita se estabilizará. Para entonces, se encontrará a 970.000 kilómetros de la Tierra y le llevará 47 días dar una vuelta completa a nuestro planeta, en lugar de 27.

Por esta razón no hay que preocuparse antes de que eso ocurra, pues el Sol se habrá expandido para convertirse en un gigante rojo y, posiblemente, se habrá tragado a la Tierra junto con su satélite.

Colaterales:

-Hipnoterapeuta de Florida acusado de tener relaciones sexuales con una paciente

-Policía arresta a hombre  tras encontrar a su madre en posición fetal y con heces en la piel

-FBI y la policía buscan a un ladrón que intentó atracar dos bancos en Miami-Beach

ACN/Miami Diario

No deje de leer: Descubren una enorme masa metálica enterrada en la Luna(Opens in a new browser tab)

 

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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