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El lenguaje NO verbal que delata a tu pareja
El lenguaje no verbal que delatan que tu pareja no está por ti (y una verbal de la que no te das cuenta) ¿Mueve el índice arriba y abajo cuando habla contigo? ¿Cierra los párpados mientras frunce el ceño? Empieza a preocuparte
Caricias, besos melosos, miradas cómplices, sonrisas francas… Son parte del ritual por todos conocido de la comunicación no verbal cuando el amor entre una pareja alcanza su plenitud. Pero también existen otros que indican todo lo contrario y es más fácil que pasen inadvertidos. Antes de que llegue la temida frase de «tenemos que hablar» es muy probable que la otra persona nos haya estado indicando sin abrir la boca que ya no quiere nada con nosotros. Así es como el lenguaje no verbal nos da pistas de que esa historia de amor no da más de sí.
«Los gestos son formas de comunicar que pueden apoyar o por el contrario, contradecir, lo que se dice con palabras», explica la psicóloga Mara Cuadrado, del Colegio de Psicólogos de Madrid. «Normalmente la comunicación verbal y la no verbal van acompasadas, pero en ocasiones una y otra no se corresponden. Expresamos un ‘te quiero’, pero la mirada dice otra cosa. Cuando una pareja funciona bien o mal se manifiesta por lo que expresa, pero también por lo que hace, con los silencios, y con lo que no hace».
Hace muchos años, cuando este periodista quiso romper una relación y no tenía agallas suficientes, una amiga le recomendó dejar de dar besos en los labios y trasladarlos a la frente. Supuestamente, el cambio a un beso fraternal daría que pensar a la pareja y facilitaría el deseado clima de frialdad. Pero, por supuesto, cada ser humano es un mundo, y puede tener unas formas de expresión distintas a las de los demás. «Cada persona pasa por etapas y ciclos que no se corresponden con los de su pareja. No siempre los silencios, el mal humor o la lejanía pueden interpretarse como desamor», añade la psicóloga. Por todo ello hay que ser cauto a la hora de percibir las señales del otro y concluir que se deben a un conflicto dentro de la pareja», dice Cuadrado.
No está todo perdido, la conversación es una herramienta clave
Aunque «hay que ser cautos ante las señales que puedan indicar un conflicto de pareja», añade la especialista, conviene estar pendiente. Si determinados gestos, por sutiles que sean, se repiten con asiduidad, conviene verbalizar las dudas: «Lo mejor siempre es buscar un buen momento y hablarlo de forma tranquila para disipar la posibilidad de estar interpretando erróneamente lo que vemos», aclara la psicóloga.
Estos son algunos ejemplos que pueden ponernos en alerta.
Arrugar la nariz con gesto de asco. A veces, por desgracia, se llega a un momento de rechazo por parte de la persona desenamorada. Este rictus indicaría, según Cuadrado, «que solo la presencia del otro es desagradable».
Rehuir la mirada. Para el psicólogo Enrique García Huete, el no mirar al otro cuando se habla puede interpretarse como «una retirada de atención, y suele darse cuando ya está tomada la decisión de romper».
Mover el dedo índice arriba y abajo al ritmo de lo que se dice. Podría traducirse, de acuerdo con la psicóloga, por una clara hostilidad.
Hacer la peineta o batir la mano como desprecio. Mara Cuadrado los identifica directamente como «insultos no verbales», lo mismo que replicar con el dedo índice hacia arriba «para expresar desacuerdo».
Poner el dedo delante de la cara. «Implica invadir el espacio del otro. Y transmite frustración y malestar», señala García Huete. Esta misma expresión también la destaca Mara Cuadrado, quien la identifica como «un gesto amenazante».
Cerrar ligeramente los párpados arrugando el entrecejo. «Es señal de desconfianza», describe Mara Cuadrado.
Sonreír con sarcasmo levantando las cejas y apretando los labios. Es una de las muecas más recurrentes para mostrar desprecio y tratar de desacreditar a otra persona.
«Si estos gestos se mantienen en el tiempo y van acompañados de distancia en la pareja, críticas frecuentes, planificación constante de ocio por separado, acusaciones y respuestas a la defensiva, y permanentes malentendidos tendríamos que pensar que quizás la pareja esté atravesando una grave crisis y necesite ayuda externa antes de llegar a tomar la decisión de la ruptura», advierte Mara Cuadrado.
ACN/El Páis/Buenavida/Newsletter/Miguel Ángel Bargueño
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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