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Iceberg de 315 billones de toneladas se desprendió de la Antártida

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Iceberg de 315 billones de toneladas se desprendió de la Antártida
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La plataforma de hielo Amery en la Antártida acaba de producir su mayor iceberg en más de 50 años.

El bloque de hielo cubre 1.636 kilómetros cuadrados de área, un poco más pequeño que la isla de Skye en Escocia, y se llama D28.

La escala del iceberg significa que tendrá que ser monitoreado y rastreado porque en el futuro podría representar un peligro para la navegación.

Desde principios de la década de 1960, la plataforma Amery no daba a luz un iceberg tan inmensamente grande. Se estima que Amery tiene un área total de unos 9.000 kilómetros cuadrados de área.

Un Iceberg de 315 billones de toneladas se desprendió de la Antártida.Foto: fuentes.

Un Iceberg de 315 billones de toneladas se desprendió de la Antártida.Foto: fuentes.

El D28 tiene 315 billones de toneladas de peso

Amery es la tercera plataforma de hielo más grande de la Antártida, y es un canal de drenaje clave para los hielos que emanan de este del continente.

La plataforma Amery, es esencialmente la extensión flotante de una serie de glaciares que fluyen de la tierra hacia el mar.

La pérdida de icebergs en el océano es la forma en que estas corrientes de hielo mantienen el equilibrio, respecto a la entrada de nieve río arriba.

Entonces, los científicos sabían que este “evento de parto” iba a suceder. Lo interesante es que mucha atención en el área se había centrado en realidad al este de la sección que ahora está separada.

El diente flojo de la placa Amery

Este es un segmento de Amery, que se le ha conocido cariñosamente como «diente flojo» debido a su parecido en imágenes satelitales con la dentición de un niño pequeño.

Ambas áreas de hielo habían compartido el mismo sistema de grietas.

Pero aunque tambaleante, el diente flojo (D28) todavía está precariamente adherido a la placa Amery.

«Es un molar en comparación con un diente de leche», dijo a la BBC la profesora Helen Fricker de la Institución de Oceanografía Scripps.

Con información de: ACN|BBC|Redes

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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