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Hoy cumple 56 años el puente de Maracaibo (+fotos)

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Más de 200 mil personas se congregaron en el Puente General Rafael Urdaneta sobre el Lago de Maracaibo el 24 de agosto de 1962, cuando el entonces presidente, Rómulo Betancourt, cortó una cinta tricolor para “bautizar” la gigantesca obra que abrazaría las dos costas del Lago y las conectaría con el resto del país, relata el Correo del Orinoco.

La estructura de 8.678,60 metros fue recorrida por primera vez por la limusina negra del mandatario y por el resto de los asistentes, algunos a pie y otros en vehículos.

En el evento también estuvieron la primera dama; Carmen Valverde de Betancourt, Rómulo Gallegos, Raúl Leoni, Rafael Caldera, miembros de la Casa Militar y otros personajes políticos de la época.

La infraestructura, que fue el centro de atención de Venezuela y del mundo; resultó de un concurso realizado durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez; el proyecto de Ricardo Morandi, un arquitecto italiano, salió victorioso.

Lo que comenzó como una idea brillante; quedó en el “aire” en 1958, tras el derrocamiento de Pérez Jiménez, y recomenzó en abril del año siguiente. Un total de 2.630 obreros zulianos estuvieron dirigidos por el ingeniero sucrense Oscar Benedetti Pietri, socio y director de la empresa venezolana Precomprimidos, C.A., que asumió el 50% de la obra. Mientras que las compañías alemanas Wayss & Freytag, A.G., Julius Berger y Phillip Holtzman, A.G., participaron con igual responsabilidad.

 

ACN/ÚN

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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