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Enfermedades cardiovasculares: la principal amenaza para la salud de las mujeres

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Enfermedades cardiovasculares mujeres
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Los datos son contundentes: por cada mujer que fallece por cáncer de mama, mueren entre 6 y 7 mujeres a causa de enfermedades cardiovasculares.

La mayoría de las mujeres a menudo priorizan la preocupación por el cáncer de mama y del aparato reproductivo, por desconocimiento de la incidencia de estas patologías.

En el mundo, se estima que anualmente fallecen 9 millones de mujeres por ECV, lo que es casi 18 veces superior a las muertes por cáncer de mama.

Las enfermedades cardiovasculares (ECV) no solo son la primera causa de morbimortalidad en el mundo, representando aproximadamente  35 % de todas las muertes y afectando a 18.6 millones de mujeres anualmente, sino que también constituyen la principal causa de fallecimiento en las mujeres venezolanas.

En América Latina, la cardiopatía isquémica y el accidente cerebrovascular son las principales causas de mortalidad y discapacidad en la población femenina.

Conscientes de esta realidad y en el marco de la celebración de sus 75 años, Grupo LETI realizó un conversatorio, en alianza con la Fundación Casa Venezolana del Corazón y la Sociedad Venezolana de Cardiología, para dar a conocer los datos más recientes de estas patologías en Venezuela y el mundo, además de los avances en materia de tratamientos, disponibilidad, prevención y medidas para minimizar la progresión, en pacientes que ya padecen alguna de estas enfermedades.

Según el Estudio Epidemiológico en la Mujer-Venezuela (EEM-Venezuela), publicado en 2016 en la Revista Avances Cardiológicos, las ECV son la principal causa de muerte en mujeres venezolanas, con una alta prevalencia de factores de riesgo tradicionales:

  • Hipertensión arterial: Afecta al 27,75% de las mujeres venezolanas.
  • Hipercolesterolemia: Se presenta en el 15,04% de la población femenina.
  • Obesidad: La obesidad global tiene una prevalencia del 26,26%, mientras que la obesidad visceral alcanza el 40,86%.
  • Inactividad física: Es el factor de riesgo más frecuente, afectando a un alarmante 75,21% de las mujeres.
  • Historia familiar de enfermedad cardiovascular prematura: Reportada por el 28,91% de las mujeres.

La situación se ha exacerbado posterior a la pandemia de COVID-19, que provocó un aumento del 40% en los casos de ECV en el país, debido a la falta de control de enfermedades crónicas y la reducción de la actividad física.

Factores de riesgo, síntomas y prevención

Además de los factores de riesgo tradicionales (hipertensión, dislipidemia, tabaquismo, diabetes mellitus), que tienen un impacto significativo en mujeres latinoamericanas (aumentando el riesgo de cardiopatía isquémica entre 1.5 y 2 veces más que en los hombres), existen factores de riesgo específicos del sexo femenino, como la menarquia o primera menstruación antes de los 12 años o después de los 14, el uso de anticonceptivos orales -que aumentan el riesgo de trombosis-, ovarios poliquísticos, endometriosis y menopausia, entre otros.

Durante un ataque al corazón, las mujeres suelen experimentar síntomas diferentes a los hombres, en parte debido a un umbral del dolor más alto.

Pueden sentir presión u opresión en el pecho, pero también dolor en la parte superior de la espalda, brazos, cuello, mandíbula o garganta; mareos, fatiga inusual, indigestión, acidez estomacal, náuseas o vómitos, dolor de estómago y dificultad para respirar.

Estos síntomas a menudo se confunden con otras patologías o estrés, lo que lleva a menos estudios, diagnósticos tardíos y un peor pronóstico en las emergencias.

Grupo LETI, la Fundación Casa Venezolana del Corazón y la Sociedad Venezolana de Cardiología hacen un llamado a implementar estrategias preventivas adaptadas a la realidad venezolana, adoptando medidas como: consumir una dieta equilibrada y saludable para el corazón, realizar actividad física regularmente, no fumar, controlar la presión arterial, el colesterol y la glucosa mediante chequeos médicos periódicos, y gestionar el estrés de manera efectiva.

 

 

 

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El universo invisible de la piel y su papel en la salud cutánea

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El universo invisible de la piel
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El cuerpo humano alberga billones de microorganismos que conviven en una relación de perfecta simbiosis, siendo la superficie cutánea uno de los hábitats más complejos y dinámicos de todo el organismo. Este ecosistema microscópico, conocido técnicamente como microbiota de la piel, está compuesto por una inmensa variedad de bacterias, hongos, virus y ácaros que desempeñan un papel fundamental en la preservación de la salud general y estética. A menudo, las personas tienden a percibir la superficie de su cuerpo como una barrera puramente física e inerte, ignorando que se trata de un tejido vivo y densamente poblado que interactúa constantemente con el entorno exterior. La precisión con la que estos microorganismos regulan las funciones biológicas del tejido es comparable a los complejos sistemas de análisis que utilizan los expertos en plataformas de apuesta futbol, donde cada variable, estadística y dato previo cuenta para anticipar un resultado con absoluta exactitud. De una manera similar, la ciencia dermatológica actual se esfuerza por descifrar cada componente de esta comunidad microbiana para predecir cómo responderá el tejido ante agresiones externas o tratamientos cosméticos específicos. Comprender la estructura de este escudo invisible nos permite desarrollar estrategias avanzadas de cuidado personal basadas en la evidencia científica y el respeto por el equilibrio biológico natural.

Composición biológica y diversidad del microbioma cutáneo

La diversidad celular que habita en el tejido cutáneo no es uniforme, sino que varía de manera drástica en función de las características fisiológicas de cada región corporal específica. Los estudios de secuenciación genética han demostrado que existen tres microambientes principales en la superficie del cuerpo humano, clasificados como zonas sebáceas, húmedas y secas. En las áreas con una alta producción de sebo, como el rostro, la espalda y el pecho, predomina de forma casi absoluta la bacteria denominada Cutibacterium acnes, la cual utiliza los lípidos del sebo como fuente primaria de energía para su metabolismo. Por el contrario, en las regiones húmedas y cálidas, como las axilas o los pliegues de los codos, se observa una mayor concentración de bacterias de los géneros Staphylococcus y Corynebacterium, que prosperan gracias a las condiciones de transpiración. Las zonas secas, representadas por los antebrazos y las piernas, albergan una mezcla mucho más heterogénea de microorganismos, incluyendo una presencia notable de hongos del género Malassezia. Esta distribución demuestra que la microbiota se adapta con una precisión asombrosa a la disponibilidad de nutrientes, la humedad y el pH del tejido, creando perfiles biológicos únicos para cada individuo.

La barrera inmunológica y los mecanismos de defensa natural

Una de las funciones más críticas de los microorganismos comensales es actuar como una línea de defensa activa frente a la colonización de patógenos externos potencialmente peligrosos. La microbiota saludable compite de forma agresiva por el espacio físico y los nutrientes disponibles en el estrato córneo, impidiendo que bacterias oportunistas como Staphylococcus aureus encuentren un lugar propicio para reproducirse y causar infecciones. Además, microorganismos como Staphylococcus epidermidis secretan de manera natural péptidos antimicrobianos que destruyen selectivamente las membranas de los patógenos invasores sin alterar las células propias del hospedador. Este proceso de exclusión competitiva se complementa con la capacidad de los microbios comensales para enviar señales químicas a las células del sistema inmunitario innato de la epidermis, como las células de Langerhans. A través de este diálogo molecular constante, la microbiota entrena y modula las respuestas inflamatorias del cuerpo, manteniendo al sistema inmunitario en un estado de alerta atenuada pero altamente eficiente, preparado para responder con rapidez ante cualquier agresión real.

Regulación del pH cutáneo y la síntesis de ácidos grasos

El mantenimiento de un entorno ligeramente ácido en la superficie de la piel, con un valor de pH que oscila idealmente entre cuatro coma cinco y cinco coma cinco, es indispensable para la integridad de la barrera cutánea. La microbiota desempeña un papel protagónico en la conservación de este manto ácido mediante la fermentación y degradación de los lípidos presentes en el sebo y el sudor segregados por las glándulas corporales. Las bacterias comensales transforman estos lípidos complejos en ácidos grasos libres de cadena corta, los cuales disminuyen el pH ambiental de la superficie del estrato córneo de forma constante. Este entorno ácido resulta letal para una gran cantidad de bacterias patógenas transitorias que prefieren ambientes neutros o alcalinos para desarrollarse adecuadamente. Asimismo, los ácidos grasos generados por el metabolismo bacteriano actúan como potentes agentes hidratantes naturales que ablandan el tejido epitelial y previenen la pérdida transepidérmica de agua. De este modo, la actividad metabólica de los microorganismos contribuye directamente a la flexibilidad, elasticidad y resistencia mecánica de toda la estructura de la piel frente a las tensiones físicas del día a día.

Disbiosis cutánea y su relación con el acné vulgar

Cuando el equilibrio cuantitativo y cualitativo de la comunidad microbiana se altera de forma significativa, se produce un fenómeno biológico denominado disbiosis, el cual está estrechamente vinculado con el desarrollo de patologías dermatológicas comunes. En el caso del acné vulgar, la medicina tradicional solía señalar a la bacteria Cutibacterium acnes como la única causante de la inflamación del folículo pilosebáceo. Sin embargo, las investigaciones contemporáneas revelan que el problema no radica en la simple presencia de esta bacteria, sino en la pérdida de diversidad entre sus diferentes cepas y el crecimiento excesivo de filotipos específicos. Cuando se produce una hiperproducción de sebo debida a cambios hormonales, las cepas más virulentas de esta bacteria proliferan de manera descontrolada, formando biopelículas densas que obstruyen el poro y desencadenan una respuesta inflamatoria severa. Este proceso demuestra que las enfermedades cutáneas crónicas suelen ser el resultado de una ruptura en la armonía del ecosistema, donde la pérdida de control de una población microbiana altera la homeostasis de todo el tejido circundante.

El papel del microbioma en la dermatitis atópica

La dermatitis atópica es otra afección crónica que ilustra de forma magistral cómo la alteración de la microbiota puede comprometer la salud y la integridad de la estructura de la piel. Los análisis clínicos de pacientes que experimentan brotes agudos de esta enfermedad muestran de manera sistemática una reducción drástica en la diversidad de su microbioma cutáneo, acompañada de una colonización masiva por parte de Staphylococcus aureus. Esta bacteria patógena aprovecha la disfunción de la barrera física de la piel para fijarse a los queratinocitos y liberar toxinas que destruyen los lípidos intercelulares y exacerban el prurito y la inflamación. La falta de bacterias beneficiosas como Staphylococcus epidermidis priva al tejido de los mecanismos naturales de control que normalmente frenarían la expansión de esta bacteria patógena. Los tratamientos modernos más prometedores para la dermatitis atópica se centran precisamente en restaurar la diversidad microbiana perdida, utilizando terapias biológicas destinadas a recolonizar el tejido con bacterias comensales capaces de neutralizar los factores de virulencia de los patógenos.

Factores externos que alteran el equilibrio microbiano

La estabilidad del ecosistema cutáneo se encuentra bajo la influencia constante de una multitud de factores ambientales, hábitos de higiene y productos de cuidado personal que aplicamos diariamente sobre nuestro cuerpo. El uso indiscriminado de jabones corporales agresivos con tensioactivos fuertes y un pH marcadamente alcalino barre de forma literal la capa lipídica superficial, eliminando tanto la suciedad como las poblaciones de bacterias beneficiosas. Del mismo modo, la aplicación excesiva de geles desinfectantes con altas concentraciones de alcohol y el uso frecuente de antibióticos tópicos destruyen el delicado tejido ecológico que tarda semanas en regenerarse por completo. La contaminación atmosférica de las grandes ciudades, la radiación ultravioleta procedente del sol y los niveles elevados de estrés psicológico crónico también alteran la composición del sudor y el sebo, modificando los nutrientes disponibles para los microorganismos. Esta combinación de agresiones externas crea un entorno hostil que debilita al escudo biológico de la piel, haciéndola mucho más susceptible al envejecimiento prematuro, la deshidratación y la aparición de irritaciones inexplicables.

Avances en cosmética basada en prebióticos y probióticos

La comprensión científica del microbioma ha revolucionado por completo la industria de la dermatología y la cosmética, impulsando el desarrollo de formulaciones avanzadas que buscan nutrir y proteger a los microorganismos aliados. Los ingredientes prebióticos, compuestos principalmente por azúcares complejos y fibras vegetales como la inulina, actúan como alimento exclusivo para las bacterias beneficiosas de la piel, estimulando su crecimiento y actividad metabólica selectiva. Por otra parte, la incorporación de probióticos, que en la cosmética actual suelen presentarse en forma de lisados bacterianos o fermentos inactivados de géneros como Lactobacillus o Bifidobacterium, aporta moléculas bioactivas que refuerzan la función barrera. Estos componentes biológicos ayudan a calmar la piel inflamada, aceleran los procesos de renovación celular y estimulan la producción propia de ceramidas por parte de los queratinocitos. Al enfocar el cuidado diario en optimizar la salud de los microorganismos residentes en lugar de intentar esterilizar la superficie cutánea, la cosmética moderna logra resultados mucho más profundos, duraderos y respetuosos con la fisiología del cuerpo.

El eje intestino piel y la influencia de la nutrición

La salud de la superficie de nuestro cuerpo no depende únicamente de los cuidados externos que le apliquemos, sino que se encuentra conectada de forma íntima con el estado del sistema digestivo a través del denominado eje intestino-piel. La comunidad científica ha comprobado que una alteración en la microbiota intestinal, provocada por una dieta rica en azúcares refinados y grasas saturadas, puede inducir un estado de inflamación sistémica de bajo grado. Esta inflamación aumenta la permeabilidad de la barrera intestinal, permitiendo que metabolitos bacterianos viajen a través del torrente sanguíneo hasta la dermis, donde alteran la producción de sebo y modifican el comportamiento de las bacterias locales. Por el contrario, una alimentación equilibrada que incluya abundantes alimentos fermentados como el kéfir y fibras solubles procedentes de verduras contribuye a mantener una microbiota intestinal saludable y diversa. Este equilibrio interno se refleja de manera directa en el rostro, manifestándose en una menor incidencia de brotes inflamatorios, una mejor retención de la humedad natural y una capacidad de cicatrización notablemente optimizada ante cualquier lesión menor.

Conclusión y pautas para el cuidado del ecosistema cutáneo

Garantizar la salud y la longevidad de nuestra piel requiere un cambio profundo de paradigma que nos lleve a considerar a este órgano como un jardín biológico delicado que debemos cultivar con paciencia y respeto. Al repasar los hallazgos científicos expuestos, queda claro que la limpieza obsesiva y la aplicación masiva de productos químicos desinfectantes son prácticas obsoletas que perjudican seriamente la diversidad celular de la epidermis. La estrategia idónea para el cuidado diario consiste en seleccionar limpiadores suaves con formulaciones que respeten el pH fisiológico y limitar la exfoliación física o química a frecuencias moderadas que no desestabilicen las colonias microbianas. Asimismo, resulta esencial proteger el tejido de la radiación solar mediante protectores solares que incluyan agentes hidratantes compatibles con la vida microbiana y mantener una rutina constante que evite los cambios bruscos de productos cosméticos. Si adoptamos un enfoque holístico que combine una nutrición adecuada, una gestión eficiente del estrés y una higiene respetuosa, lograremos que nuestra microbiota trabaje a pleno rendimiento, consolidando un escudo defensivo perfecto que mantendrá la piel radiante, elástica y saludable durante toda la vida.

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