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Encuentran reveladoras cartas del padre de Hitler en un ático en Australia

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Cartas del padre de Hitler - ACN
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Unas 31 cartas escritas por Alois Hitler, el padre del dictador alemán Adolf Hitler, fueron halladas en un ático en Austria.

Con este descubrimiento, que a día de hoy son una de las pocas conocidas del padre del político nazi, el historiador austríaco Roman Sandgruber hizo un libro que fue publicado en alemán el 22 de febrero.


Reveladoras cartas del padre de Hitler

Una mujer contactó historiador austríaco Roman Sandgruber, porque había descubierto en su desván unas cartas centenarias escritas por el padre de Adolf Hitler.

«Al principio, era más bien escéptico: sabemos muy poco de la juventud» del Führer «y menos aún de su padre», declara a la AFP este especialista, que esperaba encontrarse con un hallazgo disparatado.

Sin embargo, la correspondencia amarillenta resultó ser auténtica: caligrafía cuidada, sellos de época, firma tristemente célebre y hasta sellos de cera intactos … las 31 cartas eran de Alois Hitler.

Esto permitió al profesor universitario de 74 años escribir la primera biografía del patriarca, nacido en 1837 y fallecido en 1903, cuando Adolf tenía 14 años.

El libro se publicó en alemán el 22 de febrero. Todo un acontecimiento, al día de hoy estas cartas son unas de las pocas conocidas del padre del dictador, que tuvo ocho hijos de tres matrimonios.

Las escribió durante el imperio austrohúngaro para un tal Josef Radlegger, empleado de Puentes y Calzadas. Quería comprarle una granja en un pueblo de Alta Austria (norte) en 1895, seis años después del nacimiento de Adolf.

Foto: AFP

Madre «emancipada»

«Hay una atmósfera muy familiar entre los dos, se cuentan muchos chismes», explica Sandgruber en la biblioteca universitaria de la ciudad de Linz.

Se sabía que Alois, nacido fuera del matrimonio, era un «cabeza de familia tiránico» pero la correspondencia arroja luz sobre «una vida familiar no siempre desagradable».

También dan una imagen diferente de la madre Klara, a quien Adolf Hitler describía como una tranquila «ama de casa» en su libro Mein Kampf.

«A mi esposa le gusta estar activa y muestra un cierto entusiasmo, así como un buen conocimiento de las cosas económicas», escribe Alois Hitler a su socio comercial.

Klara, una de las pocas personas que no ha sufrido la ira de Alois, aparece en sus cartas como «una mujer profundamente emancipada, como diríamos hoy», según Roman Sandgruber.

Las huellas dejadas por el funcionario de aduanas también dan fe de su ascenso social y su ansia de ganarse respeto a nivel local, que pasa por poseer tierras.

El investigador se guarda de comparar Alois con su hijo pero les ve algo en común: son «autodidactas» reivindicados.

«Ambos despreciaban a los que habían recibido una escolaridad formal: académicos, notarios, jueces y más tarde incluso a los oficiales militares», afirma, y se consideraban «genios».

Roman Sandgruber es más prudente sobre las raíces del antisemitismo de Adolf Hitler: se han encontrado comentarios de odio del padre hacia los judíos más tarde en su vida, pero el historiador menciona más bien la influencia sobre el futuro dictador nazi del racismo extendido en la sociedad austriaca.

Gracias a unas obras

Estas cartas no se descubren si no es por unas obras de aislamiento térmico. Hace unos años una austriaca, lejos de sospechar lo que había bajo su tejado, decide aislar el desván y para eso lo vacía.

Annelise Smigielski sabía que su tatarabuelo, Josef Radlegger, había vendido bienes a Alois Hitler; pero no pensó que se encontraría con su escritura, en medio de un montón de cartas que habían caído en el olvido hacía lustros.

Pronto le pareció que el padre Hitler «se enfadaba por todo», dijo a la AFP, y agregó que la escritura era difícil de descifrar.

Como conocía las investigaciones de Roman Sandgruber consideró que era mejor confiarle estos archivos en 2017.

Ambos están sorprendidos con la atención internacional que despierta el libro, desde Perú hasta China.

Smigielski dice sentirse abrumada por las solicitudes de los periodistas. Tiene la impresión de ser «un conejo cegado por la luz de los faros». «Pero bueno, se calmará», espera.

ACN /AFP

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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patinaje de velocidad
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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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