Economía
Dólar paralelo cerró en 97,40 bolívares la primera semana de abril
Este viernes 4 de abril, el dólar paralelo cerró la semana cotizándose en 97,40 bolívares, mostrando una relativa estabilidad respecto a su valor del lunes 31 de marzo, cuando se ubicaba en 97,14.
Sin embargo, en comparación con el martes 1 de abril, cuando alcanzó los 101,60 bolívares, se observa una leve corrección a la baja del 4.13 %.
A lo largo de la semana, la divisa mostró alta volatilidad, con un repunte temprano por encima de los 100 bolívares, seguido de una baja moderada hacia el cierre. Si se compara este cierre con el del viernes 28 de marzo, cuando el paralelo cerró en 101,59 bolívares, la caída acumulada en la semana es de 4,12 %.
Por su parte, el dólar oficial del Banco Central de Venezuela (BCV) también registró movimientos importantes. Este viernes se ubicó en 70,59 bolívares, superando por primera vez en lo que va de 2025 la barrera de los 70 bolívares. El lunes pasado, la tasa oficial era de 69,77 bolívares, por lo que se registra un aumento semanal de 1,17 %.
Comparativa mensual y anual
Desde el 1 de marzo, cuando el dólar paralelo se cotizaba en 77,77 bolívares, el cierre actual representa un incremento de 25,23 %. Mientras tanto, desde el 2 de enero, cuando el dólar paralelo inició el año en 66,29 bolívares, la subida acumulada es de 46,97 %.
En cuanto al dólar oficial, el valor al inicio del año era de 59,24 bolívares, por lo que el aumento acumulado hasta el cierre de esta semana es de 19,14 %.
Brecha cambiaria
La brecha entre ambas tasas se mantiene significativa. Al cierre de este viernes, la diferencia entre el dólar paralelo (97,40 Bs) y el oficial del BCV (70,59 Bs) es de 26,81 bolívares, lo que equivale a una diferencia del 37,97 %.
Aunque algunos comercios continúan haciendo transacciones con un promedio de tasa intermedia cercana a los 84 bolívares, la presión sigue estando en el cumplimiento de la tasa oficial. La Sundde mantiene operativos de fiscalización en todo el país para obligar a los establecimientos a vender según el valor del BCV, medida que ha generado confusión en precios y, en muchos casos, un aumento de los mismos como forma de anticipar posibles pérdidas frente a la volatilidad.
Con información de ACN/EC
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Economía
Terremotos cambian el panorama económico de Venezuela: entre inflación y estancamiento
Terremotos cambian panorama económico de Venezuela. El doble terremoto que sacudió el norte del país el pasado 24 de junio alteró las expectativas económicas que el país tenía para el cierre de 2026.
Antes de la emergencia, los pronósticos apuntaban a un año de mayor dinamismo, impulsado por el aumento de la producción petrolera, una mayor apertura de los mercados internacionales y la flexibilización parcial de algunas sanciones estadounidenses.
Pero el escenario cambió. Para Daniel Lahoud, economista e investigador del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), la economía venezolana podría enfrentar ahora un período de estancamiento como consecuencia del esfuerzo financiero que exigirá la reconstrucción de las zonas afectadas.
“Probablemente en el año haya, en el mejor de los casos, un crecimiento cero del Producto Interno Bruto. Y en el peor, una caída que pudiera ser del dos o tres por ciento”, señala.
Terremotos cambian panorama económico de Venezuela: Del crecimiento esperado al desafío de reconstruir
Las estimaciones sobre el impacto económico de los terremotos varían considerablemente.
La Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) calculó que los daños podrían alcanzar los US$37.000 millones, una cifra equivalente a cerca de un tercio del Producto Interno Bruto venezolano.
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), por su parte, ubicó las pérdidas económicas en alrededor de US$6.700 millones, entre 6% y 7% del PIB.
Lahoud considera que esos cálculos podrían estar sobredimensionados y estima que el costo real de la reconstrucción estaría más cerca de los US$4.000 millones.
“La cifra que estima la ONU luce exagerada. Un cálculo más honesto estaría por ese orden, que sería lo que el gobierno necesitaría para reconstruir las localidades afectadas”, afirma.
A su juicio, aunque el estado La Guaira fue una de las regiones más golpeadas, su peso económico no justificaría una pérdida equivalente a varios puntos del PIB nacional.
El petróleo evita un golpe mayor
Uno de los elementos que podría limitar el impacto económico del desastre es que la infraestructura petrolera no sufrió daños estructurales significativos.
La industria petrolera continúa siendo el principal motor de generación de ingresos externos para Venezuela y, según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la producción venezolana cerró junio en alrededor de 1,07 millones de barriles diarios, sin cambios importantes frente al mes anterior.
Para Lahoud, esta situación permite que el país mantenga una fuente de ingresos mientras enfrenta la reconstrucción.
Sin embargo, advierte que el problema estará en la distribución de esos recursos: cuánto dinero podrá dirigirse a reparar viviendas, infraestructura y servicios sin afectar otros sectores de la economía.
La reconstrucción como oportunidad económica
Aunque el terremoto representa un golpe inmediato, el economista considera que la reconstrucción podría convertirse también en un factor de dinamización económica si se gestiona adecuadamente.
La reparación de viviendas, infraestructura pública y edificios privados podría impulsar sectores como construcción, materiales y servicios asociados.
Solo en La Guaira, una de las entidades más afectadas, al menos 158 edificios resultaron destruidos o severamente afectados. Según estimaciones de Anova Policy Research, sustituir o reconstruir esas estructuras podría requerir alrededor de US$2.370 millones.
Para Lahoud, la magnitud del desafío obliga a replantear el papel del Estado y abrir mayor espacio al sector privado.
“La mejor medida sería dejar la recuperación en manos de la empresa privada, para evitar que el gasto público siga aumentando”, sostiene.
El dilema del financiamiento
El economista considera que Venezuela necesitará recurrir a financiamiento internacional para afrontar la emergencia, aunque reconoce que la situación de la deuda externa limita esa posibilidad.
Actualmente, el país permanece en mora con buena parte de sus acreedores, lo que dificulta el acceso tradicional a los mercados financieros.
Lahoud estima que la deuda externa venezolana ronda los US$170.000 millones, incluyendo bonos, deuda flotante, compromisos con organismos multilaterales y otros pasivos.
Por ello, considera que cualquier plan de reconstrucción deberá ir acompañado de una estrategia para reorganizar las obligaciones financieras del país.
“La deuda no puede ser el primer problema que se atienda. Antes están los servicios públicos, la reconstrucción y la definición de una política económica”, concluye.
ACN/MAS/Finanzas Digital/El Ucabista
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