Economía
Dólar oficial se desaceleró en marzo y acumula un alza de 34% en el primer trimestre de 2025
Dólar oficial se desaceleró en marzo. A pesar de la presión de demanda que registró el mercado cambiario en las últimas dos semanas, el incremento del tipo de cambio oficial fue inferior al de los dos meses previos de 2025, ya que la cotización del dólar reportada por el Banco Central de Venezuela (BCV) subió 8,22% en comparación con febrero para cerrar en 69,78 bolívares por unidad.
Durante 2025, el precio oficial de la divisa estadounidense subió 12,32% en enero, 10,34% en febrero y ahora marca una desaceleración intermensual de 2,12 puntos en marzo, como resultado de un ajuste cambiario progresivo que comenzó a aplicarse en octubre del año pasado.
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Dólar oficial se desaceleró en marzo
En lo que va de año, la paridad producto de las operaciones en las mesas cambiarias de la banca ha escalado 34,11%, una historia muy distinta a la que se registró en el primer trimestre de 2024 cuando el incremento acumulado fue de solo 1,03%, con una estrategia de anclaje.
El incremento interanual del tipo de cambio oficial al cierre del primer trimestre de 2025 fue de 94,05%.
¿Y qué pasó con el bolívar?
Al cierre de marzo, el bolívar se depreció 7,60% en comparación con el cierre de febrero, debido obviamente a la presión inflacionaria que generó el movimiento de los precios por la tensión cambiaria; sin embargo, no es posible dimensionar la magnitud de este fenómeno, porque el BCV no publica la información sobre el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) desde octubre del año pasado.
En el primer trimestre, la depreciación de la moneda nacional alcanzó a 25,44%, una situación radicalmente distinta a la de 2024 cuando el bolívar perdió valor en apenas 1,02%.
En comparación con marzo de 2024, la depreciación del bolívar fue de 48,47%, lo que explica que la demanda de bolívares sea esencialmente instrumental por el desequilibrio que existe en el mercado cambiario.
El costo de la baja oferta de dólares
Sin duda, la escasez de divisas está en el origen de una presión alcista de los precios que se registró en marzo, sin embargo, no se reflejó en el mercado cambiario oficial, aunque el propio presidente Nicolás Maduro reconoció que la demanda aumentó 40%, por un «recalentamiento» de la economía.
Esta situación produjo que, en el mercado no oficial, el precio de referencia subió más de 24% en marzo, a pesar de que en la última jornada del mes cayó 2,55% para retroceder a menos de 100 bolívares, de manera que el diferencial entre ambos precios de la divisa estadounidense cerró en 41,87%.
Esta «brecha» cerró marzo con un importante retroceso frente a máximos superiores a 55% a los que llegó en el mes, pero claramente superior a los niveles de 16,94% en enero y 23,06% en febrero que marcan una aceleración importante en lo que va de año.
La intervención del BCV se redujo
De acuerdo con la estimación de la consultora Aristimuño Herrera & Asociados, la intervención cambiaria del Banco Central de Venezuela (BCV) se redujo en marzo. La estimación de esta organización es que el emisor inyectó a la banca una cifra de alrededor de 172 millones de dólares en marzo, una cifra que sería la más baja en, por lo menos, los últimos 15 meses.
Sin embargo, el tipo de cambio oficial desaceleró su incremento en este mes, a pesar de la decisión del emisor de vender menos divisas a los bancos. El precio de intervención cerró en 75,35 bolívares por euros, con un aumento mensual de 13,51%. Claramente por encima de la variación del dólar oficial.
En el primer trimestre, se estima que la intervención cambiaria fue de 679 millones de dólares, una cifra 27,30% inferior a los 934 millones que el ente emisor colocó en la banca durante el mismo lapso del año pasado.
La situación del mercado cambiario es compleja, en principio porque las expectativas se deterioran a raíz de la revocatoria de las licencias petroleras y gasíferas que amparaban las operaciones de las empresas transnacionales.
Esta situación puede generar una caída importante de la oferta de divisas en el mercado.
ACN/MAS/Banca y Negocios
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Economía
Terremotos cambian el panorama económico de Venezuela: entre inflación y estancamiento
Terremotos cambian panorama económico de Venezuela. El doble terremoto que sacudió el norte del país el pasado 24 de junio alteró las expectativas económicas que el país tenía para el cierre de 2026.
Antes de la emergencia, los pronósticos apuntaban a un año de mayor dinamismo, impulsado por el aumento de la producción petrolera, una mayor apertura de los mercados internacionales y la flexibilización parcial de algunas sanciones estadounidenses.
Pero el escenario cambió. Para Daniel Lahoud, economista e investigador del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), la economía venezolana podría enfrentar ahora un período de estancamiento como consecuencia del esfuerzo financiero que exigirá la reconstrucción de las zonas afectadas.
“Probablemente en el año haya, en el mejor de los casos, un crecimiento cero del Producto Interno Bruto. Y en el peor, una caída que pudiera ser del dos o tres por ciento”, señala.
Terremotos cambian panorama económico de Venezuela: Del crecimiento esperado al desafío de reconstruir
Las estimaciones sobre el impacto económico de los terremotos varían considerablemente.
La Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) calculó que los daños podrían alcanzar los US$37.000 millones, una cifra equivalente a cerca de un tercio del Producto Interno Bruto venezolano.
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), por su parte, ubicó las pérdidas económicas en alrededor de US$6.700 millones, entre 6% y 7% del PIB.
Lahoud considera que esos cálculos podrían estar sobredimensionados y estima que el costo real de la reconstrucción estaría más cerca de los US$4.000 millones.
“La cifra que estima la ONU luce exagerada. Un cálculo más honesto estaría por ese orden, que sería lo que el gobierno necesitaría para reconstruir las localidades afectadas”, afirma.
A su juicio, aunque el estado La Guaira fue una de las regiones más golpeadas, su peso económico no justificaría una pérdida equivalente a varios puntos del PIB nacional.
El petróleo evita un golpe mayor
Uno de los elementos que podría limitar el impacto económico del desastre es que la infraestructura petrolera no sufrió daños estructurales significativos.
La industria petrolera continúa siendo el principal motor de generación de ingresos externos para Venezuela y, según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la producción venezolana cerró junio en alrededor de 1,07 millones de barriles diarios, sin cambios importantes frente al mes anterior.
Para Lahoud, esta situación permite que el país mantenga una fuente de ingresos mientras enfrenta la reconstrucción.
Sin embargo, advierte que el problema estará en la distribución de esos recursos: cuánto dinero podrá dirigirse a reparar viviendas, infraestructura y servicios sin afectar otros sectores de la economía.
La reconstrucción como oportunidad económica
Aunque el terremoto representa un golpe inmediato, el economista considera que la reconstrucción podría convertirse también en un factor de dinamización económica si se gestiona adecuadamente.
La reparación de viviendas, infraestructura pública y edificios privados podría impulsar sectores como construcción, materiales y servicios asociados.
Solo en La Guaira, una de las entidades más afectadas, al menos 158 edificios resultaron destruidos o severamente afectados. Según estimaciones de Anova Policy Research, sustituir o reconstruir esas estructuras podría requerir alrededor de US$2.370 millones.
Para Lahoud, la magnitud del desafío obliga a replantear el papel del Estado y abrir mayor espacio al sector privado.
“La mejor medida sería dejar la recuperación en manos de la empresa privada, para evitar que el gasto público siga aumentando”, sostiene.
El dilema del financiamiento
El economista considera que Venezuela necesitará recurrir a financiamiento internacional para afrontar la emergencia, aunque reconoce que la situación de la deuda externa limita esa posibilidad.
Actualmente, el país permanece en mora con buena parte de sus acreedores, lo que dificulta el acceso tradicional a los mercados financieros.
Lahoud estima que la deuda externa venezolana ronda los US$170.000 millones, incluyendo bonos, deuda flotante, compromisos con organismos multilaterales y otros pasivos.
Por ello, considera que cualquier plan de reconstrucción deberá ir acompañado de una estrategia para reorganizar las obligaciones financieras del país.
“La deuda no puede ser el primer problema que se atienda. Antes están los servicios públicos, la reconstrucción y la definición de una política económica”, concluye.
ACN/MAS/Finanzas Digital/El Ucabista
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