Opinión
«Bolichicle»
“Bolichicle”: por Josué D. Fernández.- Son tantos los abusos del prefijo «boli» en cuanto desmadre lleva la firma de la dictadura venezolana, que es fácil deducir que su ingrediente activo no podría ser otro que el «bolichicle». Ambos resultan un pegoste al poco rato, se quedan desabridos en minutos, sin forma definida al masticarlos, y la gente es más feliz cuando se deshace de ellos y los tira a la basura. La peor característica del “bolichicle” para quienes lo sufren es la de llevarlo pegado en la suela de los zapatos, sin técnica rápida de quitárselo, como ocurre con las tiranías comunistas que invaden naciones distraídas, y luego no hay manera de echarlos por medios convencionales.
El “bolichicle” y sus fanáticos son igualmente desabridos al quedarse en simples ejercicios de la lengua, con cortísimo repertorio para disimular la falta de argumentos y la prolongación de la fugaz experiencia mediante desagradables ruidos de mandíbulas. La mayoría de personas se aleja de quienes mastican “bolichicle”, en la práctica diaria y en las perniciosas revoluciones tachadas así mismas de modo indistinto de comunistas o de socialistas, a decir del patriarca Fidel Castro antes de morir. Al final ellos quedan solos con su fastidiosa monotonía, y el resto vive pendiente del lugar a donde tirarán la goma gastada y exprimida, al temer que allí aparecerán nuevas víctimas.
Pero a los adictos al “bolichicle” se les nota a su vez una grave inseguridad individual y de grupo, y no son ajenos al rechazo que producen con su indecisión, por lo que llegan a reconocer en privado entre familiares y amigos cercanos, que están enfermos, también nerviosos en extremo si les llevaran la contraria. Ellos confiesan en voz baja que si les quitan el “bolichicle” pueden tener ataques de “calambrina”, tal la cantaban la pareja de Kiko Mendive y Beto Parra, a inicios de los sesenta del siglo anterior, a escuchar en versión original de seguida.
Las sobredosis de “bolichicle”, con nocivos efectos al estilo de la “calambrina”, también reflejarían el carácter voluntarioso de los perturbados, con empeño desmedido en doblegar a los otros con irresponsables ocurrencias, incluso mediante la fuerza, copiando métodos represivos de las revoluciones expresamente armadas. En esa dirección se atreven a formar cualquier “patuque” de órdenes y contraordenes, de arriba hacia abajo, sin poder salir de su desorientación, mientras paralizan a la gente alrededor que no saber qué hacer.
En la etapa peligrosa de los excesos del consumo de “bolichicle” se dictarían decretos de aumentos de salario mínimo, de bonos a trabajadores particulares y públicos, para los que no existen monedas y billetes con que pagarlos, los cuales impedirían operaciones de empresas que deben cerrar puertas, despedir empleados, anulando la producción nacional; y hasta resultaría comprometida la viabilidad de las fuerzas armadas, según declaró su ministro jefe.
Capítulos de adicional maldad contra el pueblo entero se escriben en la obligación de mantener precios devaluados de productos y servicios, los cuales acaban con todo interés de poner esfuerzos para llevarlos al mercado, terminando en estantes vacíos de farmacias, abastos y supermercados, quedando el espacio para una interminable escasez. Antes de “bajar la santamaría”, o proceder a la clausura definitiva del país en intento oficial, devastador, terminal, ahora se diseñarían medidas que recaen sobre bancos y sistema financiero privado, generando desconfianzas y desalientos para el uso de la moneda nacional que recrudecerán al cancelar esa intermediación aún confiable.
La apuesta remanente de los que no pierden la cabeza en medio de la lista de dolorosos estragos del “bolichicle”, es porque todavía haya tiempo para salvar un pedazo de tierra venezolana, libre de incompetencias de la Corporación Eléctrica Nacional, S.A. (Corpoelec), para mantener encendida la divina luz sobre el entendimiento colectivo, en el acierto de solución a las calamidades creadas por el régimen, calcadas de la opresión al pueblo cubano durante 60 años. Una bendición la ruega el grupo “Un solo pueblo”, con su estribillo “Alumbra, alumbra, alumbra, alúmbrame el zaguán», cantado por navidad al comienzo, mas indispensable como nunca en estos momentos de aterradora oscuridad. Volvemos el próximo sábado, Dios mediante…Chao.
Ensayo audiovisual para público de pregrado, disponible en la voz del autor, en colección de Josué D. Fernández, con temas musicales editados, más cortos, al pinchar en:
El artículo adosado forma parte de “Experiencias Mayores”, encartado del programa “Estamos en el Aire”, a las 4:30 de la tarde, cada sábado. Breve espacio editorial ligero, canal de catarsis del desconcierto de su autor, con música a propósito del asunto que trata, entrevista y gotas de humor. Por http://www.radiorumbos670am.com.ve/, en cuya discusión los interesados pueden tomar parte por los teléfonos +58 212 284.04.94 y 285.27.35, o mediante mensajes directos por Twitter, a Josué Fernández, @jodofeal, por canal personal de YouTube, o aquí en www.comunicadorcorporativo.blogspot.com
No deje de leer: La chama venezolana que llegó preñada en una perrera a Ecuador (Video)
Opinión
Activos en el Activismo: El motor de la transición ciudadana en Venezuela
Por: Luis Junior Vivas
Valencia, junio de 2026
El activismo político no es una fuerza estática ni un simple registro de reclamos en papel; es el tejido vivo de la historia democrática. A lo largo de los siglos, los grandes giros de la humanidad —desde las sufragistas británicas hasta el movimiento por los derechos civiles de Martin Luther King— no nacieron en los despachos institucionales, sino en las calles, impulsados por ciudadanos comunes decididos a desafiar el statu quo.
En Venezuela, esta herencia es profunda. La identidad republicana del país se forjó bajo el fuego de un activismo civil y militar que rompió las cadenas coloniales, y se redefinió en el siglo XX con la Generación del 28, aquellos estudiantes que plantaron cara a la dictadura gomecista y sembraron las semillas de la era democrática. Hoy, esa necesidad de participación vuelve a ser el epicentro de la realidad nacional.
En el panorama contemporáneo, la figura de María Corina Machado ha redefinido el concepto de activismo en Venezuela. Su propuesta, enmarcada en un liberalismo popular y un férreo compromiso libertario, transformó la tradicional forma de hacer política en el país.
Machado ha demostrado que el activismo no se limita a las dinámicas de los partidos tradicionales; se trata de una lucha ética, de resistencia y de organización de base. Desafiando inhabilitaciones, bloqueos de carreteras y persecución, su presencia en cada rincón del territorio nacional y fuera de el ,despertó una fuerza ciudadana que parecía dormida, convirtiendo la causa de la libertad venezolana en un movimiento civil sin precedentes en la historia reciente de la región.
»Activos en el Activismo»: El eco que nace en Carabobo
Es precisamente en este contexto de movilización permanente donde nacen las ideas que guían la acción. Desde la Coordinación Regional de Activismo de Vente Carabobo, se acuñó una frase que hoy resuena como un mantra para miles de ciudadanos: «Activos en el Activismo».
Más que un eslogan de campaña, este término nació en tierras carabobeñas como un llamado a la acción consciente y permanente. Significa entender que la libertad no se espera pasivamente, sino que se construye a diario a través de la formación, la movilizació y la presencia en las comunidades. El estado Carabobo, históricamente vinculado a las gestas libertarias del país, vuelve a ponerse a la vanguardia conceptual de la resistencia civil con esta premisa.
El activismo venezolano se encuentra hoy en su encrucijada más crítica y determinante. En el marco de una compleja transición política, el objetivo inmediato está firmemente trazado: confluir y presionar por un proceso electoral presidencial con plenas garantías democráticas.
Los desafíos para quienes nos mantenemos «Activos en el Activismo» son monumentales:
Organización y defensa del voto: Estructurar y seguir fortaleciendo redes ciudadanas capaces de movilizar a millones de electores y cuidar cada sufragio en condiciones adversas en un inevitable proceso electoral que más temprano que tarde se realizará en nuestro país.
Vencer la censura: Convertir a cada ciudadano en un canal de información veraz ante el bloqueo de los medios de comunicación tradicionales, la persecusión y el amedrentamiento que aunque ha disminuido aún persiste por parte de las fuerzas del régimen.
Mantener la ruta pacífica y constitucional: Resistir las provocaciones que buscan desmovilizar a la población, manteniendo el foco en la vía electoral como el mecanismo legítimo para el cambio.
El camino hacia la transición presidencial no será sencillo, pero la historia demuestra que cuando una sociedad civil se organiza bajo un propósito claro, no hay estructura que pueda detenerla. El activismo en Venezuela ha dejado de ser una opción; hoy es el deber ciudadano que define el futuro de la República.
Abg. Luis Junior Vivas
Coordinador Regional de Activismo
Vente Carabobo
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