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Ahora Jefe se escribe con G de Gerente Feliz

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Gerente Feliz
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El home office y el teletrabajo desdibujaron los límites de la oficina y muchos profesionales no logran mantener un equilibrio entre la vida personal y la profesional, sufren de ansiedad y estrés en sus vidas, y no saben cómo detener esto y ejercer un verdadero cambio.

Es por eso que, hoy más que nunca, la felicidad se plantea como un reto tanto para el gerente moderno como para las empresas y el líder que quiere impactar a sus equipos de trabajo.

GEFE es un programa diseñado con la visión de formar Gerentes Felices, con la intención que la persona reciba las herramientas efectivas para transformar resultados que le permitan vivir de una manera más feliz.

Nadie busca lo que no conoce, hoy más que nunca vemos a más y más personas persiguiendo una felicidad inalcanzable por tener el enfoque equivocado.

Es por eso que, Eduardo Martí, fundador y director de Forja Consultores, experto en gerencia, liderazgo, motivación y poder personal, con más de 30 años de experiencia en el área corporativa, y Maritza Rodríguez, periodista especializada en Comunicación Organizacional, coach ontológico con formación en Liderazgo Generativo, Instructora del Método Cyclopea de Activación Interna de Glándula Pineal, decidieron aliarse y diseñar el Programa de Formación Gerencial GEFE, Gerentes Felices, que se realiza en modalidad online con la facilitación de expertos y profesionales del el mundo corporativo y liderazgo, así como de lo espiritual.

GEFE está dirigido a profesionales y líderes de distintas áreas que encontrarán, en este programa, una forma de liberarse de todas esas restricciones que están limitando su potencial para avanzar hacia una existencia mucho más feliz, desde la cual llevar a cabo su rol de gerentes, desde una perspectiva diferente, potenciando sus conocimientos y habilidades.

El programa se conforma de 4 módulos y clases virtuales en 6 semanas, inició un nuevo ciclo este 31 de agosto, el cual brindará al participante la oportunidad de identificar aquello que frena sus capacidades, desbloquear aspectos limitantes para transformar resultados en su vida de manera armónica.

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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patinaje de velocidad
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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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