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La doctorcita guerrera

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La doctorcita guerrera: Por Alejandrina Salas.- Con ocasión de cumplirse este 15 de enero un año de la muerte de Lisbeth Ramírez, en la denominada Masacre del Junquito, su familia nos hizo llegar un relato sobre su vida, que reproducimos a continuación en tributo a su memoria:

En la ciudad de San Cristóbal, en la Cruz Roja del estado Táchira en 1988, nace Lisbeth Andreina Ramírez Mantilla, la menor de 5 hermanos, al nacer pesó 2,400 Kg. Durante su infancia fue una niña muy cariñosa, tranquila y ordenada, además muy inteligente, al crecer comienza su inquietud de ayudar, así no supiera ayudaba mucho a mi papá en quehaceres comunes de hombres, como a los 11 años lo ayudaba a cambiar el techo de la casa, con arreglos de electricidad y hasta en labores de construcción, para ella no había nada imposible, aprendió también a utilizar una vieja máquina de coser que mi mamá conserva aún, tenía muchas amistades pero sus mejores amigas eran Yusmery, Graciela y Geraldín.

Estudio la primaria en una escuela cercana a la casa materna en la que se crió, en un sector popular de San Cristóbal, el barrio San Sebastián, en la escuela Menca de Leoni, la secundaria también la estudia cerca, en el liceo Antonio Rómulo Costa, desde niña fue muy humilde y tranquila, para ella las cosas materiales siempre estaban de segundo plano, no era su prioridad, desde muy pequeña la ropa que no le quedaba la regalaba a quien la necesitaba, tenía algo muy bonito, todo lo reciclaba, a veces le decíamos que parecía una viejita guardando todo lo que los demás querían botar, ella decía: ¡Déjemelos ahí que algún día los voy a necesitar, no me boten nada! Y cuando menos pensábamos hacia bolsos con pantalones viejos o adornos para el baño, pintaba las piedras, todo lo quería hacer, lo que no sabía se lo inventaba, como nos reíamos.

Tenía un gato y dos perritos, el gato era especial para ella, se llamaba Firifiri, era siamés, era muy raro ese gato, la quería tanto que la celaba de todo el mundo y cuando no lo acariciaba la aruñaba, cuando Firifiri murió, ella lloró mucho. No le gustaba mucho salir a discotecas, le gustaba más compartir con la familia, su pariente favorito era “mi tío Martín”, así le decía. A pocos meses de graduarse de bachiller comienza a trabajar a las afueras del CICPC, alquilando teléfonos. Allí conoce a su único y gran amor, Jairo Lugo Ramos. Nunca le conocimos otro novio o enamorado. Jairo, un muchacho maracucho de nacimiento y estudiante de la Guardia Nacional de la escuela de Michelena, donde también estudiaba su hermano Abrahán Lugo Ramos.

Cuando sale del liceo ingresa a estudiar enfermería en el IUGC aquí en San Cristóbal, tenía mucha devoción por su carrera y la ponía en práctica siempre ayudando a los vecinos en urgencias de salud, muchos le decían la DOCTORCITA. Cuando se gradúa de enfermera se va a estudiar odontología en Maracaibo, donde vivía con la familia Lugo Ramos, de buenos valores, humildes y cristianos. Junto a ellos se acentúa más su inclinación de ayudar a las personas más necesitadas, cuando iba a visitar a mi mamá en vacaciones de la universidad o cuando podía, mientras no tuviera exámenes, le pedía a los vecinos y amigos ropa, juguetes y comida para llevarle a los niños de la Guajira, y en Navidad, junto a la familia y la iglesia a la que acudía, les llevaba una sonrisa a los niños.

Siempre tenía en su pensamiento a mis padres, los adoraba, cada vez que venía le demostraba cuanto los amaba, les decía: ¡mamá déjeme acostarme con ustedes en la cama como cuando era chiquita! Como era muy estudiosa lo aplicaba con sus sobrinos, ellos le huían porque los hacia llorar, cada vez que venía les revisaba los cuadernos y se los ponía al día, le gustaban muchos los niños y aunque no tuvo uno propio siempre pensaba en casarse con Jairo, tenían años comprado los anillos de matrimonio y decía que apenas terminara de estudiar si se iba a dedicar a tener su familia. Tenía un resabio, cuando salía de casa siempre se le olvidaba algo y se regresaba como cinco veces jajaja.

Su equipo favorito de béisbol era las águilas del Zulia, le gustaba escuchar mucha música pero su favorita era la música de Marcela Gandara, la colocaba mientras hacía oficios de casa, en estos últimos años siempre hablaba de cómo se estaba deteriorando las cosas en el país, el transporte, la falta de medicinas, de alimentos, allá en Maracaibo es más difícil conseguir todo siempre lo decía. En el 2017 ella se entera que nuestra hermana Shirley, una de las mayores es diagnosticada de cáncer de seno, eso fue muy fuerte para ella, siempre le ayudaba a buscar las medicinas y estaba pendiente de ella, en octubre de ese es operada y estuvo aquí en San Cristóbal ayudándola.

Fue cuando más hablaba de Venezuela, que le tocaba más fuerte la universidad porque llegaba tarde a algunas materias por la falta de transporte, explicaba que le tocaba caminar mucho para llegar y luego para regresar, que seguiría luchando hasta el final, que no quería irse de su país, pero si le tocaba quería terminar su carrera. El 23 de diciembre de 2017 llega al Táchira a pasar navidad con la familia, disfruto mucho, más de lo normal, sin saber que sería su última navidad aquí en la tierra.

De su embarazo no tenemos certeza, ella desde meses anteriores, como en julio, nos enteramos que no se cuidaba, pensábamos como familia que en cualquier momento saldría embarazada, si la vimos extraña en diciembre, más gordita, era muy delgada, pero dijo que era por el estrés del estudio. En diciembre tenía más barriguita, pero como ella era muy alta, pues si estaba embarazada no se le notaba. Nunca nos dijo si lo estaba. Le preguntábamos y lo que hacía era reírse y se escondía. Nosotros pensamos que sí lo estaba porque estaba diferente y el hermano de Jairo le dijo que ella si lo estaba, claro nos enteramos luego de su muerte.

Alejandrina Salas

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Activos en el Activismo: El motor de la transición ciudadana en Venezuela

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Por: Luis Junior Vivas
Valencia, junio de 2026

​El activismo político no es una fuerza estática ni un simple registro de reclamos en papel; es el tejido vivo de la historia democrática. A lo largo de los siglos, los grandes giros de la humanidad —desde las sufragistas británicas hasta el movimiento por los derechos civiles de Martin Luther King— no nacieron en los despachos institucionales, sino en las calles, impulsados por ciudadanos comunes decididos a desafiar el statu quo.

​En Venezuela, esta herencia es profunda. La identidad republicana del país se forjó bajo el fuego de un activismo civil y militar que rompió las cadenas coloniales, y se redefinió en el siglo XX con la Generación del 28, aquellos estudiantes que plantaron cara a la dictadura gomecista y sembraron las semillas de la era democrática. Hoy, esa necesidad de participación vuelve a ser el epicentro de la realidad nacional.

​En el panorama contemporáneo, la figura de María Corina Machado ha redefinido el concepto de activismo en Venezuela. Su propuesta, enmarcada en un liberalismo popular y un férreo compromiso libertario, transformó la tradicional forma de hacer política en el país.
​Machado ha demostrado que el activismo no se limita a las dinámicas de los partidos tradicionales; se trata de una lucha ética, de resistencia y de organización de base. Desafiando inhabilitaciones, bloqueos de carreteras y persecución, su presencia en cada rincón del territorio nacional y fuera de el ,despertó una fuerza ciudadana que parecía dormida, convirtiendo la causa de la libertad venezolana en un movimiento civil sin precedentes en la historia reciente de la región.

​»Activos en el Activismo»: El eco que nace en Carabobo

​Es precisamente en este contexto de movilización permanente donde nacen las ideas que guían la acción. Desde la Coordinación Regional de Activismo de Vente Carabobo, se acuñó una frase que hoy resuena como un mantra para miles de ciudadanos: «Activos en el Activismo».

​Más que un eslogan de campaña, este término nació en tierras carabobeñas como un llamado a la acción consciente y permanente. Significa entender que la libertad no se espera pasivamente, sino que se construye a diario a través de la formación, la movilizació y la presencia en las comunidades. El estado Carabobo, históricamente vinculado a las gestas libertarias del país, vuelve a ponerse a la vanguardia conceptual de la resistencia civil con esta premisa.

​El activismo venezolano se encuentra hoy en su encrucijada más crítica y determinante. En el marco de una compleja transición política, el objetivo inmediato está firmemente trazado: confluir y presionar por un proceso electoral presidencial con plenas garantías democráticas.
​Los desafíos para quienes nos mantenemos «Activos en el Activismo» son monumentales:

​Organización y defensa del voto: Estructurar y seguir fortaleciendo redes ciudadanas capaces de movilizar a millones de electores y cuidar cada sufragio en condiciones adversas en un inevitable proceso electoral que más temprano que tarde se realizará en nuestro país.

​Vencer la censura: Convertir a cada ciudadano en un canal de información veraz ante el bloqueo de los medios de comunicación tradicionales, la persecusión y el amedrentamiento que aunque ha disminuido aún persiste por parte de las fuerzas del régimen.

​Mantener la ruta pacífica y constitucional: Resistir las provocaciones que buscan desmovilizar a la población, manteniendo el foco en la vía electoral como el mecanismo legítimo para el cambio.

​El camino hacia la transición presidencial no será sencillo, pero la historia demuestra que cuando una sociedad civil se organiza bajo un propósito claro, no hay estructura que pueda detenerla. El activismo en Venezuela ha dejado de ser una opción; hoy es el deber ciudadano que define el futuro de la República.

Abg. Luis Junior Vivas
Coordinador Regional de Activismo
Vente Carabobo

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