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El Monstruo de Caricuao se escapó de El Rodeo II

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Se fugó de la cárcel “El Rodeo II” el asesino en serie conocido como Monstruo y Estrangulador de Caricuao quien quien tiene sentencia máxima de 30  años por violar y matar a cinco mujeres y una niña de un año.

Francisco Abraham García Hernández, de 37 años de edad, quien primeramente era llamado “El Barrendero”, burló la seguridad del recinto carcelario y escapó el sábado en una hora no precisada aún por las autoridades.

Primer caso en Venezuela: Monstruo de Caricuao

El Monstruo y Estrangulador de Caricuao es el primer caso de un asesino en serie que se registra en el mundo criminal de Venezuela. Fue apresado el año 2017 luego que las investigaciones de los sabuesos del Eje de Homicidios del Cicpc los guiaron hace tres años hasta este sanguinario, reveló una fuente policial.

El lugar que escogió “El Barrendero” para plasmar su crueldad fue el Hotel El Oasis, ubicado en la avenida San Martín de Caracas.

Las pesquisas despejaron las dudas del equipo de profesionales en la criminalìstica de la policía científica. El culpable de todos los asesinatos era García, así lo demostró el análisis de los videos captados por las cámaras de seguridad del hotel El Oeste.

Además, las pruebas de ADN practicadas a los cadáveres; tejidos de piel, semen y sangre, lo ubicaban en la escena del crimen. Utilizaba el mismo modus operandi, secuestrar prostitutas de contextura robusta, golpearlas en el rostro, violarlas y asesinarlas.

Entre las víctimas del “Monstruo” y “Estrangulador de Caricuao” están: Luisa Josefina Arteaga Hernández (66), una trabajadora sexual de la plaza Capuchino; Zuleima Josefina Echenique (56), Alejandra Carolina Castañeda Amaro (38), Aleiva Betzabeth Acosta González (25), Drehmerly María Acosta, de un año, su hija, e Ingrid Bello (35).

De acuerdo a las investigaciones del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) personas desaparecieron el pasado 19 de julio del 2014 en la UD – 3 de Caricuao.

Las primeras pesquisas dieron paso a lo que sería el principio de una historia de pesadilla para los funcionarios que tenían los casos asignados. Cada uno era más desgarrador que el anterior.

Francisco Abraham García Hernández dejaría de llamarse “El Barrendero” para darle paso al apodo de “Monstruo” y  “Estrangulador de Caricuao”, remoquete que compaginaba con su actuación macabra y perversa con crímenes que cometió.

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El reloj marcaba las 5.30 de la tarde, cuando comisiones del cuerpo detectivesco adscritas a la subdelegación de El Paraíso atravesaron el Puente Nueve de Mayo hasta llegar a la plaza Capuchinos, justo en el semáforo cruzaron a la izquierda, desembocaron en la avenida San Martín, frente al hotel El Oeste, un antiguo hospedaje familiar de 100 habitaciones y tres pisos.

Una vez dentro recorrieron el estrecho y largo pasillo que conduce a la habitación 115, en la planta baja; abrieron la puerta “familiar”.

Sobre la cama permanecía el cadáver desnudo de una mujer, tenía el rostro cubierto con una toalla ensangrentada, había salpicaduras de sangre a su alrededor.

En el piso estaba tirado un preservativo usado, droga y objetos personales, apartaron la tela que cubría a la infortunada, el “Barrendero” le fracturó los huesos de la cara a Arteaga. Las piezas comenzaron a encajar, “esta es la segunda víctima”, murmuraron los detectives.

La muerte de esta presunta meretriz llevó a los sabuesos a un año atrás. El mismo asesino mató a Echenique, una cortesana, en la habitación dos del hotel Firenze, ubicada en la esquina de Hoyo, parroquia Santa Rosalía.

Le fracturó la cara de un golpe, luego la ahogó con una almohada, para desgracia de la mujer no se registró en la recepción porque el acto “era rapidito”.

Esta situación fue contraria a la del hotel El Oeste; la cámara grabó a García cuando entró, a las 4.00 de la tarde. Salió cuatro horas. “El Barrendero” tuvo tiempo de darse un baño después de cometer el femicidio.

Los investigadores compararon las imágenes con la descripción de “El Barrendero”, moreno, 1,70 metros de estatura, delgado, cabello rizado, frente amplia, cejas delgadas, nariz gruesa, ojos pequeños, boca grande, mentón agudo; las líneas del retrato hablado revelaron la verdad, es el mismo homicida. El crimen estaba resuelto, pero la historia no terminaba ahí.

El sospechoso tenía prontuario, verificaron sus datos en el Sistema Integrado de Información Policial (Siipol), la pantalla arrojó una solicitud por homicidio. Castañeda era la otra víctima, el “Monstruo” la conoció en un bar cercano a la empresa Embotelladora Venezuela, donde trabajaba como vigilante, la estranguló en un almacén mientras tenían relaciones sexuales, se quedó dormido junto a su cadáver.

El representante del Ministerio Público se alarmó al escuchar el nombre del maleante, lo conocía bajo el alias del “Niño”, implicado en el asesinato de dos mujeres y una bebé de un año en Caricuao. Aprovechó la oscuridad de la noche para interceptarlas en el bulevar, ahorcó a la dama mientras la violaba, a la pequeñita la arrojó en las riberas del Guaire.

Bello también cayó en las garras del “Estrangulador de Caricuao”, la encontraron muerta en una zona enmontada, frente a la estación del zoológico. “Yo no maté a nadie. Ese no soy yo”, aseguraba el imputado durante el interrogatorio formulado por las autoridades en tribunales.

Buscan al Monstruo de Caricuao

Con la fuga del Monstruo de Caricuao del penal El Rodeo II, ubicado un Guatire, estado Miranda, un asesino en serie anda en las calles y se convierte en una amenaza inminente para personas inocentes, sobre todo de sexo femenino. Las autoridades andan tras sus huellas; lo buscan día y noche, aseguró una fuente policial.

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ACN/@rubbol2006/Diario La Verdad/redes

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Raspachines: El trabajo de moda de los venezolanos en Colombia

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La migración de desesperados venezolanos que llegan a Colombia permite a los narcotraficantes contratarlos para laborar como raspachines en los sembradíos de coca.

En los cultivos ilícitos del Catatumbo, Norte de Santander, emplean a los venezolanos. Profesores, oficinistas, amas de casa e incluso menores de edad desplazaron a los raspa coca o raspachines (recolectores de hoja de coca).

Según las autoridades colombianas documentaron que en los últimos tres años el fenómeno se incrementó. Los venezolanos se ofrecen a trabajar en lo que sea y por lo que sea. Una vez que llegan a Cúcuta se desplazan a los sembradíos situados en los municipios Tibú, Sardinata y Hacarí.

Los clásicos raspa coca colombianos muestran su rechazo, pues se sienten desplazados por los hambrientos venezolanos. Aseguran que trabajan por la mitad del salario. En los últimos días agencias internacionales de noticias entrevistaron a los migrantes que muestran sus manos llenas de ampollas.

La crisis humanitaria de Venezuela convirtió a insospechados migrantes en raspa coca.  Los entrevistados admiten que jamás se imaginaron trabajar como “raspachines” en los campos del narcotráfico. Laborar para los narcotraficantes les permite llevar el sustento a sus hogares.

Raspachines como arroz

La mayor parte del dinero que ganan lo transfieren a sus familiares que sobreviven a duras penas en Venezuela. En Tibú, el alcalde Jesús Alberto Escalante admitió que la mano de obra colombiana es desplazada por estos venezolanos. En los sembradíos de coca obtienen, techo, comida y un salario menor al que perciben los colombianos.

En la actualidad cada día llega un promedio de mil migrantes a tierras del Norte de Santander. Según la Administración para el Control de Drogas (DEA), el 92% de la cocaína incautada en Estados Unidos proviene de Colombia. A muchos venezolanos les avergüenza desempeñarse en esos campos. Por ello prefieren mantener el anonimato. Lamentan que un régimen haya destruido la economía de su país y las esperanzas de los jóvenes.

Para el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci) de las Naciones Unidas, en el Norte de Santander se cultivan 24.831 hectáreas de coca. Allí los venezolanos encontraron su chamba de moda.

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