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¡Intensos en sabor y color! Prepara unos exquisitos cupcakes red velvet

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cupcakes red velvet
Foto: Fuentes.
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Tiernos, golosos y de intenso color rojo. Así son estos cupcakes de red velvet, la versión más coqueta de unos típicos ponqués y lo mejor es que no necesitas de huevo, para su preparación.

Si eres goloso estos cupcakes de red velvet con queso crema te van a encantar. Su llamativo color rojo los hace perfectos para celebrar el día de San Valentín, sin embargo pueden prepararse en cualquier ocasión.



El bizcocho queda muy tierno y esponjoso; mientras que la crema de queso les aporta un extra de jugosidad y dulzor.

Su preparación, aunque es algo elaborada, es muy sencilla. El truco está en evitar que el bizcocho quede seco y ponerle mucho mimo en la decoración.

Ingredientes de cupcakes red velvet

1 3/4 taza harina de trigo leudante

1/4 taza cacao en polvo

1 taza azúcar

1/2 taza margarina

cucharada aceite vegetal

1 cucharadita vainilla

taza leche completa 1

cucharada vinagre de sidra de manzana

2 cucharaditas colorante rojo

225 gramos queso crema blando

1 taza mantequilla sin sal blanda

Pizca sal

2 cucharaditas vainilla

4 tazas azúcar pulverizada

Preparación

Precalentar el horno a 350 F. Combina en un bol la harina y el cacao previamente cernidos.

Batir la mantequilla y el azúcar a velocidad media hasta obtener una mezcla cremosa. Añadir el aceite y la vainilla. Batir hasta unir bien. Agregar la leche y el vinagre; mezclar bien. Añadir el colorante rojo y batir hasta que esté uniforme.

Manualmente y con suaves movimientos envolventes incorporar la harina y el cacao.

Distribuir la mezcla en los capacillos a 3/4 de su capacidad. Hornear de 18 a 20 minutos o hasta que al introducir un palillo salga limpio.

Retirar del horno y enfriar sobre una rejilla.

Para decorar:

Batir el queso crema con la margarina hasta cremar muy bien. Añadir la sal y la vainilla. Agregar por último el azúcar. Y seguir batiendo hasta que la textura se pegajosa.

Con una manga pastelera y la boquilla de su preferencia decorar cada cupcake. Buen provecho a disfrutar de unos exquisitos cupcakes red velvet.

.ACN/Código Cocina

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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patinaje de velocidad
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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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