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¡Cremoso y dulce! Receta de pie de limón y merengue fácil
El pie de limón y merengue es una de las más demandadas para servir durante las reuniones familiares y amigos.
Normalmente acostumbramos a encargarla en la pastelería más cercana; pero, ¿por qué no hacerla en casa?
El resultado será un pastel mucho más económico y realizado según nuestros gustos personales.
Toma nota de los ingredientes que te exponemos y aprende a preparar este pie de limón y merengue fácil y realmente delicioso.
Ingredientes:
- 2 tazas de harina (280 gramos)
- 4 unidades de huevos
- ½ taza de jugo de limón
- 1 taza de leche condensada (240 gramos)
- 125 gramos de mantequilla
- 1 taza de Azúcar (200 gramos)
- 3 cucharadas soperas de azúcar
- 2 cucharaditas de polvos de hornear
Pasos a seguir para hacer pie de limón y merengue :
Lo primero que debes hacer es preparar la masa base del pie. Para ello, mezcla la harina con los polvos de hornear, un huevo; la mantequilla y el azúcar.
Deberás amasar hasta obtener una masa suave y blanda.
Cuando la tengas, forra todo el molde con la masa y hornéalo durante 10 minutos a 170 ºC. Cuando esté listo, retíralo y resérvalo.
Ahora es el turno del relleno del pie de limón. Mezcla el zumo de limón con la leche condensada hasta formar una crema suave.
Vierte esta crema sobre la masa que horneaste en el paso anterior y reserva el pastel.
Ahora que ya tienes el relleno, solo falta el merengue para la cubierta. Para ello, separa las claras de las yemas de los tres huevos restantes y bate las claras a punto de nieve.
Cuando estén casi listas, incorpora poco a poco el azúcar y sin dejar de batir.
Con la ayuda de una manga pastelera, reparte el merengue con forma de picos. Si no dispones de manga; simplemente coge una espátula y repártelo por toda la parte superior del pie de limón.
Ahora, hornea el pastel durante unos minutos para que el merengue endurezca ligeramente y se dore.
Cuando esté listo, retíralo, deja que se enfríe y ya puedes servir el pie de limón y merengue.
Como ves, se trata de una receta muy sencilla y deliciosa; ideal para una tarde.
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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