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¡Trigasmo! La bomba atómica del orgasmo femenino

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Cómo tener un trigasmo - ACN
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A pesar de que durante mucho tiempo se consideraba que la estimulación del clítoris y el punto G eran las maneras de hacer a una mujer llegar al clímax, hoy en día, la estimulación anal se considera no sólo una zona accesoria, sino también una fuente propia de placer.

El trigasmo es un orgasmo sincronizado en las tres zonas o formas de estimulación; estimulando los tres puntos específicos de la mujer: el punto G, el clítoris y el ano; logrando lo que ella llama “una verdadera bomba atómica sexual” se considera una de las nuevas y más placenteras formas de llegar al orgasmo.



¿Te atreves a intentarlo?

La sexóloga Ava Cadell asegura que poder alcanzarlo puede ser complicado al principio, pero esto se agiliza con la práctica. Es muy importante que la mujer conozca su cuerpo y lo que le gusta o no.

De acuerdo a Cadell, la estimulación del clítoris es esencial para lograrlo. Esto se debe a que el sistema nervioso se encuentra muy sensible facilitando el camino.

Una vez que la vagina empieza a lubricar se debe proceder a encontrar el punto G. El cuerpo femenino es diferente, pero generalmente este se encuentra en la zona superior de la pared frontal muy cerca del agujero de la vagina.

El último paso es estimular el ano, lugar que puede ser incómodo para las mujeres. Para evitar el dolor se debe estar relajada y muy excitada, por supuesto se debe hacer uso del lubricante. Una vez que empiece a abrirse con caricias, tu pareja puede ir introduciendo un dedo poco a poco hasta acostumbrarse.

Esta combinación creará el inolvidable y ansiado trigasmo, una explosión sexual que te dejará pidiendo más.

¿Cómo tener  un trigasmo? La bomba atómica del placer

Existen algunas posturas que pueden ayudar a alcanzarlo, algunas de ellas son:

Sexo oral: Tu pareja debe jugar con el clítoris con la lengua. Esto debe ocurrir mientras se utiliza dos dedos para estimular el punto G y el ano.

Vaquerita: Mientras la mujer está arriba estimulando su clítoris. El hombre a través de la penetración buscará el punto G, y al mismo tiempo usa un vibrador o dedos para estimular el ano.

En cuatro: La mujer debe estimular el clítoris. Mientras tu pareja con su mano llega al punto G, y realiza una penetración anal con su miembro o un juguete sexual.

ACN/ Mujer de 10

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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patinaje de velocidad
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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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