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¿Birra? ¿Fría? ¿Chela?: PedidosYa presenta “Las mil y una formas de decirle a la cerveza”
Cada país tiene sus costumbres, tradiciones y formas de hablar y, por ende, una manera particular de denominar a una de las bebidas más populares de la región: la cerveza.
Por este motivo, PedidosYa reveló cuáles son las formas de llamar a esta bebida.
Una de las palabras más populares es birra, la cual se utiliza mucho en países como Argentina, Uruguay, Costa Rica y Venezuela.
Otra forma de referirse a la cerveza es chela en el caso de Chile, Perú y Honduras, mientras que los dominicanos se refieren a ella como frías.
Guatemala y Bolivia también comparten estos dos términos.
Otro nombre curioso que reveló el estudio elaborado por la compañía de quick – commerce es el que se utiliza en Paraguay, donde a la botella de 1 litro se le dice ñoño.
Por otro lado, en Ecuador se la denomina biela, en El Salvador se la conoce como amargas, chola, timbona o
galana y en Nicaragua se popularizó el término heladas o bicha.
Para acompañar esta bebida, la mayoría de los latinoamericanos eligen pizza, hamburguesa o asado.
Sin embargo, en países como Costa Rica, prefieren la birra con chifrijo, plato compuesto de chicharrones, chimichurri y frijoles.
Por su parte, Guatemala y Ecuador consideran que el ceviche es el acompañamiento ideal de la chela.
Otro maridaje perfecto para la cerveza es el del pollo frito en Venezuela y a las brasas en Perú.
Según información revelada por PedidosYa en el último año Argentina es el país que más pide cerveza a través de la plataforma
Seguido de Chile, Uruguay, Perú y por último, República Dominicana.
¿Qué sucede con las frías en Venezuela?
Además, la empresa de quick – commerce registró que la hora en la cual el consumo aumenta es a las 5 de la tarde, y realizó un top 5 de las ciudades más cerveceras del país:
1.- Caracas
2.- Barquisimeto
3.- Maracaibo
4.- Mérida
5.- Valencia
Nota de prensa
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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