Hombre & Mujer
La arepa venezolana reinventada en Europa
La harina de maíz para darle forma a la famosa arepa venezolana está en auge; en casi todos los abastos y supermercados (marketing) de Europa; y procede, aunque usted no lo crea; de la fábrica de Molino Favero en Italia que produce hasta la Harina PAN de Empresas Polar.
… Pero, ¿Qué sabe usted de la arepa?. Aquí se lo contamos todo, con lujo de detalles. En una próxima entrega también lo contaremos de los rellenos.
La arepa es un alimento de origen precolombino de Colombia y Venezuela. En un principio, hecho a base de harina de maíz sancochado y pilado posteriormente y amasado; para fabricar la masa, con la cual se hacen bollos y arepas, asadas, fritas y horneadas.
Pero fundamentalmente, la arepa es el plato típico venezolano por excelencia, junto a la hallaca. Es consumida en toda la geografía del país; se suele comer casi todos los días en desayunos, almuerzo y cenas.

Arepas con harina italiana
Un fabricante italiano acapara la mayoría de la producción; de harina para arepas en Europa. Una empresa familiar fundada hace casi un siglo; dio un giro en su negocio para convertirse en el principal productor de harina de maíz del continente. Y la gran sorpresa es que también fabrica la famosa Harina PAN de Empresas Polar. Así que la fábrica de Molino Favero en Italia; produce harina de arepas para toda Europa.
Casi toda la harina para arepas, empanadas y hallacas que se consume en Europa; procede de un lugar sorprendente, de una discreta pero emergente fábrica en Padua, Italia. Lo que comenzó como una empresa de la familia Favero; dedicada a la producción de granos y harinas de trigo; se ha convertido en el principal productor de harina de maíz de Europa.
La empresa, tradicionalmente dedicada a la fabricación de harina para pastas; dio un giro en los años 90 para comenzar a producir productos de maíz. Hoy, fabrica el producto para al menos tres grandes marcas en Europa; Hacendado, América (de la distribuidora América Import) y Harina PAN.

Las ventas de Harina Pan en España
Empresas Polar elimina el maíz transgénico de su popular Harina PAN en toda España. La decisión llega después de que Mercadona, supermercado líder del país; decidiera eliminar el producto venezolano para producir su propia harina sin transgénicos.
Harina PAN ha desechado el maíz transgénico; para la venta de sus productos en España / Foto: Empresas Polar.
Los paquetes de la famosa Harina PAN, el producto estrella de Empresas Polar; ya no contienen en España maíz transgénico; como había sido habitual en los últimos años.
Polar, que comercializa sus productos en España con la distribuidora de alimentación estadounidense Goya; ha decidido eliminar el polémico maíz transgénico de su formulación. Y ahora hace marketing de ello. El conocido paquete amarillo de un kilo incorpora el reclamo publicitario: “No GMO”.
¿De dónde es la arepa realmente: venezolana o colombiana?
El origen de la arepa es un tema a menudo contencioso entre venezolanos y colombianos. Su verdadera procedencia quizá sorprenda a más de uno. ¿De dónde es la arepa realmente: venezolana o colombiana?
Tanto en Colombia como en Venezuela le llaman «arepa» a una masa redonda hecha con maíz. Para muchos dentro de estos territorios, es un alimento indispensable.
No es la única masa redonda hecha con harina de maíz que se consume en América Latina. De hecho, existen más variedades que reciben otros nombres; como las gorditas en México o las pupusas en El Salvador.
Pero si colombianos y venezolanos se reúnen; y en la conversación surge de dónde proviene la arepa; hay que prepararse para una discusión caldeada y llena de argumentos.
«La arepa es como el pan en Venezuela», dirá uno. «Pero es que la arepa original es de Colombia, sin relleno», dirá el otro.
Lo cierto es que este producto se consume ampliamente en ambos países; y es muy probable que pocos venezolanos o colombianos le digan que no «a una arepita».

BBC Mundo queremos despejar esa y otras dudas sobre las arepas.
Entonces, ¿de dónde es la arepa?
«Los cronistas y los datos arqueológicos nos hablan de que la arepa es un alimento; que existió antes de la llegada de los conquistadores españoles a América»; le dice a BBC Mundo Ocarina Castillo, antropóloga de la Universidad Central de Venezuela; y autora del libro Los panes de esta tierra; que ahonda en el uso histórico en ese país de productos como el maíz, la yuca y el plátano.
En algunos de estos documentos aparecen descritos instrumentos; que se utilizaban para hacer preparaciones de maíz; como piedras de moler y budares, unas planchas circulares que se usan para cocer o tostar alimentos como la arepa y el cazabe (tortilla de yuca).
El maíz, además, aparece catalogado como uno de los alimentos; base de la dieta indígena a lo largo y ancho del continente.
Según los registros, los indígenas cumanagotos; que habitaban lo que hoy en día es el estado venezolano de Sucre, le llamaban «erepa» al pan de maíz de forma redonda que solían consumir; como lo documenta el historiador venezolano Miguel Felipe Dorta en el libro ¡Viva la Arepa! (2015).
Pero, ¿quiere esto decir que la arepa proviene originalmente del territorio que luego se convirtió en Venezuela? No realmente.
«Tiene un significado meramente lingüístico», aclara Castillo. «Lo único que quiere decir es que cuando los españoles llegaron allí, escucharon a los cumanagotos referirse a ese alimento de ese modo».
Aunque no se ha precisado cuál puede ser el territorio exacto donde se cocinó una arepa por primera vez, sí se han podido definir las fechas más antiguas de presencia de maíz tanto en Colombia como en Venezuela.
En Colombia, el primer registro de la existencia de maíz data de hace unos 3.000 años, mientras que en Venezuela la estimación es de unos 2.800 años atrás.
«Lo que nos dicen estas cifras es que ocurrió casi en simultáneo», le dice a BBC Mundo Julián Estrada, antropólogo colombiano y estudioso de los alimentos originarios de América.
El detalle está, añade Castillo, en que para ese momento ese territorio estaba lejos de convertirse en dos países con fronteras demarcadas.
«Para nuestro pasado ancestral, ahí lo único que había era la ribera norte del Meta y la ribera sur del Meta. El lado oriental de Lago de Maracaibo y su lado occidental, Pero no había orden, ni países», dijo.
¿Conclusión? No es posible asegurar que la arepa es de un país o del otro, pero lo que sí se puede afirmar es que es un alimento de origen indígena.
Se llama igual, ¿pero es diferente?
Los historiadores gastronómicos de Venezuela y Colombia coinciden en que las cocinas de ambos países guardan ciertas similitudes. Una de ellas, precisamente, es la arepa.
Por ejemplo, la arepa de huevo, frita y rellena con huevo, es común tanto en el departamento colombiano de La Guajira, como en el estado venezolano de Zulia, ambos fronterizos.
Sin embargo, también hay una gran variedad de arepas en ambos países.
«Depende del maíz, de cómo se amasa, si se hace gruesa, delgada, pequeña, grande, si lleva aderezos. Es todo un mundo», señala Estrada.
También hay distintas formas de cocinarlas: asadas, fritas u horneadas.
La explicación para tal variedad, señala Castillo, son las «preferencias y razones culturales que hacen que cada región consuma el maíz de forma diferente».
¿El relleno hace la diferencia?
En el entendimiento generalizado, dicen los expertos, la gran diferencia entre una arepa de Venezuela y una de Colombia es que la primera lleva relleno.
«En Colombia se le llama ‘arepa con todo‘ a la venezolana, porque viene con todo tipo de preparaciones adentro: carne, fríjoles negros, plátano maduro, pollo, aguacate, hasta huevos de codorniz», describe Estrada.
La combinación de estos rellenos es lo que le ha otorgado sobrenombres a las arepas venezolanas: la «pelúa», por ejemplo, lleva carne desmechada y queso amarillo rallado, mientras que la «reina pepiada» tiene una mezcla de pollo desmechado con aguacate y mayonesa.
En Colombia, por el contrario, muchas de las arepas no suelen llevar nada adentro, si acaso un poco de mantequilla y queso por encima.
El hábito de rellenarlas, sin embargo, fue un gusto adquirido por los venezolanos a mediados del siglo XX.
«A mediados de la década de 1950, un grupo de señores que venían de Los Andes venezolanos abrieron unos comercios en los que le ponían relleno a la arepa», señala Castillo.
Antes de esa innovación culinaria, dice la antropóloga, la arepa se consumía en Venezuela de una forma más simple, como un pan para acompañar con la comida.
Tal y como se consume todavía en la región de Antioquia, en el noroeste de Colombia.
«En las horas del almuerzo, se utiliza para limpiar las salsas, con la misma función que cumple el pan», detalla Estrada.
¿El alimento nacional?
«La arepa es un símbolo gastronómico de lo esencial venezolano, digno de un monumento», escribió el poeta Alfredo Armas Alfonzo en 1945, citado en el libro ¡Viva la Arepa!, del historiador Miguel Felipe Dorta.
Según explica Dorta, la arepa fue descrita por varios pensadores en Venezuela como un alimento patrimonial y un símbolo de identidad nacional. «Es un alimento irrenunciable, de absoluta centralidad en la mesa del venezolano», recalca la antropóloga Ocarina Castillo.
Pero, ¿pasa lo mismo en Colombia?
En Colombia, explica Estrada, no hay una unidad nacional en cuanto a la estimación de la arepa.
«El Eje Cafetero (departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda) sí la considera un símbolo alimenticio de su región y la incluye plenamente en la dieta.
Sin embargo, aclara Estrada, es un alimento de amplio consumo dentro de todo el territorio colombiano.
Dicho esto, tanto Colombia como Venezuela comparten entonces el gusto por esa masa redonda, que se puede asar, freír, hornear, rellenar o comer de manera simple, entre sus muchas -y muy ricas- variedades.
ACN/fm/BBC Mundo/Semana/David Placer
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Hombre & Mujer
El compromiso social en la palabra poética de Tarek William Saab
La confluencia entre la creación literaria y la defensa de las causas humanas fundamentales constituye uno de los fenómenos más ricos dentro de las letras hispanoamericanas contemporáneas. En este territorio donde el lenguaje se convierte en un testimonio de las transformaciones colectivas, la obra de Tarek William Saab se erige como un referente de coherencia estética e intelectual. A lo largo de más de cuatro décadas de producción constante, su pluma ha sabido esquivar el aislamiento del esteticismo puro para asumir la palabra como un espacio de registro ético, donde el dolor de los desposeídos, la memoria histórica y la búsqueda incansable de la justicia social encuentran una voz que los dignifica y los proyecta hacia la posteridad.
Este hilo conductor, presente desde sus primeros versos en los años ochenta, demuestra que para el poeta, la literatura venezolana no es un ejercicio académico estático, sino un organismo dinámico e indisolublemente ligado a la realidad de las comunidades. Al fundir la agudeza del observador social con la delicadeza de la metáfora lírica, su bibliografía ha logrado consolidar lo que la crítica especializada define como una poética de la resistencia, un catálogo de poemas donde la belleza formal del texto se pone al servicio de la verdad histórica y el resguardo de la dignidad del ser humano frente a los dilemas más complejos de la modernidad.
Los ríos de la juventud y el origen de la lírica comprometida
El nacimiento editorial del poeta venezolano Tarek William Saab, estuvo marcado por la urgencia de narrar las fracturas y esperanzas de una época de profundas tensiones políticas en la región. Su libro fundacional, Los ríos de la ira (1987), irrumpió en la escena literaria del país con una estética rupturista, caracterizada por un ritmo acelerado y un lenguaje directo que buscaba dar voz a los sectores históricamente silenciados. A este trabajo inicial le siguieron títulos clave que definieron la fisonomía de la poesía de los noventa en el territorio nacional, tales como El hacha de los santos (1992) y Príncipe de lluvia y duelo (1992), obras que obtuvieron importantes distinciones en certámenes como el Premio de Poesía de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y el concurso de la Casa Ramos Sucre.
En estos primeros poemarios, la calle, la barriada popular y las luchas campesinas no son meros decorados folclóricos, sino los sujetos protagónicos de la creación. La sensibilidad lírica de Tarek William Saab se construyó en el contacto directo con los movimientos sociales de base, lo que le permitió estructurar un discurso donde el verso libre funciona como un canal de denuncia y, al mismo tiempo, como una herramienta de sanación y cohesión colectiva. Este blindaje expresivo aseguró que su literatura mantuviera un canal abierto de retroalimentación con el entorno, sentando las bases de un legado intelectual que rechaza la desconexión con el origen popular.
La madurez humanista y el diálogo intelectual transfronterizo
Con el paso de los años, el estilo poético del escritor experimentó una evolución natural hacia la síntesis conceptual y la hondura filosófica, pero sin abandonar jamás el núcleo de su compromiso ético. Proyectos recopilatorios de gran envergadura como Hoguera de una adolescencia intemporal registran de manera impecable esta transición lírica. Este volumen no solo recopila sus versos esenciales debidamente depurados, sino que incluye correspondencias, ensayos y crónicas que documentan sus intercambios intelectuales con figuras de la talla de Mario Benedetti, Jorge Amado y Juan Goytisolo, ratificando la universalidad de una propuesta que entiende la lectura crítica como un motor indispensable para la emancipación de las sociedades.
«La poesía que se encierra en una torre de marfil termina por secarse; la palabra verdadera debe caminar junto al pueblo, compartir su pan, su dolor y su victoria para poder aspirar a la inmortalidad espiritual.»
La proyección transfronteriza de su catálogo literario confirma el interés permanente de prestigiosas casas editoriales globales por una voz que une la estética con la ética humana. Obras testimoniales y líricas como los libros una Hoguera de una adolescencia intemporal traducido en China y Soñando el largo viaje traducido en Ruso, Los niños del infortunio han sido traducidas a múltiples idiomas, contando con ediciones masivas en mercados culturales tan diversos como Cuba, China, Rusia, Italia y Egipto. Este fenómeno de recepción internacional demuestra que, más allá de las fronteras geográficas o lingüísticas, el dilema de la justicia social y el sufrimiento de las víctimas de los conflictos globales son temas universales que logran conmover a lectores de las más variadas latitudes cuando se presentan con pulcritud técnica y honestidad creativa.
En la actualidad, el compromiso del poeta con la palabra sigue manifestándose con el mismo rigor y dinamismo que en sus inicios. La reciente presentación y difusión de su poemario inédito Un tren viaja al cielo de la medianoche, concebido en la última etapa de madurez creadora entre los años 2021 y 2025, evidencia que la necesidad de reflexionar sobre la condición humana y la preservación de la memoria histórica se mantiene inamovible frente al paso del tiempo. Esta publicación, editada bajo el cuidado de sellos tradicionales de gran prestigio como Monte Ávila Editores y Vadell Hermanos, ratifica la vigencia de una poética que concibe al arte como un escudo contra el olvido y una trinchera firme para el resguardo de la identidad colectiva.
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