Internacional
Maduro y política de paz en la mira del presidente Duque
Colombia estrena gobierno. El derechista Iván Duque llega al poder empeñado en endurecer la política de paz; de su antecesor y en asfixiar diplomáticamente; al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. Todo apunta a que Duque comenzará a gobernar sin una tregua política o diplomática a la vista.
Abogado de 42 años y delfín del influyente ex mandatario y senador Álvaro Uribe -investigado por la Corte Suprema-, Duque juró al cargo para el que fue elegido por cuatro años el 17 de junio, tras vencer a la izquierda en segundo turno.
Duque sucederá al impopular Juan Manuel Santos, con quien inició su vida pública pero del que se apartó luego hasta convertirse en duro adversario, siempre de la mano de Uribe.
Aunque contará con mayoría en el Congreso, el ex senador enfrenta un difícil arranque de mandato y a una oposición que prepara protestas de bienvenida este mismo martes.
Cuarta economía de América Latina, Colombia está en una delicada fase de implementación de los compromisos que firmó con las FARC -la poderosa guerrilla convertida en partido-, al tiempo que afronta varios focos de violencia financiada por el narcotráfico.
Los narcocultivos treparon hasta 209.000 hectáreas en 2017, su máximo histórico.
Además del futuro de la paz, «la situación de su mentor, el ex presidente Uribe, y las relaciones con Venezuela son precisamente puntos claves» del inicio de la gestión, señala a AFP Diana Avellaneda, politóloga de la Universidad Javeriana.
Con el regreso del uribismo al poder, Colombia fortalece el bloque de derecha en la región tras los triunfos en Argentina, Chile y Perú, y con la expectativa de que se sume Brasil en los comicios de octubre. Nueve presidentes asistirán a la asunción de Duque.
Paz en cuestión
De entrada, el nuevo mandatario deberá darle forma a su promesa de modificar, «sin hacer trizas», el pacto que le valió el premio de Nobel de Paz a Santos y que condujo al desarme de unos 7.000 guerrilleros.
Duque y su partido Centro Democrático pretenden impedir que los antiguos jefes rebeldes acusados de delitos atroces sigan ocupando alguno de los diez escaños que les reservó el acuerdo de paz firmado con Santos a finales de 2016.
«Debemos trabajar por una Colombia en paz que proteja a la base guerrillera que se ha desmovilizado», afirmó el presidente electo, en un intento por apaciguar las críticas entre los defensores de los acuerdos.
El convenio con la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) todavía tiene pendiente por desarrollar su capítulo más sensible: el de la justicia pactada por las partes para las cientos de miles de víctimas que dejó más de medio siglo de conflicto.
Además quedan por incorporar reformas rurales que, en teoría, evitarán nuevos ciclos de violencia. Sin embargo, no es el único tema de paz en remojo.
Con unos 1.500 combatientes, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) -el último grupo rebelde reconocido oficialmente en Colombia- quiere retomar con Duque las negociaciones de paz que dejó sin concretar con Santos, pero el mandatario electo anticipó que impondrá nuevas y duras condiciones que nublan el panorama.
Además, «el problema del ELN es esa falta de cohesión interna que impide saber realmente si está interesado en meterse en un proceso de paz serio», señala Camilo Echandía, analista del conflicto de la Universidad Externado.
Maduro, lío mayúsculo
El menú de retos para Duque lo complementan los líos judiciales de Uribe -quien deberá rendir indagatoria por soborno y fraude procesal, lo que complica su liderazgo en el Senado- y la explosiva situación en Venezuela y su coletazo migratorio.
Bajo la administración de Santos, Bogotá prácticamente congeló todas sus relaciones con Caracas y pasó a liderar la campaña internacional que condena la «dictadura de Maduro» y pide un cambio pacífico de régimen.
Quizá este sea el único punto en que coinciden los gobiernos saliente y electo. Duque quiere llevar un paso más adelante la presión sobre Maduro en busca de «elecciones libres», a través una estrategia coordinada con otros gobiernos.
«Venezuela es un reto mayor en dos frentes», señala Sebastián Bitar, de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Los Andes.
Según el experto, por un lado, el «ELN continúa usando territorio venezolano para proteger a sus miembros» y, del otro, está «la amenaza de inestabilidad en ese país ante una potencial nueva ola de protestas y represión».
Precisamente, Maduro involucró a Santos en un supuesto plan para asesinarlo mediante drones con explosivos el fin de semana último, una acusación que Bogotá negó con énfasis.
Tras el confuso incidente, el gobernante venezolano prometió perseguir a los responsables con mano de hierro.
«Esto causaría mayor migración hacia Colombia y problemas de seguridad en la frontera mayores a los que ya tenemos», enfatiza Bitar.
Se calcula oficialmente que unos 820.000 venezolanos han sido regularizados o están en ese proceso en territorio colombiano, tras huir de la crisis económica en su país.
Todo apunta a que Duque comenzará a gobernar sin una tregua política o diplomática a la vista.
ACN/diarios
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Internacional
Estados demandan a admnistración Trump para frenar norma que dificulta obtener green card (+ video)
Estados demandan a administración Trump. Nueva York y otros 21 estados están demandando a la administración Trump para bloquear una nueva norma del Departamento de Seguridad Nacional que otorgaría a los funcionarios de inmigración mayor discrecionalidad para denegar tarjetas de residencia (green cards), visas o la entrada a Estados Unidos, al determinar si los solicitantes podrían llegar a depender de ayudas gubernamentales.
El cambio en la norma, cuya entrada en vigor está prevista para el viernes, probablemente dificultaría que muchos inmigrantes obtengan la residencia permanente si utilizan —o se considera probable que necesiten— beneficios públicos como cupones de alimentos, Medicaid o vales de vivienda.
La fiscal general del estado de Nueva York, Letitia James, y el alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani —quien lidera una coalición de ciudades que presenta una demanda similar—, anunciaron la acción legal durante una conferencia de prensa en el Ayuntamiento de Manhattan el lunes.
Estados demandan a administración Trump…
Estados demandan a administración Trump. “La norma permitiría a los agentes de inmigración considerar el uso de beneficios fundamentales como Medicaid y SNAP (el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria), e incluso la participación en programas de comidas escolares, como parte de la situación del solicitante”, dijo James. “Eso significa que los neoyorquinos inmigrantes podrían verse obligados a plantearse preguntas imposibles: ‘¿Afectará negativamente a mis posibilidades de obtener la residencia permanente el hecho de contratar un seguro médico? ¿Se utilizará en mi contra el haber aceptado ayuda alimentaria en momentos de dificultad?’”.
Los estados, cuya demanda también incluye al Distrito de Columbia, argumentan que perderían miles de millones de dólares en fondos federales si los inmigrantes —particularmente las familias de estatus migratorio mixto— se dan de baja de los programas por temor a consecuencias migratorias.
¿A qué se refiere?
La demanda se refiere a los cambios pendientes en lo que se conoce como la norma de “carga pública” (public charge), una disposición de la ley de inmigración de EE.UU. que permite al gobierno denegar una visa o tarjeta de residencia a alguien que, según determina, probablemente dependerá de la asistencia gubernamental.
Históricamente, los funcionarios de inmigración solo contabilizaban los beneficios en efectivo —como la Asistencia Temporal para Familias Necesitadas o el Ingreso de Seguridad Suplementario de la Seguridad Social— en sus evaluaciones. Sin embargo, el cambio pendiente de la administración Trump no especifica qué programas de red de seguridad deben considerarse, lo que significa que también podrían incluirse beneficios no monetarios como Medicaid y vales de vivienda.
“Las familias trabajadoras no deberían verse obligadas a prescindir del apoyo que necesitan por temor a que solicitar asistencia provoque su deportación”, afirmó James en un comunicado. “Esta norma se aprovecha de ese miedo y cuenta con que las familias renuncien a la asistencia alimentaria, la cobertura de atención médica y otros beneficios públicos a los que tienen derecho legalmente”.
La norma se centra en personas que ya tienen un estatus legal en EE.UU. Los inmigrantes indocumentados no son elegibles para recibir beneficios públicos.
Disuadir a inmigrantes de inscribirse en programas
La ampliación de la norma de carga pública forma parte de los esfuerzos más recientes del Gobierno de Trump para disuadir a los inmigrantes de inscribirse en programas de red de seguridad para los que ellos o sus hijos ciudadanos podrían ser elegibles.
El “gran y hermoso proyecto de ley” del Partido Republicano, que Trump promulgó en julio de 2025, limita la elegibilidad de los inmigrantes legales para Medicaid y los cupones de alimentos. Los refugiados, las personas con asilo concedido y las víctimas de violencia doméstica y trata de personas con fines sexuales ya no reúnen los requisitos para participar en los programas. Solo los titulares de la tarjeta de residencia permanente (green card) y ciertos otros inmigrantes pueden inscribirse.
Por lo general, los niños que son ciudadanos estadounidenses siguen siendo elegibles, aunque es posible que muchos padres decidan no solicitar los beneficios en su nombre para evitar interactuar con el gobierno federal.
Nueva norma es «arbitraria y caprichosa»
La demanda presentada por James en nombre de Nueva York sostiene que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) está excediendo su autoridad, ya que el Congreso no aprobó una interpretación más amplia de lo que significa ser una “carga pública”. El estado, junto con otros demandantes, también argumentará que la nueva norma es “arbitraria y caprichosa”, y que el DHS ignoró las consecuencias perjudiciales del cambio y no lo justificó adecuadamente.
Las demandas de los estados y de los gobiernos locales se presentaron el lunes por la mañana ante el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York. Ambas solicitan al tribunal que declare ilegal la norma y que impida al DHS aplicarla. Hasta primeras horas de la tarde del lunes, ninguna de las demandas tenía un juez asignado ni una audiencia programada.
“La crueldad es el objetivo (del cambio de norma)”, declaró James el lunes. “El objetivo es generar un efecto disuasorio entre los inmigrantes. Es hacer saber a las personas que no son bienvenidas aquí. El objetivo es la hostilidad hacia la inmigración”.
“El hecho de que se vayan a negar beneficios a personas enfermas, hambrientas y sin hogar es algo inaceptable. Y por eso estamos buscando anular esta norma en el estado de Nueva York”, afirmó.
CNN se ha puesto en contacto con el DHS para solicitar comentarios.
ACN/MAS/CNN
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