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Artículo Robert Alvarado: Culebra entre Ameliach y Lacava

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Por lo que veo en la cuenta Twitter del polémico gobernador Rafael Lacava, @rafaellacava10, el “Carro de Drácula” se convirtió en el azote de los delincuentes en el Estado Carabobo, especialmente en Valencia, los carga a monte, no sólo los desafía sino que los entrompa él mismo en persona para ponerle los ganchos, eso no lo hizo con el ex gobernador de ese estado, Francisco Ameliach Orta, para no ridiculizarlo más allá de lo necesario a sabiendas de la caleta de productos alimenticios y medicina que tenía para su usufructo, lo dejó que gritara y pataleara, como vieja en la cola de un Clap cuando se le colean, para después asestarle un contundente golpe del cual el militar retirado no ha logrado recuperarse por más que buscó la ayuda del Fiscal General en funciones.

Jactarse del “Carro de Drácula”, como lo hace @rafaellacava10, es un claro indicio del problema que allí se presentó, no fue otro que una pelea por el control del carro psuvista en Carabobo, tal cual como ocurre en nuestras cárceles, en este caso, dos pranes de los rojos rojitos se enfrentaron para hacer prevalecer el supuesto poder político que tenían en menoscabo del otro. Resultado. Se impuso el hasta ahora ninguneado Rafael Lacava, a quien sus panas le dicen Drácula, de allí que su carro lleve ese mote. Años atrás, Ameliach lo convirtió en un hazmerreir para apartarlo de la carrera a la gobernación, hasta Chávez (https://www.youtube.com/watch?v=JedJP-Hs9Gg)  se prestó para esa jugada, pero ahora, como el Comandante es un muerto eterno, el que hasta ayer se creía todopoderoso en Carabobo hubo de morder el polvo de la derrota y bien feo que lo hizo.

Decir que Lacava es un pran, sería restarle méritos a su inconsciente labor de descubrir la putrefacción en predios del Psuv, así como acaparan alimentos y los revenden, porque eso era lo que hacía el mayor retirado del ejército venezolano, así mismito se cogen los dólares y se enriquecen ilícitamente con operaciones cambiarias que reportan ganancias incalculables. Que Lacava haya puesto al descubierto esa bajeza sin que se le aguara el guarapo, procediendo firmemente contra un baluarte psuvista de antaño, anticipa otros enfrentamientos que le harán honor al Campo de Carabobo, no sólo por el arrollador desempeño del “Carro de Drácula” sino también por los puentes que ha empezado a tender a la oposición, en la persona de Carlos Lozano Parra (@CaminaCarlos), Diputado Ambientalista a la Asamblea Nacional por Carabobo, quien supuestamente está vinculado al BOD. Aquí habría que decir, a quien buen árbol se arrima, buena sobra le cobija.

Ameliach dio pena ajena denunciando a Lacava ante el Fiscal General designado por la Asamblea Nacional Constituyente, Tarek William Saab, por intentar tomar la “sala operacional del PSUV”, con eso estaba diciendo “no me dejen sólo”, “sálvenme”, algo poco decoroso en un Constituyentista, una raya para un militar que debería morir con las botas puestas haciendo valer su gallardía y arrojo, nada de eso, el tipo estaba era pidiendo cacao para que no le descubrieran la vuelta en la que andaba. Antes había dicho: “Desmiento categóricamente que el PSUV o mi persona tenga galpones donde se acapara alimentos y medicinas. Eso es totalmente falso”. Ahí es donde yo digo, bien hecho Lacava, nos diste un espectáculo grandioso de la ¡Corrupción rojita!, definitivamente, a ese “Carro de Drácula” hay que tenerle miedo, si así es con los de la casa como será con los de afuera, no quiero ni imaginármelo, varios en el Buró Político del Psuv en Carabobo desde ya tienen sus barbas en remojo, hasta Héctor Agüero habría tomado sus previsiones para que el vampiro convertido en gobernador no le clave sus colmillos en la yugular.

Asunto arreglado, cuando se monta un nuevo pran con su carro, a los demás delincuentes les toca calárselo, si les gusta o no, ese es su problema, y eso nos lleva a considerar las dificultades que tendrá Tarek William Saab para “tomar las medidas necesarias” que le pidió el acaparador en contra del gobernador Rafael Alejandro Lacava Evangelista, tal como veo las cosas, en mi humilde opinión en su contra “por ahora no hay medidas que valgan”, al parecer violó la Ley, pero eso no representa ningún problema inexistiendo Estado de Derecho en Venezuela, y menos habrá delito si todo ese lío fue por un encontronazo entre Ameliach y Lacava por una supuesta sede del PSUV que terminó siendo un centro de acopio de productos alimenticios y medicamentos que pasaban a engrosar la espiral de especulación en la región.

Con ese entrompe del “Carro de Drácula”, si había una pugna entre Francisco Ameliach y el actual gobernador Rafael Lacava, se acabó, claro, el primero querrá desquitársela, cosa que no le aconsejo, sino que se vea en el espejo de los malandros que no quisieron entrar por el carril y se las dieron de alumbraos, que tenga bien presente que llamó “a la unidad revolucionaria y a no caer en la manipulación de la guerra sucia dirigida por enemigos de la Patria” y nadie salió en su defensa. En verdad prefiero a un Lacava con conductas poco revolucionarias, llevado por un frenesí de escoba nueva, jugando a equivocarse con el “Carro de Drácula”, con o sin estimulantes a decir de muchos, que seguir calándose a gente que encima de robar ni siquiera intenta errar en la conducción de los asuntos públicos como dicen que estaría haciendo el nuevo gobernador salido de Puerto Cabello y que puso fin a esa culebra matándola por la cabeza.

Cualquier información o sugerencia por robertveraz@hotmail.com robertveraz@gmail.comgrsndz628@gmail.com grsndz629@gmail.com o bien por mí teléfono 0414-071-6704 y además pueden leer esta columna y otras cosas más por la señal en vivo de RCTV INTERNACIONAL en mí página Web:www.robertveraz.galeon.com  Ahora mi columna se traduce en Inglés http://robertveraz.galeon.com/aficiones2595740.html y sigan mis comentarios y opiniones por @robertveraz en twitter ¡Hasta la próxima semana, Dios los bendiga!

El hombre vale porque es hombre, no porque es judío, católico, representante, alemán, italiano, etcétera” Hegel

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Entre la impunidad y el odio

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Entre la impunidad y el odio la absurda muerte de Nelson Martínez: Por Rafael Ramírez.- El pasado 12 de diciembre murió Nelson Martínez, trabajador de PDVSA, compañero de luchas durante diez años, ex mnistro de Petróleo, presidente de PDVSA y de Citgo. Su deceso ocurrió mientras estaba en cautiverio, retenido desde hacía un año por el gobierno, secuestrado sin que se supiera de qué delito se le acusaba. Su partida es un hecho triste y que lamentamos profundamente.

Lo primero que quiero es expresar mis más sentidas condolencias a su esposa, hijas, hijo y a todos sus amigos y seres queridos por tan irreparable e injusta pérdida.

Aunque la muerte de un ser humano siempre es lamentable, en esta ocasión se trata, además, de un hecho injusto, producto de la crueldad y ensañamiento con que actuaron sus captores.

Desde el mismo momento de su detención, rodeada de un operativo policial desmedido hecho para las cámaras de la televisora del Estado, expuesto al escarnio público, por el fiscal general que juzgó y condenó a Nelson sin siquiera presumir su inocencia, ni tener un mínimo de consideración o equilibrio en su actuación.

A partir de allí, vino el linchamiento en los medios y redes sociales que controla el gobierno, donde se vilipendió su nombre y reputación. Convirtieron así a, Nelson en uno de los “trofeos” más preciados de Maduro y su fiscal, cuya vendetta irracional de ambos en contra de PDVSA, tiene más de 100 trabajadores secuestrados en las prisiones del gobierno sin derecho a la defensa y con sus derechos constitucionales conculcados al permanecer recluidos en una situación de aislamiento y maltrato que nadie merece. Otros muchos hemos sido perseguidos con saña, cuya consecuencia ha sido la destrucción de la empresa.

Conocí a Nelson Martínez hace un poco más de 16 años cuando, como miembro de la Junta Directiva de PDVSA presidida por el profesor Gastón Parra, nos reuníamos clandestinamente en el hotel El Conde, junto con otros trabajadores patriotas, para planificar acciones en defensa de la industria ante el desconocimiento de dicha Junta Directiva nombrada por el gobierno bolivariano por la “meritocracia” petrolera. Era 2002, año de intolerancia y violencia, del Golpe de Estado y del Sabotaje Petrolero.

Cuando comenzó el Sabotaje Petrolero en diciembre de 2002, y ya nosotros iniciábamos la contra ofensiva ordenada por el presidente Chávez, Nelson fue uno de los pocos que estaba allí, con nosotros, dispuesto a asumir la posición que le correspondiera para derrotar este artero ataque contra la patria.

Eran momentos de grandeza y heroísmo, donde cada uno se movilizaba, junto con los trabajadores y el pueblo, para defender el frente que le correspondiera sorteando la violencia, la intimidación y el accionar de los saboteadores para llevar dirección, conocimiento y acompañar a los trabajadores y al pueblo que, finalmente, derrotaron a la autoproclamada y soberbia “meritocracia” petrolera para, de esa manera, crear la Nueva PDVSA y poner el petróleo al servicio del pueblo.

Siempre lo conocí como un hombre de origen humilde, con una sólida formación técnica y credenciales académicas, que lo convertían en un profesional con densidad, una amplia experiencia y capacidad de trabajo. Así eran nuestros gerentes patriotas, hombres de conocimiento técnico y firmes principios éticos-políticos.

Establecimos una buena amistad desarrollada en el trabajo en conjunto, basada en el compañerismo y respeto, la solidaridad y el profundo sentimiento patrio que nos movilizaba. A pesar de todos sus grados y títulos, era un hombre de trato humano, sencillo, quien, con facilidad natural, era capaz de tomar decisiones complejas e interactuar con nuestros trabajadores y el pueblo sin prepotencia ni maltratos de ningún tipo.

Ocupó en esos momentos de consolidación de la Nueva PDVSA importantes posiciones de dirección de la empresa en el oriente del país, presidió nuestra filial PDVSA Gas, lo postulé y fue nombrado por el presidente Chávez miembro de la Junta Directiva de PDVSA, ocupó diversos cargos de dirección de la empresa y en el exterior, responsable de PDVSA América, con sede en Argentina, hasta que lo nombramos presidente de CITGO.

Teníamos una buena amistad y suficiente confianza para abordar cualquier tema, pudimos actuar de manera precisa. Cuando conocimos de sus problemas cardíacos, lo apoyamos solidariamente para realizar su operación del corazón, una intervención compleja, de la que quedó muy bien y con la cual podría haber sobrevivido muchos más años, siempre que tuviese los cuidados y medicamentos correspondientes, como es normal en esa situación. Era un hombre joven.

Luego de la muerte del Comandante Chávez, Maduro inició las maniobras para cambiar la conducción de PDVSA con el objetivo de tenerla bajo su control, con otro equipo, otra orientación. Me enteré de estas maniobras por el mismo Nelson, quien me llamó para informarme que desde la Dirección del Despacho de Maduro lo llamaban a CITGO para que viniera a reunirse a Miraflores, por supuesto a mis espaldas.

Me dí cuenta que el madurismo conspiraba contra mi posición como presidente de PDVSA, cosa que me parecía insólita e irresponsable, no sólo porque el presidente Chávez no se había planteado para nada asignarme un destino diferente, como lo dijo a viva voz, tres veces durante su campaña electoral, sino porque era evidente que, desde el mismo 2013, el país enfrentaba un proceso de desestabilización política, pero, a la vez, había advertido que nuestra economía entraba en un período de inestabilidad, básicamente por la desaparición física del presidente Chávez. De manera que era necesario decidir un conjunto de medidas económicas que era impostergable asumir y un mercado petrolero marcado a la baja de los precios.

El mismo día de su primer mensaje al país, horas antes de su alocución, tuve una reunión con Maduro en su residencia, donde me manifestó su intención de “refrescar PDVSA”, es decir, que le entregara la conducción de la empresa y del Ministerio.

Era una meta que tenía fija hacía tiempo, eran sus planes de controlar todos los espacios del gobierno y del Estado. Yo le dije que no lo aceptaba. Le recordé que esa era la agenda del candidato de la oposición y le advertí sobre los severos problemas económicos que ya se comenzaban a manifestar. Le insistí en que la estabilidad de PDVSA era clave para salir de la coyuntura.

Ya avanzada la conversación, me confiesa que había pensado en Nelson para presidente de PDVSA y en Asdrúbal Chávez como ministro de Petróleo. Recuerdo que le dije “vas a matar a Nelson”, aunque tenía todos los créditos técnicos y gerenciales para dirigir la empresa, se necesitaba además un peso político específico y una intensa actividad, muy exigente, que acabaría con la salud de cualquiera.

Yo sabía que era cuestión de tiempo que Maduro materializara su decisión, por lo cual lo comuniqué a los miembros de la Junta Directiva para que estuviesen preparados. Se desató una campaña muy fuerte en mi contra, donde los factores del madurismo y sus agentes económicos hicieron guerra sucia y de rumores en las redes y, valiéndose de palangristas, trataban de dividirnos, lo cual lograron finalmente. Nos distanciaron.

Cuando se produce el llamado “sacudón”, invento de Maduro para intervenir PDVSA, se designa a Eulogio Del Pino como presidente y a Asdrúbal Chávez como ministro. Era evidente que Nelson no contaba con el apoyo de los otros factores políticos del madurismo.

Cuando ya estaba en Nueva York como embajador ante la ONU, tuvimos la oportunidad de reunirme con Nelsonen mi despacho. Fue una conversación sincera, entre amigos, aclaramos nuestras diferencias, desentrañamos juntos toda la trama de manipulaciones y , mentiras, y las presiones que hizo el madurismo para utilizar a Nelson como cabeza de una conspiración que él nunca tuvo en sus intenciones, ni en su mente, sino en la de Maduro. Éste, después, ni siquiera lo promovió como presidente de la empresa.

A partir de allí, Nelson y yo restablecimos nuestros contactos y siempre conté con su apoyo. De hecho, era el único que me apoyaba. Cuando lo nombraron ministro de Petróleo, tuvimos una larga conversación telefónica donde, además de felicitarlo y ponerme a su orden, le daba datos importantes de los problemas de la empresa, los problemas de producción, los retos en la OPEP. Teníamos un número para conversar hasta que lo hicieron preso.

Cuando nombraron al General Quevedo como ministro y presidente de PDVSA, era claro para mí que finalmente se había impuesto un poderoso grupo de poder y que, tanto Nelson como Eulogio, estaban en inminente peligro de sufrir una agresión.

Obviamente Maduro, después de interferir e intervenir todos los procesos de PDVSA, colocar sus piezas políticas en puestos claves, nombrar sucesivas Juntas Directivas compuestas por factores del madurismo, sin formación ni preparación alguna, con el colapso de la empresa, tendría que buscar unos “chivos expiatorios” a quienes culpar de su propia incompetencia, a quienes responsabilizar por su propio fracaso en la conducción de PDVSA.

Estos chivos expiatorios serían Nelson y Eulogio. Los enemigos perfectos, sin apoyo político de ningún tipo, hombres de trabajo, técnicos que nunca supieron cómo moverse en ese “nido de alacranes” del madurismo, de la política con “p” minúscula.

Maduro ordenó ambos arrestos y que los cuerpos de inteligencia actuaran de manera desproporcionada; ordenó que las detenciones injustas se transmitieran por televisión para que Nelson y Eulogio aparecieran esposados y expuestos, y el locutor oficial ya tenía un libreto de linchamiento.

Maduro ordenó al Fiscal que hiciese sus infelices declaraciones, en su despliegue teatral y patético de siempre. Maduro necesitaba verter su odio contra ellos y lo hizo con saña. Ningunos de los actores involucrados en ese día de la vergüenza actuaría así por su cuenta.

Maduro utiliza el argumento de la lucha contra la corrupción, enloda y vilipendia el nombre y reputación de sus trabajadores, sin mostrar una sola prueba. Nelson murió sin saber de qué se le acusaba, no hubo juicio, no hubo derecho a la defensa, nunca se le dió la oportunidad de aclarar nada. De manera absolutamente arbitraria e ilegal, , Maduro actúa como un dictador al que aplauden sólo sus cómplices.

Como siempre, nadie del gobierno ni del PSUV dijo nada. Nadie levantó la mano, nadie intercedió. Sólo murmuran, todos actuaron cobardemente, incluyendo los trabajadores petroleros, desmovilizados, aterrorizados ante las imágenes.

Para mí fue muy triste ver a estos dos compañeros, héroes de la derrota del Sabotaje Petrolero, humillados y vilipendiados de esa manera, y recordar que se los había dicho tantas veces: la saña de Maduro no es sólo en mi contra, es en contra de todos ustedes, en contra de los trabajadores de PDVSA: él necesita barrer al chavismo de la empresa, aterrorizarla, para luego hacer con ella lo que le dé la gana. Ellos tienen una visión distinta a la nuestra, con Maduro en el poder, no puede existir la PDVSA de Chávez, la del pueblo.

Tal vez el error de ambos compañeros fue aceptar responsabilidades de organizaciones que no controlaban, sino que controla directamente Maduro o cualquiera de su entorno; incluso, que controlan los grupos económicos que se han favorecido con la entrega, la rebatiña que hay en PDVSA.

Siempre nuestros trabajadores son manipulados con el llamado a la debida “lealtad” al gobierno. Ésto es así, en la medida que el gobierno sea leal al Pueblo y a los objetivos del Plan de la Patria. Esta crisis es una lección para todos: a este gobierno no le interesa para nada la suerte de PDVSA, sus trabajadores, ni los más sagrados intereses de la Patria. El Plan de ellos es entregar el petróleo y, para hacerlo, necesitan destruir a PDVSA.

 

El ensañamiento contra Nelson fue brutal, cruel. Ocurre exactamente lo mismo contra el resto de trabajadores de PDVSA. Sufren maltratos, aislamiento, se violan sus derechos constitucionales, no les importa que mueran en cautiverio, no son capaces de obtener ningún beneficio procesal, así tengan enfermedades crónicas o críticas, así intenten suicidarse, son secuestrados políticos, presos políticos Chavistas, acusados de corrupción, porque el madurismo no puede admitir que existe un chavismo chavista que le hace frente, que no está dispuesto a cumplir su programa de entrega. Maduro usa el argumento de la corrupción, así como usa otros, como la conspiración, guerra económica o invasión, porque jamás va a reconocer que ha fracasado, porque también PDVSA le quedó grande.

A Nelson lo dejaron morir en cautiverio. Lo mataron: sabiendo que era un hombre con una condición cardíaca compleja, tal y como lo alertaron sus familiares y abogados una y otra vez a la Fiscalía, no “le dio la gana” a Maduro darle casa por cárcel, como ha hecho con decenas de opositores en sus negociaciones políticas.

A Nelson lo MATARON porque una vez que se infectó su dispositivo cardíaco y le colapsaron sus órganos vitales, fue sólo entonces que lo trasladaron al Hospital Militar. No le suministraron antibióticos, ni permitieron que sus médicos lo vieran, a pesar de los ruegos de la familia, ni le completaron las sesiones dediálisis. Cuando entró en coma, los familiares pidieron llevarlo a casa a que muriera allí y no quisieron. Actuaron inhumanamente, cruelmente.

Una vez que Nelson falleció, vino el silencio de la impunidad. El fiscal, en un acto de cinismo, emitió un comunicado afirmando que Nelson recibió todas las atenciones debidas. Mentirosos. El fiscal, si le quedase algo de vergüenza debería renunciar.

Con Nelson ya son cinco prisioneros políticos que mueren bajo custodia del gobierno que,de acuerdo a la Constitución, es responsable de sus vidas e integridad física. Pero también murieron más de 67 presos comunes quemados vivos; volaron con un cohete a un grupo de hombres rendidos; lanzaron desde el piso 10 del Sebin a un prisionero, verdad que fiscal niega y hasta amenaza a quien contradiga su tesis del suicidio. No sólo debe renunciar sino que es responsable, igual que Maduro, de estas muertes y ensañamientos, de estas violaciones gravísimas de los derechos humanos.

Los defensores de los derechos humanos guardan silencio cuando se trata de presos o muertos del chavismo. Es como si no existieran los más de 100 trabajadores petroleros secuestrados por el gobierno, o los oficiales militares en prisión, o los políticos chavistas disidentes de Maduro en prisión. Así es la intolerancia y sectarismo de la oposición, no les importan. Pero al PSUV tampoco, ni a los dirigentes del gobierno, ni a las otrora voces valientes en contra de la violación de los derechos humanos. No entienden que su silencio, su miedo a decir nada, abre las puertas de la impunidad; permite y estimula que se sigan violando los derechos humanos de esta forma.

Yo lamento profundamente el dolor de los familiares y seres queridos de Nelson. Mi respeto y solidaridad a todos. Si estuviese en Venezuela, hubiese corrido su misma suerte como secuestrado político de este gobierno igual que tantos compañeros. Por eso, debo mantener mi voz en alto, denunciar este crimen, es mi deber hacerlo, por él, por nuestra amistad, su trayectoria, sus aportes a este difícil proceso de construir una sociedad más justa. Y también lo hago por todos los que están secuestrados, sus familias, sus vidas. Quien no se indigne ante este crimen y esta terrible injusticia cometida contra Nelson, entonces debe revisarse el alma. Paz a sus restos.

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