Opinión

La caída del peso argentino y la ironía de los mercados

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Escrito por Jorge N. Rodriguez Paez

Tras la derrota electoral de Javier Milei en Buenos Aires, el peso argentino se ha desplomado de manera vertiginosa frente al dólar, reflejando la profunda desconfianza de los inversores. Lo que fue promocionado como una batalla política terminó en una debacle financiera: las acciones y los bonos argentinos sufrieron caídas de hasta el 20%, y el riesgo país superó los 1.400 puntos, duplicando los niveles observados a inicios de año.

Grandes fondos de inversión apostaron a los bonos argentinos durante la gestión de Milei, alentados por sus promesas de ajuste fiscal y apreciación del peso. Sin embargo, tras el revés en las urnas, ahora enfrentan pérdidas superiores al 18% sólo en septiembre, y se intensifica el temor global ante una posible incapacidad de pago de la deuda argentina.

El impacto ha sido tan severo que Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense y ex jefe de fondos de inversión, anunció la negociación de un rescate financiero de hasta 20.000 millones de dólares junto a la compra de deuda, con el objetivo de estabilizar el peso y evitar un efecto contagio en los mercados internacionales. La intervención de Bessent ha sido interpretada como un “salvavidas” para sus colegas del sector financiero, evidenciando los lazos entre la política monetaria de EE.UU. y los intereses de Wall Street.

El escenario se torna más irónico aún cuando, en medio de la crisis y la búsqueda de dólares, Argentina concretó la venta de soya a China, desafiando la política de aranceles impulsada por el presidente Trump — quien, paradójicamente, ahora apoya el rescate argentino por razones geopolíticas. Incluso trascendió una captura del iPhone de Bessent, donde su secretario de Agricultura expresó abiertamente su desacuerdo con estas maniobras, subrayando el conflicto entre intereses agropecuarios de los productores estadounidenses y monetarios dentro de la Casa Blanca.

Argentina queda así, una vez más, en el epicentro de las tensiones entre la política electoral, los caprichos de los mercados y los intereses geoestratégicos de las potencias, mientras millones observan expectantes el próximo movimiento de la balanza.

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