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¡Sorprende a tu familia con un almuerzo diferente! Pargo en salsa de piña
El pargo es un pescado fuerte con sabor a carne, por lo que combina muy bien con ingredientes de sabor intenso, en este caso el pescado toma un sabor delicioso pues la salsa de piña le aporta un toque fresco y tropical.
Es un plato ideal para comer en climas calientes y para quienes gustan de comidas; sanas y deliciosas.
El pargo se suda y luego se coloca de forma muy decorativa con la salsa de piña.
Esta receta tiene una hermosa presentación y se sirve con papas ó arroz blanco.
Ingredientes pargo en salsa de piña
- 1 pargo de 1 ½ kg
- 2 limones
- 1 taza de aceite
- Mantequilla 1 cda
- 5 huevos
- 1 cda de salsa inglesa
- ¼ kg de tomates
- 1 cebolla grande
- Piña en jugo
- 1 cda de maicena
- perejil finamente picado
- sal y pimienta al gusto
Preparación
Lleve el pescado a sudar en una fuente con el tomate, la cebolla, el limón y el aceite. Sal y pimienta al gusto.
Una vez bien cocido se le retiran las espinas y se separan los filetes. Se prepara una salsa con el jugo de piña, sal y pimienta.
Llevar al hervor y se le añade la maicena disuelta en un poquito de agua.
Mueve bien hasta que espese. Retire del fuego y añada la mantequilla y salsa inglesa.
Luego tome tres huevos y bata muy bien las amarillas con un poquito del caldo que haya emanado del pescado; al sudarlo y se le agrega también a la salsa.
Con esta preparación vaya rellenando los filetes, arreglándolos de forma decorativa en una fuente; puede utilizar la cola y cabeza para decorar.
Los otros dos huevos se sancochan, se rebanas finamente y adorne el pescado emulando escamas.
Rocíe con perejil picadito y sirva bien caliente. Listo a disfrutar de esta delicia del mar.
ACN/Venezuela Tuya
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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