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¿Vendrán de Bogotá?

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¿Vendrán de Bogotá?: Por Leopoldo Puchi.- La oposición dispone desde hace muchos años de un gran caudal de electores que puede fácilmente incrementarse sobre la base del descontento por la situación económica, la hiperinflación y el malestar social que esto genera.

A lo largo de varios lustros la oposición fue creciendo por la vía de la larga marcha a través de las instituciones. Acumuló fuerzas y musculatura, Varios partidos lograron una estructura nacional de inserción social considerable. Maquinaria electoral lo suficientemente grande como para cubrir todas las mesas y defender los votos  En conjunto, el crecimiento sostenido y el descontento social le brindan a la oposición grandes posibilidades de ganar en las presidenciales del 20 de mayo.

La incógnita no reside en si la ganaría o perdería sino en por qué, pudiendo ganar en las votaciones, sus factores más importantes han decidido no hacerlo. La cuestión de las condiciones resulta claramente insuficiente para explicar esta decisión.

Hay numerosos elementos que hacen válidos los reclamos en esa materia, pero en ninguna lógica conducen a desechar una oportunidad de ganar.

Por supuesto, hay otros medios para acceder al poder, pero las consecuencias pueden ser muy dolorosas para el país. En este sentido, hay quienes consideran que el factor determinante para acceder al poder no sería la abstención misma, sino las sanciones que algunos países se han comprometido a incrementar en las próximas semanas.

Se supone que un mayor bloqueo financiero, y en otras áreas como la del comercio internacional, crearía mayores problemas de los que ya existen a la producción petrolera, industrial y agrícola. Los efectos serían, obviamente, más dificultades para el acceso de la población a alimentos y medicinas.

Se parte de la premisa de que penurias adicionales potenciadas por las sanciones traerían como consecuencia un caos social, desórdenes callejeros y estallidos que a su vez conducirían a un cambio de Gobierno, bien sea por medio de una insurgencia militar o una intervención extranjera, y que luego se convocaría a nuevas elecciones.

En este diseño estratégico cuadran los pasos que se han dado para establecer una institucionalidad paralela en Bogotá con los trece magistrados designados por la Asamblea Nacional; Lo importante en este caso no es el número de votos, si es mayoría simple o calificada, el hecho significativo ha sido el viraje dado por la oposición, que inicialmente reclamaba que los trece magistrados designados tenían derecho a integrarse al Tribunal Supremo de Justicia y que ahora pasa a considerarlos como si se tratase de un poder público.

Un viraje riesgoso, que lleva en su seno la amenaza de un Ejecutivo paralelo, quizás encabezado por Omar Barboza, en su condición de presidente de la Asamblea Nacional. Un camino temerario hacia el poder que requeriría del uso de contingentes armados. ¿Vendrán también de Bogotá, o el asunto permanecerá como un simple gesto simbólico?

No deje de leer: Diputado Álvarez Gil considera que no se están cumpliendo condiciones electorales

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El que llena la barriga se olvida del que no come

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El que llena la barriga se olvida del que no come: Por Luis Fuenmayor Toro.- Es inaudito que hoy en Venezuela, quienes comen critiquen que quienes tienen hambre busquen cómo comer. Llaman a la gente a resistir, hablan de dignidad y fortaleza frente al régimen dictatorial, pero tienen el estómago lleno y sus necesidades satisfechas, por decir lo menos. Han vivido siempre de la renta petrolera, aunque no lo sepan o no quieran aceptarlo, pues ésta ha sido el exclusivo soporte de la vida nacional desde hace un siglo y no existe capital venezolano, ni grande ni pequeño, que no se haya hecho a la sombra de los negocios con el Estado. Quienes han gobernado han mantenido al pueblo, además de en la miseria, en la ignorancia, pues ésta no es producto del azar sino el resultado de un diseño social muy claro: dominarlo con la facilidad con la que lo han dominado. Cinco años promedio de educación formal teníamos en 1998, luego de 40 años de democracia representativa. Hoy, luego de 20 años adicionales de cacareo y robo revolucionario, la situación es similar aunque el gobierno se mienta a sí mismo.

Para quienes hacen política fuera de Venezuela, disfrutando de excelentes condiciones de vida, pues no han emigrado en la búsqueda de trabajo para sobrevivir, ni son como los exiliados políticos de Gómez y Pérez Jiménez, que subsistían con grandes esfuerzos y limitaciones, es extremadamente fácil proponer “salidas” que impliquen un mayor sufrimiento a los venezolanos, así como exigir “dignidad en la resistencia a la dictadura”. A quienes no comen, no tienen agua ni electricidad, caminan horas para trabajar por una remuneración miserable, sin medicinas para sus enfermos ni vacunas para sus hijos; en medio de la represión, del hostigamiento policial y las amenazas del hampa, es inhumano exigirles mayores sacrificios y que rechacen las ayudas gubernamentales con las que paliar sus infinitas necesidades.

Esas ayudas son iguales a las existentes en Venezuela desde 1958, para no ir más lejos. Al Plan de Emergencia de Larrazábal, luego del derrocamiento de Pérez Jiménez. Y para sólo referirnos al segundo gobierno de Caldera, diremos que tuvo 14 programas sociales: Programa de Alimentos Estratégicos (PROAL), Programa Alimentario Escolar (P.A.E.), de Multihogares y H.C.D., Alimentario Materno Infantil (PAMI), de Meriendas y Comedores (INN), de Dotación de Uniformes Escolares, de Capacitación y Empleo Joven, de Subsidio al Pasaje Estudiantil, de Subsidio Familiar, de Suministro de Medicamentos (SUMED), de Dotación de Ambulatorios, de Protección al Anciano, de Atención a los Pensionados y de Fortalecimiento Social.

No fue Chávez ni Maduro quienes inventaron las ayudas sociales, aunque griten que son los únicos que se han ocupado en Venezuela de los pobres y miserables. Es más, Chávez desmontó los programas sociales mencionados y dejó a la gente sin los mismos durante sus primeros 5 años. Esa es la verdad. Los retoma luego con el nombre de misiones obligado por el estancamiento político de su régimen y con un objetivo demagógico clientelar, que los anteriores programas no tenían. Tampoco es del Gobierno el dinero que se utiliza en los mismos. No es Maduro quien magnánimamente aprueba en cadena televisiva limosnas para los pobres, algo que nunca hicieron los jefes de Estado del siglo pasado. Pero allí está la maquinaria propagandística “socialista”, que más bien parece fascista, para inventar cualquier cantidad de absurdos e irrealidades.

Hoy, más del 85 por ciento de la gente es pobre. Los programas sociales deben ser extendidos a casi toda la población, y mucho más ante el paquetazo de ajustes neoliberales instrumentado por Maduro, que colocó a CAP a su izquierda. Es imprescindible la instrumentación de subsidios y quien administra los mismos decide que instrumento de control utilizará. Inaceptable y perversa es la condena hacia los pobres por utilizar el Carnet de la Patria, pues es una condición administrativa para recibir los subsidios directos que les corresponden y no son una dádiva de Maduro. Seguramente Julio Borges y otros no lo necesiten; ellos ganan en dólares y bastante y pueden pagar la gasolina de sus aviones. Pero dejen de exigirle a quienes no se han enriquecido a costillas de los demás, que no coman, que se trasladen a pie y que renuncien a lo que les corresponde.

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