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Con tres ceros menos

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Con Tres Ceros Menos: Por Alejandro Feo La Cruz.- Estamos a pocos días de la entrada en vigencia de una nueva reconversión monetaria, que elimina nuevamente tres ceros a nuestra moneda, medida que es llamada a implementarse a la carrera sin la debida planificación y sin que los sistemas financieros del país tuviesen el tiempo suficiente para hacer las adaptaciones y sin que tengamos garantías de tener el cono monetario a disposición de los consumidores oportunamente.

Debemos recordar que la anterior reconversión en el gobierno del presidente Chávez, el proceso para su implantación tuvo una duración de 8 meses y luego una transición de un año. En este caso anuncian una medida tan importante para ser implementada en escasos dos meses sin mayor explicación.

Debemos entender que la reconversión no es el problema en si misma, es solo una consecuencia más de la hiperinflación que hace que las cifras sean tan elevadas que no puedan ser manejadas por los sistemas de contabilidad, e incluso generen confusiones entre los ciudadanos comunes. Obviamente es una medida que no combate la inflación y en muchos casos por el contrario la potencia por llevar a los marcadores de precio a redondear hacia arriba los ajustes.

Se ha dicho que la reconversión puede ayudar a mitigar el problema de escasez de efectivo, cosa que tampoco es cierto. El Banco Central puede imprimir muchos billetes pero mientras persista la hiperinflación siempre serán insuficiente porque todos los días necesitas más para comprar lo mismo.

En todo caso, lanzar una reconversión sin la preparación necesaria, con el riesgo de una caída de plataforma y que pasemos algunos días sin transacciones en línea y sin contar con efectivo suficiente para mantener el país funcionando es en extremo peligroso. No podemos esperar cordura en el régimen, pero esperamos que algún milagro ocurra y se tome la decisión de suspender la aplicación de la reconversión de modo de no causar daños adicionales a los distintos sectores del país.

Alejandro Feo La Cruz, responsable de Voluntad Popular Carabobo

No deje de leer: Colombia y el “fondo de reconstrucción”

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El que llena la barriga se olvida del que no come

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El que llena la barriga se olvida del que no come: Por Luis Fuenmayor Toro.- Es inaudito que hoy en Venezuela, quienes comen critiquen que quienes tienen hambre busquen cómo comer. Llaman a la gente a resistir, hablan de dignidad y fortaleza frente al régimen dictatorial, pero tienen el estómago lleno y sus necesidades satisfechas, por decir lo menos. Han vivido siempre de la renta petrolera, aunque no lo sepan o no quieran aceptarlo, pues ésta ha sido el exclusivo soporte de la vida nacional desde hace un siglo y no existe capital venezolano, ni grande ni pequeño, que no se haya hecho a la sombra de los negocios con el Estado. Quienes han gobernado han mantenido al pueblo, además de en la miseria, en la ignorancia, pues ésta no es producto del azar sino el resultado de un diseño social muy claro: dominarlo con la facilidad con la que lo han dominado. Cinco años promedio de educación formal teníamos en 1998, luego de 40 años de democracia representativa. Hoy, luego de 20 años adicionales de cacareo y robo revolucionario, la situación es similar aunque el gobierno se mienta a sí mismo.

Para quienes hacen política fuera de Venezuela, disfrutando de excelentes condiciones de vida, pues no han emigrado en la búsqueda de trabajo para sobrevivir, ni son como los exiliados políticos de Gómez y Pérez Jiménez, que subsistían con grandes esfuerzos y limitaciones, es extremadamente fácil proponer “salidas” que impliquen un mayor sufrimiento a los venezolanos, así como exigir “dignidad en la resistencia a la dictadura”. A quienes no comen, no tienen agua ni electricidad, caminan horas para trabajar por una remuneración miserable, sin medicinas para sus enfermos ni vacunas para sus hijos; en medio de la represión, del hostigamiento policial y las amenazas del hampa, es inhumano exigirles mayores sacrificios y que rechacen las ayudas gubernamentales con las que paliar sus infinitas necesidades.

Esas ayudas son iguales a las existentes en Venezuela desde 1958, para no ir más lejos. Al Plan de Emergencia de Larrazábal, luego del derrocamiento de Pérez Jiménez. Y para sólo referirnos al segundo gobierno de Caldera, diremos que tuvo 14 programas sociales: Programa de Alimentos Estratégicos (PROAL), Programa Alimentario Escolar (P.A.E.), de Multihogares y H.C.D., Alimentario Materno Infantil (PAMI), de Meriendas y Comedores (INN), de Dotación de Uniformes Escolares, de Capacitación y Empleo Joven, de Subsidio al Pasaje Estudiantil, de Subsidio Familiar, de Suministro de Medicamentos (SUMED), de Dotación de Ambulatorios, de Protección al Anciano, de Atención a los Pensionados y de Fortalecimiento Social.

No fue Chávez ni Maduro quienes inventaron las ayudas sociales, aunque griten que son los únicos que se han ocupado en Venezuela de los pobres y miserables. Es más, Chávez desmontó los programas sociales mencionados y dejó a la gente sin los mismos durante sus primeros 5 años. Esa es la verdad. Los retoma luego con el nombre de misiones obligado por el estancamiento político de su régimen y con un objetivo demagógico clientelar, que los anteriores programas no tenían. Tampoco es del Gobierno el dinero que se utiliza en los mismos. No es Maduro quien magnánimamente aprueba en cadena televisiva limosnas para los pobres, algo que nunca hicieron los jefes de Estado del siglo pasado. Pero allí está la maquinaria propagandística “socialista”, que más bien parece fascista, para inventar cualquier cantidad de absurdos e irrealidades.

Hoy, más del 85 por ciento de la gente es pobre. Los programas sociales deben ser extendidos a casi toda la población, y mucho más ante el paquetazo de ajustes neoliberales instrumentado por Maduro, que colocó a CAP a su izquierda. Es imprescindible la instrumentación de subsidios y quien administra los mismos decide que instrumento de control utilizará. Inaceptable y perversa es la condena hacia los pobres por utilizar el Carnet de la Patria, pues es una condición administrativa para recibir los subsidios directos que les corresponden y no son una dádiva de Maduro. Seguramente Julio Borges y otros no lo necesiten; ellos ganan en dólares y bastante y pueden pagar la gasolina de sus aviones. Pero dejen de exigirle a quienes no se han enriquecido a costillas de los demás, que no coman, que se trasladen a pie y que renuncien a lo que les corresponde.

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