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No quiero morir sola

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Un héroe llamado preso político - acn
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No quiero morir sola: Por Nasbly Kalinina.- El 27 de Julio murió mi abuelo Ciro Barrera y con él van tres familiares de parte de padre que pierdo desde la distancia y sin poder despedir. Hace un par de días me enteré que Carolina, mi abuela sentimental, quien el 6 de agosto cumplió 98 años, está en cama esperando que Dios la llame.

Al recordar a mi abuelo viene a mi mente aquel viejo que vivió en mi casa cuando era una niña  y  por quien todas las tardes salía corriendo para recibirlo. Se me hace un nudo en la garganta ante aquellas escenas tan remotas que evocan un periodo de felicidad familiar. Con su muerte perdí al único abuelo sanguíneo que me quedaba.

Cuando pienso en Carolina las lágrimas afloran sin darme tiempo de detenerlas porque aquella viejita vino a llenar el gran vacío que dejaron mis abuelas al morir cuando yo estaba muy pequeña. Fue ella quien me enseñó a tomar té antes de irme a Inglaterra, disfruté las navidades, me tomé las fotos al graduarme de abogada y lingüista y a quien le dedique mis primeros versos de principiante:

Su nombre es Carolina, /su apellido Soto/Y juntos dibujan/el más bello rostro.

Al pensar en la muerte me lleno de espanto al saberme sola en un país lejano al igual que millones de compatriotas que hoy están esparcidos por el mundo entero por un mal gobierno que nos condenó al exilio al perseguirnos, negarnos la comida, las medicinas y un porvenir mejor en nuestro hogar.

Busco en las redes sociales y me encuentro con casos de venezolanos asesinados, muertos en situaciones atroces o incluso de forma natural pero al no tener quien reclame sus cuerpos se hacen campañas preguntando por algún familiar.

Recuerdo aquellas madres quienes perdieron a sus hijos en el asfalto luchando por la libertad que nunca conocieron, mientras la mirada angelical de Neomar Lander se contrapone contra la de aquel que nos dejó sumidos en la catástrofe más grande de nuestra historia.

Pienso en los viejitos de los que me habla mi mamá quienes han muerto por depresión ante la ausencia de los seres queridos que se han ido tratando de sobrevivir en libertad.

Miro a mi alrededor y al encontrarme sola me dan ganas de llorar porque no quiero correr con la misma suerte de morir lejos de casa como tantos compatriotas quienes como yo se han visto obligados a dejar de lado sus amores. Me niego a creer que esta pesadilla continúe por mucho más tiempo y prefiero confiar en los magistrados del TSJ en el exilio, en esa diáspora que lucha por volver, en ONGs como el Foro Penal y en esos jóvenes que a pesar de las circunstancias se mantienen firme en nuestro país.

Poco a poco he ido presentando a cada una de esas personas más allá de lo que simbolizan a través de sus instituciones para que sigamos su ejemplo sin perder la fe porque indistintamente de nuestra propia realidad todos tenemos la misma madre que nos vio nacer y que nos recuerda lo mucho que nos necesita.

A pesar de nuestras diferencias, de las ganas de sobresalir de algunos y la arrogancia de otros, lo único seguro que existe es que algún día dejaremos este mundo y dependerá de cada quien el nivel de fraternidad, solidaridad y patriotismo que heredarán las nuevas generaciones. No quiero morir sola, pero si es mi destino entonces que Dios se apiade de mi alma y muestre su misericordia con Venezuela para que renazca mucho más hermosa.

Acn/@nasbly

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Campos de entrenamiento en Colombia

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Campos de entrenamiento en Colombia: Por Leopoldo Puchi.- De acuerdo con informaciones provenientes de agencias especializadas, por lo general confiables, en Colombia se habrían instalado campos en los que venezolanos reciben entrenamiento militar. El contingente sería de varias centenas de efectivos y contaría con instructores tanto venezolanos como colombianos. Un asunto muy delicado. De modo que sería conveniente que la situación fuese verificada, sin alarmismos, por las instancias correspondientes de la Organización de Naciones Unidas (ONU), cuya misión esencial es preservar la paz.

Esta información viene al caso, y reviste importancia su evaluación para quienes analizan o se interesan por la situación venezolana, en razón de los peligros potenciales de una deriva bélica de los acontecimientos, algo que no luce inminente pero que es difícil descartar de los escenarios prospectivos. Es más conveniente detenerse a tiempo a considerar los datos de la realidad, que ignorarlos por estimar muy poco probable que en el mundo actual las disputas geopolíticas se diriman en los terrenos acostumbrados del pasado siglo XX.

El presidente de Colombia, Iván Duque ha señalado en varias oportunidades que no tiene planteado adoptar “una actitud bélica ni belicista con Venezuela”. Del mismo modo, su ministro de relaciones exteriores, Carlos Holmes Trujillo, ha dicho que descarta cualquier tipo de “intervención militar” porque “Colombia no es amiga de las soluciones militares en esta materia”.

Sin embargo la tensión entre las dos naciones cada día se acrecienta e incluso el mismo ministro Trujillo ha recibido instrucciones de suspender cualquier tipo de contacto con las autoridades venezolanas, a pesar de que, siendo naciones fronterizas, son innumerables los asuntos grandes y pequeños que día a día deban tratarse entre las cancillerías.

En declaraciones recientes el presidente Iván Duque ha señalado que es necesario “acorralar diplomáticamente” al gobierno venezolano y ha expresado que Colombia no va a “hacer la pantomima de seguir manteniendo relaciones diplomáticas con Venezuela”. Pero también ha expresado que continuarían las relaciones comerciales. Habría que ver si se mantendría una misión diplomática para ese fin, o si se piensa solo en relaciones consulares.

De producirse a partir del 10 de enero de 2019 una verdadera ruptura de relaciones diplomáticas entre los dos países, cobraría mayor importancia prestarle atención a la información que se ha dado a conocer sobre el entrenamiento militar de venezolanos en el territorio del país vecino. La experiencia latinoamericana en esta materia es amplia, ya que han sido numerosos los casos en los que ese tipo de contingentes, de mayor o menor envergadura, han formado parte de las fichas que se mueven en el tablero de las zonas calientes. De manera que, en cualquier circunstancia, habría que buscar vías de comunicación entre los dos países, haya o no ruptura de relaciones, porque estaríamos sentados sobre un polvorín.

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