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Situación de jueces penales, Aragua

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Situación de jueces penales, Aragua: Por Felix Francisco Bertomolde.-  Los jueces penales en Aragua están dando mucho de qué hablar. Fieles al refrán, “Cuando el rió suena piedras trae”, y para indagar cómo se realizarían las extorsiones en el Palacio de Justicia de Maracay, concerté una cita con un condiscípulo en la Ciudad Jardín de Venezuela, y me pidió el anonimato porque es abogado litigante en esa jurisdicción y me dijo:.

– “Cualquier vagabundería atribuida a los jueces de acá,- Maracay, Aragua,- puede resultar cierta. Te voy a referir experiencias vividas en el libre ejercicio de mi profesión de abogado, aquí en este Circuito Penal, -con tan interesante advertencia iniciamos la entrevista.

¿Quiere decir que serían ciertos los recientes señalamientos de extorsión y cobro en dólares en el Palacio de Justicia de Maracay?

– Chico, primero debo aclararte algo, en Maracay, al igual que en cualquier Circuito Judicial, existe un sistema complejo de negocios y acuerdos, que involucra a superiores jerárquicos y subordinados, desde los magistrados del TSJ para abajo, y que responde al esquema de corrupción reinante en la administración de justicia del país. Teniendo eso claro, extorsionar y cobrar en dólares, también dar otra divisa extranjera y bienes, a cambio de beneficios procesales es algo que por lo rutinario, poco llama la atención, salvo que perturben otros hilos de poder.

En ese plano, ¿cómo es el procedimiento para extorsionar a un procesado?

– Existen diversas modalidades y los beneficiarios varían dependiendo de la importancia o gravedad del caso,- prosigiuió diciendo, el penalista,-. La más común se origina desde el arresto, en ese momento los policías o pesquisas expresan con sigilo soluciones al aprehendido, desde ofrecerle abogados hasta “el cuadre” en los tribunales. A partir de allí se abre un abanico de posibilidades para el detenido, la más expedita es “cuadrar”, literalmente, con el Juez o Jueza que le asignen, viene siendo la mejor opción por tener la última palabra y los Fiscales no la contradicen, cuando los meten en la jugada, algo que suele suceder.

¿Cómo saben a quién extorsionar?

– Es sabido por todos los funcionarios y abogados: procesado que vaya a los tribunales, debe “cuadrar” para resolver su problema, así de sencillo, rara vez se producen decisiones favorables por el buen desempeño profesional de los litigantes en favor de sus clientes. Tú puedes ser Perry Mason, pero si no tienes las relaciones debidas y la disposición a negociar no llegas a nada.

¿Pudieses describir el procedimiento de extorsión?

– Veamos el caso de Amarista (Mary Carmen Amarista), -explicó el abogado,- siempre abierta a cualquier negociación, tenía a su esposo de operador, el abogado Félix Garrido, él era que concretaba las negociaciones y cobraba, a menos que ella concertara con abogados de su confianza, lo que ocurrió cuando la destituyeron. El operador, que en ocasiones también es un Alguacil o Secretario del tribunal, es el que escucha la propuesta de los abogados, se dan casos en los que propone arreglos a los litigantes, si el Juez ve que es un caso prometedor, rara vez habla con los familiares, y acuerda hacer la jugada, salir libre en la preliminar, salir absuelto en juicio, reducción de pena.

Por lo general, la iniciativa de recurrir al operador o juez, si tienen acceso a éste, la tienen los abogados, una vez que acuerdan el beneficio fijan el costo. También tienes operadores con un mayor rango de acción, impuestos desde el TSJ, la Rectoría y Presidencia del Circuito a todos los jueces, Reinaldo Carballo, David Pérez, Jesús, el de la Cherokee verde, que te enseñé en el estacionamiento, unos que tienen oficinas en la Torre Sindoni y Neomar Narváez, esposo de la Presidenta del Circuito, con su grupo, son los llamados “grandes ligas”, te hablan con tal propiedad que lo que digan es lo que va para las decisiones, ni más ni menos, sin importar quién sea el juez de la causa.

¿Ese procedimiento es común a todos los jueces?

– Si hay excepciones no las conozco,-replicó,-. En mi opinión el grado de corrupción se corresponde con lo pusilánime que sea el Juez, entre más “rodilla en tierra” sea, mayor es la permisividad para que incurra en anomalías, aquellos que aceptan ciegamente directrices, entre ellos te puedo nombrar a Alfredo Baptista, Oswaldo Flores, Iris Araujo, Hazel Bracamonte, Israel Paredes, Julio Urdaneta, Carlos Camacaro, Yumare Febres, Enrique Leal, David Mauricio Gallegos, entre nuevos y viejos, la lista es larga.

¿Cómo se concreta la extorsión?

– Eso lo hace el abogado, por tener relación directa con su cliente, es el que plantea a su cliente la necesidad imperiosa de “cuadrar” con el juez para solucionar el problema en que está metido. Conocedor de esta dinámica, intimida y sugestiona al cliente para que haga el negocio, poniéndolo junto a sus familiares en una situación límite, una vez que acceden, exige el pago por adelantado, el cual se lo hace llegar al juez, ocurriendo en oportunidades retrasos mal intencionados, para sacar más dinero y bienes de reos con potencial económico.

¿A los presos políticos también se les aplica ese procedimiento?

– Con una variante, necesitan la venia de los jefes de Caracas y participación del Juez Rector y la Presidente del Circuito, que también toman parte en todos los guisos, pero en estos casos se cuidan de hacer ver que todo viene direccionado desde el TSJ. Marjorie Calderón, Juan Luis Ibarra, Cinthia Meza, Carlos Gámez, el Juez Rector, como lo hacía antes que él Javier Acedo, son los personajes que se montan en dirigir la jugada. Para eso mandan a un abogado que se presenta como el Salvador, el que todo lo puede sin importar cuán difícil sea el caso, el que acceda debe seguir al pie de la letra lo dicho por ese abogado, lo primero que le pide es silencio absoluto, ante cualquier cosa que diga y haga el preso político, familiares y conocidos, sin el consentimiento de ese abogado, éste les dice, eso no te ayuda en nada, eso te hace daño. Claro, la idea es tener al preso político y a su familia aislados totalmente. También comienza a jugar al agotamiento del preso político haciéndole, ver que no descansa realizando gestiones en Caracas para llegar a un arreglo, en el interín va colocando cifras a la par de dificultades ficticias que elevan el costo de la solución. Suele suceder que acuerdan un monto, pagan, luego el abogado se presenta con la Boleta de Excarcelación y le dice al preso, “ahora vale tanto, diciendo cosas como estas, al Presidente del TSJ le parece muy poco”. Ese abogado nunca presenta una solución desde el punto de vista jurídico, todo se reduce a hacerle creer al preso político, que procura por todos los medios beneficiarlo con sus amigos magistrados y jueces del circuito.

¿Conoces de algún caso en concreto?

– El del Niño Guerrero, pareja de Rosita, Héctor Guerrero, como pran de la cárcel de Tocorón la hoy destituida Jueza Amarista le dictó una condena muy por debajo que la exigida por la multiplicidad de delitos graves en los que estaba incurso. La Fiscalía apeló esa decisión y el TSJ ordenó revisar esa condena, todo por la imprudencia de esta jueza en querer sacar provecho solo para ella intentando por todos los medios beneficiar a Guerrero con una menor pena.

¿Cómo calificarías esta forma de administrar justicia?

Es lamentable la forma de impartir justicia en el Estado Aragua. Por esas tergiversaciones colocadas bajo la tutela política condenaron al comisario Simonovis y los policías metropolitanos, acusados de crímenes de los que no tuvieron responsabilidad en abril de 2002, la condena que les impusieron respondió a una solicitud de Hugo Chávez, lo que los convierte en víctimas de este régimen, concretamente de este circuito judicial, corrieron peor suerte que los extorsionados,-señaló finalmente.

Félix Francisco Bertomolde – @memientanchico – (@memientanchico)

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Entre la impunidad y el odio

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Entre la impunidad y el odio la absurda muerte de Nelson Martínez: Por Rafael Ramírez.- El pasado 12 de diciembre murió Nelson Martínez, trabajador de PDVSA, compañero de luchas durante diez años, ex mnistro de Petróleo, presidente de PDVSA y de Citgo. Su deceso ocurrió mientras estaba en cautiverio, retenido desde hacía un año por el gobierno, secuestrado sin que se supiera de qué delito se le acusaba. Su partida es un hecho triste y que lamentamos profundamente.

Lo primero que quiero es expresar mis más sentidas condolencias a su esposa, hijas, hijo y a todos sus amigos y seres queridos por tan irreparable e injusta pérdida.

Aunque la muerte de un ser humano siempre es lamentable, en esta ocasión se trata, además, de un hecho injusto, producto de la crueldad y ensañamiento con que actuaron sus captores.

Desde el mismo momento de su detención, rodeada de un operativo policial desmedido hecho para las cámaras de la televisora del Estado, expuesto al escarnio público, por el fiscal general que juzgó y condenó a Nelson sin siquiera presumir su inocencia, ni tener un mínimo de consideración o equilibrio en su actuación.

A partir de allí, vino el linchamiento en los medios y redes sociales que controla el gobierno, donde se vilipendió su nombre y reputación. Convirtieron así a, Nelson en uno de los “trofeos” más preciados de Maduro y su fiscal, cuya vendetta irracional de ambos en contra de PDVSA, tiene más de 100 trabajadores secuestrados en las prisiones del gobierno sin derecho a la defensa y con sus derechos constitucionales conculcados al permanecer recluidos en una situación de aislamiento y maltrato que nadie merece. Otros muchos hemos sido perseguidos con saña, cuya consecuencia ha sido la destrucción de la empresa.

Conocí a Nelson Martínez hace un poco más de 16 años cuando, como miembro de la Junta Directiva de PDVSA presidida por el profesor Gastón Parra, nos reuníamos clandestinamente en el hotel El Conde, junto con otros trabajadores patriotas, para planificar acciones en defensa de la industria ante el desconocimiento de dicha Junta Directiva nombrada por el gobierno bolivariano por la “meritocracia” petrolera. Era 2002, año de intolerancia y violencia, del Golpe de Estado y del Sabotaje Petrolero.

Cuando comenzó el Sabotaje Petrolero en diciembre de 2002, y ya nosotros iniciábamos la contra ofensiva ordenada por el presidente Chávez, Nelson fue uno de los pocos que estaba allí, con nosotros, dispuesto a asumir la posición que le correspondiera para derrotar este artero ataque contra la patria.

Eran momentos de grandeza y heroísmo, donde cada uno se movilizaba, junto con los trabajadores y el pueblo, para defender el frente que le correspondiera sorteando la violencia, la intimidación y el accionar de los saboteadores para llevar dirección, conocimiento y acompañar a los trabajadores y al pueblo que, finalmente, derrotaron a la autoproclamada y soberbia “meritocracia” petrolera para, de esa manera, crear la Nueva PDVSA y poner el petróleo al servicio del pueblo.

Siempre lo conocí como un hombre de origen humilde, con una sólida formación técnica y credenciales académicas, que lo convertían en un profesional con densidad, una amplia experiencia y capacidad de trabajo. Así eran nuestros gerentes patriotas, hombres de conocimiento técnico y firmes principios éticos-políticos.

Establecimos una buena amistad desarrollada en el trabajo en conjunto, basada en el compañerismo y respeto, la solidaridad y el profundo sentimiento patrio que nos movilizaba. A pesar de todos sus grados y títulos, era un hombre de trato humano, sencillo, quien, con facilidad natural, era capaz de tomar decisiones complejas e interactuar con nuestros trabajadores y el pueblo sin prepotencia ni maltratos de ningún tipo.

Ocupó en esos momentos de consolidación de la Nueva PDVSA importantes posiciones de dirección de la empresa en el oriente del país, presidió nuestra filial PDVSA Gas, lo postulé y fue nombrado por el presidente Chávez miembro de la Junta Directiva de PDVSA, ocupó diversos cargos de dirección de la empresa y en el exterior, responsable de PDVSA América, con sede en Argentina, hasta que lo nombramos presidente de CITGO.

Teníamos una buena amistad y suficiente confianza para abordar cualquier tema, pudimos actuar de manera precisa. Cuando conocimos de sus problemas cardíacos, lo apoyamos solidariamente para realizar su operación del corazón, una intervención compleja, de la que quedó muy bien y con la cual podría haber sobrevivido muchos más años, siempre que tuviese los cuidados y medicamentos correspondientes, como es normal en esa situación. Era un hombre joven.

Luego de la muerte del Comandante Chávez, Maduro inició las maniobras para cambiar la conducción de PDVSA con el objetivo de tenerla bajo su control, con otro equipo, otra orientación. Me enteré de estas maniobras por el mismo Nelson, quien me llamó para informarme que desde la Dirección del Despacho de Maduro lo llamaban a CITGO para que viniera a reunirse a Miraflores, por supuesto a mis espaldas.

Me dí cuenta que el madurismo conspiraba contra mi posición como presidente de PDVSA, cosa que me parecía insólita e irresponsable, no sólo porque el presidente Chávez no se había planteado para nada asignarme un destino diferente, como lo dijo a viva voz, tres veces durante su campaña electoral, sino porque era evidente que, desde el mismo 2013, el país enfrentaba un proceso de desestabilización política, pero, a la vez, había advertido que nuestra economía entraba en un período de inestabilidad, básicamente por la desaparición física del presidente Chávez. De manera que era necesario decidir un conjunto de medidas económicas que era impostergable asumir y un mercado petrolero marcado a la baja de los precios.

El mismo día de su primer mensaje al país, horas antes de su alocución, tuve una reunión con Maduro en su residencia, donde me manifestó su intención de “refrescar PDVSA”, es decir, que le entregara la conducción de la empresa y del Ministerio.

Era una meta que tenía fija hacía tiempo, eran sus planes de controlar todos los espacios del gobierno y del Estado. Yo le dije que no lo aceptaba. Le recordé que esa era la agenda del candidato de la oposición y le advertí sobre los severos problemas económicos que ya se comenzaban a manifestar. Le insistí en que la estabilidad de PDVSA era clave para salir de la coyuntura.

Ya avanzada la conversación, me confiesa que había pensado en Nelson para presidente de PDVSA y en Asdrúbal Chávez como ministro de Petróleo. Recuerdo que le dije “vas a matar a Nelson”, aunque tenía todos los créditos técnicos y gerenciales para dirigir la empresa, se necesitaba además un peso político específico y una intensa actividad, muy exigente, que acabaría con la salud de cualquiera.

Yo sabía que era cuestión de tiempo que Maduro materializara su decisión, por lo cual lo comuniqué a los miembros de la Junta Directiva para que estuviesen preparados. Se desató una campaña muy fuerte en mi contra, donde los factores del madurismo y sus agentes económicos hicieron guerra sucia y de rumores en las redes y, valiéndose de palangristas, trataban de dividirnos, lo cual lograron finalmente. Nos distanciaron.

Cuando se produce el llamado “sacudón”, invento de Maduro para intervenir PDVSA, se designa a Eulogio Del Pino como presidente y a Asdrúbal Chávez como ministro. Era evidente que Nelson no contaba con el apoyo de los otros factores políticos del madurismo.

Cuando ya estaba en Nueva York como embajador ante la ONU, tuvimos la oportunidad de reunirme con Nelsonen mi despacho. Fue una conversación sincera, entre amigos, aclaramos nuestras diferencias, desentrañamos juntos toda la trama de manipulaciones y , mentiras, y las presiones que hizo el madurismo para utilizar a Nelson como cabeza de una conspiración que él nunca tuvo en sus intenciones, ni en su mente, sino en la de Maduro. Éste, después, ni siquiera lo promovió como presidente de la empresa.

A partir de allí, Nelson y yo restablecimos nuestros contactos y siempre conté con su apoyo. De hecho, era el único que me apoyaba. Cuando lo nombraron ministro de Petróleo, tuvimos una larga conversación telefónica donde, además de felicitarlo y ponerme a su orden, le daba datos importantes de los problemas de la empresa, los problemas de producción, los retos en la OPEP. Teníamos un número para conversar hasta que lo hicieron preso.

Cuando nombraron al General Quevedo como ministro y presidente de PDVSA, era claro para mí que finalmente se había impuesto un poderoso grupo de poder y que, tanto Nelson como Eulogio, estaban en inminente peligro de sufrir una agresión.

Obviamente Maduro, después de interferir e intervenir todos los procesos de PDVSA, colocar sus piezas políticas en puestos claves, nombrar sucesivas Juntas Directivas compuestas por factores del madurismo, sin formación ni preparación alguna, con el colapso de la empresa, tendría que buscar unos “chivos expiatorios” a quienes culpar de su propia incompetencia, a quienes responsabilizar por su propio fracaso en la conducción de PDVSA.

Estos chivos expiatorios serían Nelson y Eulogio. Los enemigos perfectos, sin apoyo político de ningún tipo, hombres de trabajo, técnicos que nunca supieron cómo moverse en ese “nido de alacranes” del madurismo, de la política con “p” minúscula.

Maduro ordenó ambos arrestos y que los cuerpos de inteligencia actuaran de manera desproporcionada; ordenó que las detenciones injustas se transmitieran por televisión para que Nelson y Eulogio aparecieran esposados y expuestos, y el locutor oficial ya tenía un libreto de linchamiento.

Maduro ordenó al Fiscal que hiciese sus infelices declaraciones, en su despliegue teatral y patético de siempre. Maduro necesitaba verter su odio contra ellos y lo hizo con saña. Ningunos de los actores involucrados en ese día de la vergüenza actuaría así por su cuenta.

Maduro utiliza el argumento de la lucha contra la corrupción, enloda y vilipendia el nombre y reputación de sus trabajadores, sin mostrar una sola prueba. Nelson murió sin saber de qué se le acusaba, no hubo juicio, no hubo derecho a la defensa, nunca se le dió la oportunidad de aclarar nada. De manera absolutamente arbitraria e ilegal, , Maduro actúa como un dictador al que aplauden sólo sus cómplices.

Como siempre, nadie del gobierno ni del PSUV dijo nada. Nadie levantó la mano, nadie intercedió. Sólo murmuran, todos actuaron cobardemente, incluyendo los trabajadores petroleros, desmovilizados, aterrorizados ante las imágenes.

Para mí fue muy triste ver a estos dos compañeros, héroes de la derrota del Sabotaje Petrolero, humillados y vilipendiados de esa manera, y recordar que se los había dicho tantas veces: la saña de Maduro no es sólo en mi contra, es en contra de todos ustedes, en contra de los trabajadores de PDVSA: él necesita barrer al chavismo de la empresa, aterrorizarla, para luego hacer con ella lo que le dé la gana. Ellos tienen una visión distinta a la nuestra, con Maduro en el poder, no puede existir la PDVSA de Chávez, la del pueblo.

Tal vez el error de ambos compañeros fue aceptar responsabilidades de organizaciones que no controlaban, sino que controla directamente Maduro o cualquiera de su entorno; incluso, que controlan los grupos económicos que se han favorecido con la entrega, la rebatiña que hay en PDVSA.

Siempre nuestros trabajadores son manipulados con el llamado a la debida “lealtad” al gobierno. Ésto es así, en la medida que el gobierno sea leal al Pueblo y a los objetivos del Plan de la Patria. Esta crisis es una lección para todos: a este gobierno no le interesa para nada la suerte de PDVSA, sus trabajadores, ni los más sagrados intereses de la Patria. El Plan de ellos es entregar el petróleo y, para hacerlo, necesitan destruir a PDVSA.

 

El ensañamiento contra Nelson fue brutal, cruel. Ocurre exactamente lo mismo contra el resto de trabajadores de PDVSA. Sufren maltratos, aislamiento, se violan sus derechos constitucionales, no les importa que mueran en cautiverio, no son capaces de obtener ningún beneficio procesal, así tengan enfermedades crónicas o críticas, así intenten suicidarse, son secuestrados políticos, presos políticos Chavistas, acusados de corrupción, porque el madurismo no puede admitir que existe un chavismo chavista que le hace frente, que no está dispuesto a cumplir su programa de entrega. Maduro usa el argumento de la corrupción, así como usa otros, como la conspiración, guerra económica o invasión, porque jamás va a reconocer que ha fracasado, porque también PDVSA le quedó grande.

A Nelson lo dejaron morir en cautiverio. Lo mataron: sabiendo que era un hombre con una condición cardíaca compleja, tal y como lo alertaron sus familiares y abogados una y otra vez a la Fiscalía, no “le dio la gana” a Maduro darle casa por cárcel, como ha hecho con decenas de opositores en sus negociaciones políticas.

A Nelson lo MATARON porque una vez que se infectó su dispositivo cardíaco y le colapsaron sus órganos vitales, fue sólo entonces que lo trasladaron al Hospital Militar. No le suministraron antibióticos, ni permitieron que sus médicos lo vieran, a pesar de los ruegos de la familia, ni le completaron las sesiones dediálisis. Cuando entró en coma, los familiares pidieron llevarlo a casa a que muriera allí y no quisieron. Actuaron inhumanamente, cruelmente.

Una vez que Nelson falleció, vino el silencio de la impunidad. El fiscal, en un acto de cinismo, emitió un comunicado afirmando que Nelson recibió todas las atenciones debidas. Mentirosos. El fiscal, si le quedase algo de vergüenza debería renunciar.

Con Nelson ya son cinco prisioneros políticos que mueren bajo custodia del gobierno que,de acuerdo a la Constitución, es responsable de sus vidas e integridad física. Pero también murieron más de 67 presos comunes quemados vivos; volaron con un cohete a un grupo de hombres rendidos; lanzaron desde el piso 10 del Sebin a un prisionero, verdad que fiscal niega y hasta amenaza a quien contradiga su tesis del suicidio. No sólo debe renunciar sino que es responsable, igual que Maduro, de estas muertes y ensañamientos, de estas violaciones gravísimas de los derechos humanos.

Los defensores de los derechos humanos guardan silencio cuando se trata de presos o muertos del chavismo. Es como si no existieran los más de 100 trabajadores petroleros secuestrados por el gobierno, o los oficiales militares en prisión, o los políticos chavistas disidentes de Maduro en prisión. Así es la intolerancia y sectarismo de la oposición, no les importan. Pero al PSUV tampoco, ni a los dirigentes del gobierno, ni a las otrora voces valientes en contra de la violación de los derechos humanos. No entienden que su silencio, su miedo a decir nada, abre las puertas de la impunidad; permite y estimula que se sigan violando los derechos humanos de esta forma.

Yo lamento profundamente el dolor de los familiares y seres queridos de Nelson. Mi respeto y solidaridad a todos. Si estuviese en Venezuela, hubiese corrido su misma suerte como secuestrado político de este gobierno igual que tantos compañeros. Por eso, debo mantener mi voz en alto, denunciar este crimen, es mi deber hacerlo, por él, por nuestra amistad, su trayectoria, sus aportes a este difícil proceso de construir una sociedad más justa. Y también lo hago por todos los que están secuestrados, sus familias, sus vidas. Quien no se indigne ante este crimen y esta terrible injusticia cometida contra Nelson, entonces debe revisarse el alma. Paz a sus restos.

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