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Saúl Ortega: Vivir en la Tormenta

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Saúl Ortega: Vivir en la Tormenta. Si revisamos la situación geopolítica en cada momento de crisis que ha vivido la humanidad, nos encontramos que éstas han ido a la guerra o confrontado situaciones conflictivas motivadas a los intereses de los países más fuertes o con poder militar para dominar y saquear a pueblos débiles, experimentando la lógica de países ricos y pobres. De allí, que el maestro Carlos Marx llegó a afirmar que la historia de la humanidad, es la historia de la lucha de clases, con la aparición y desarrollo del capitalismo, también nació el imperialismo a niveles que puso a la orden del día la lucha por la hegemonía, entre las potencias en pugnas.

Sin embargo, esta lucha es la razón que empujó a la humanidad, al mundo a las dos últimas guerras que recordamos; la primera y segunda guerra mundial, donde las potencias impugnan y empujan al resto de las naciones a alinearse con sus intereses económicos y políticos. Hoy en día, estos conflictos son más sofisticados al punto de que algunos analistas hablan de guerra de cuarta y quinta generación. Hoy, el centro es la mente de los pueblos, dominar con otras armas, donde entran todos elementos económicos, políticos, diplomáticos, psicológicos, mediáticos y militares.

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No obstante, para los venezolanos el centro de la crisis que estamos padeciendo, está en que somos una pieza importante en el tablero mundial de un ajedrez, donde están en juego los intereses económicos y políticos de los amos del mundo. Nuestras riquezas estratégicas, especialmente petróleo, gas, entre otros; y una ubicación geopolítica nos ubica como parte de este conflicto de intereses, la comprensión de esta realidad nos define el costo que entraña mantener una política de independencia y soberanía de respeto a nuestra integridad territorial y el derecho a vivir en paz.

Por lo cual, esto es tan cierto que los años de cierta estabilidad que vivió el país post-petrolero, vino dado por Gobiernos subordinados a los intereses del imperialismo, como el Pacto de Punto Fijo que vivió 40 años en armonía con los intereses de las compañías petrolera, pero en abierta contradicción con los intereses de nuestro pueblo y los intereses nacionales.

En este sentido, Acción Democrática y Copei, más otros grupos minoritarios sirvieron para la dominación imperialista y de la burguesía parasitaria sobre nuestro pueblo y es ese el proyecto político de la oposición, presentándose con alguna nomenclatura o rostro candidatural.  Preséntese como se presente, incluso llama la atención el descaro de un ciudadano como la de Ricardo Haussmann, ex ministro de Carlos Andrés Pérez cuando llama abiertamente a la intervención militar en combinación con el nombre de su socio Lorenzo Mendoza; estos personajes ya le pusieron precio al país, 50 mil millones de dólares, para entregar a Venezuela a los intereses norteamericanos.

Por cierto, la llegada del embajador Todd Robinson acelera los planes de estos actores políticos que alinearan a todo el resto de la oposición en un discurso abiertamente anti-nacional y extremista. Afortunadamente, la suerte de Gobiernos aliados en la región no es la mejor en este momento, lo que le resta fuerza a la demenciada aventura militar opositora.

Por tal razón, que la batalla se traslada al campo político – electoral, y volvamos a Chávez, el ocho de diciembre de 2013. No faltaran quienes quieran aprovechar circunstancias para retrotraernos a viejas situaciones, frente a ellos unida, lucha, batalla y victoria; nuestro pueblo debe estar atento a la promoción o aparición de falsos profetas que apropiándose del legado del Comandante le hacen juego al enemigo. Unos porque los tocó la corrupción y otros por intereses particulares, juegan a destruir el proyecto revolucionario.

En tal sentido, mantener una política revolucionaria en defensa del pueblo y de los intereses del soberano impone vivir en la tormenta, en el asedio permanente, la inestabilidad y el peligro de un enemigo que nos ve como colonia. Pero podemos salir hacia adelante, si desarrollamos comprometidamente el proyecto acelerando las bases económicas, políticas y culturales para que aparezca lo que no tenemos hoy, el proyecto socialista, democrático y revolucionario.

En vista que, la esperanza liberadora, la utopía posible que libere a todo nuestro pueblo, porque la bestia del Neoliberal del mercado está desatada a lo Dólar Today, y otras trampas golpeando nuestro bolsillo y paciencia. Pero, esta es la expresión del desespero por la crisis general que exhibe el capitalismo y pone de manifiesto su incapacidad para atender los problemas de la gente.

En nuestro seno debemos derrotar el oportunismo político, la corrupción, la ineficacia y la indolencia para avanzar con nuestro Gobierno amigo, con las políticas socialistas expresadas en las misiones, con la organización del pueblo y la experiencia adquirida en estos años para derrotar la guerra económica, la usura, especulación y desesperanza, ésta busca desmoralizar a nuestro pueblo para someterlo y colonizarlo, es hora de creer en los poderes creadores del pueblo, en la conciencia y las raíces históricas que hacen del bolivarianismo el camino para Venezuela y Latinoamérica. La batalla es aquí y ahora, vamos por nuestro futuro que no será entregado, ni hipotecado. ¡Independencia y patria socialista!

Constituyente Saúl Ortega

@saulortegapsuv

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CPI, colapso y geopolítica

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CPI, Colapso y geopolítica: Por Leopoldo Puchi.- Venezuela atraviesa por serios problemas internos, en particular de naturaleza económica y social, que se expresan en el descenso de la producción nacional, hiperinflación y empobrecimiento de las condiciones de vida de la población. A ello se le añade una alta conflictividad política y el deterioro del marco institucional.

A esta crítica situación se le suman las tensiones de orden internacional que aparecieron en el momento en que Venezuela decidió separarse del dispositivo geopolítico del que había hecho parte. Por esta razón, ahora se encuentra en el ojo de un huracán de tensiones en el que participan gobiernos de varios países.

Algunos sectores de los centros de poder occidental consideran que pudiera aceptarse esa decisión de Venezuela o que, en todo caso, se tendrían que encontrar fórmulas de convivencia a pesar de la decisión tomada, mientras que otros factores estiman que hay que reinsertar al país en su órbita tradicional por cualquier medio. A los unos se les ha denominado “diplomáticos” y a los otros “militaristas”.

Quienes han recurrido a la Corte Penal Internacional para obtener una decisión que implique una condena hacen parte de las corrientes llamadas “militaristas”, partidarias de acciones de fuerza para alcanzar el objetivo propuesto, puesto que una sentencia condenatoria solo pudiera ejecutarse si se recurre al uso de la violencia física. Se degradaría así la CPI a un rol de validación de una intervención extranjera. En la misma línea de las corrientes “militaristas” se inscribe lo planteado por William Brownfield, quien ha sugerido la opción de precipitar al país en un colapso absoluto “aunque ello produzca un periodo de sufrimiento”.

Un efecto negativo de esta visión es que induce a la oposición a la espera de una intervención, que se considera vendría inevitablemente por el colapso o vía decisión de la CPI. Algo semejante ocurrió con el llamado a la abstención del 20 mayo, que fue inducido desde varios países de la Unión Europea y el Grupo de Lima.

Ahora bien, desde las corrientes “diplomáticas” también hay nuevas iniciativas. Llega la noticia de que el gobierno español ha decidido propiciar la búsqueda de acuerdos. Se trataría de la promoción del “diálogo político y de cómo abrir cauces de colaboración”, ha indicado Josep Borrell.

Con anterioridad se había conocido la iniciativa del Departamento de Estado de enviar una delegación de alto nivel para sostener reuniones en Venezuela, pero fueron suspendidas en el último momento por las contradicciones entre los diferentes grupos que conforman la administración estadounidense. Del mismo modo, la visita a Venezuela del senador Bob Corker puede entenderse como un esfuerzo en la misma dirección.

Aunque son diferentes entre sí, estas iniciativas responden a una visión “diplomática”. La inclinación definitiva de Donald Trump no se conoce, pero sin duda se sabrá luego de las elecciones de noviembre. Veremos si es colapso, CPI o acuerdos pacíficos.

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