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Ritual del popó para hacer de mañana y acabar con el estreñimiento

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Ritual del popó para hacer de mañana y acabar con el estreñimiento.

El “ritual del popó” para hacer de mañana y acabar con el estreñimiento; nos enseña la nutricionista Nanda Muller, un hábito diario para regular el intestino.

Son muchos los especialistas que creen que la mañana es el mejor momento para hacer popó. Después de un arduo trabajo durante la noche, el sistema digestivo está listo para evacuar apenas nos despertamos. Con esto en mente, la nutricionista Nanda Muller sugiere esta rutina;  para hacer de esta necesidad un hábito diario y  regular el intestino.

El ritual del popó

La especialista incorporó en su rutina este llamado «ritual del popó», que consiste en despertar siempre 1 hora antes para destinar todo ese tiempo a la evacuación.

Apenas despierta, la nutricionista toma un vaso con agua, que puede ser normal, con limón o con suplementos termogénicos o colágeno.

 Bondades del agua

Es bueno beber agua en ayunas pues estimula la depuración interna del cuerpo, facilita la digestión y favorece el buen tránsito intestinal.

 Posición más efectiva para hacer popó

Cuando el agua no sea suficiente para dar ese último empujón, la nutricionista recomienda quedarse de cuclillas. Como ella explica, sentarse derechos sobre el inodoro dificulta la salida de las heces y aumenta la tensión en el canal de salida.

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ACN/VIX/Giulia Ebohon.

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El pesebre y su leyenda

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El Pesebre y su leyenda: Por Francisco Mayorga.- El pesebre lo inventó San Francisco de Asís, el santo de la humildad y de la pobreza;  en la Navidad de 1223, hace casi 800 años, en el pueblecito de Greccio, en Italia.

El santo estaba débil y enfermo, y pensando que tal vez aquella sería su última Navidad en la tierra;  quiso celebrarla de una manera distinta y muy especial. Un amigo de nombre Juan Velita, era dueño de un pequeño bosque en las montañas de Greccio;  y en el bosque había una gruta que a Francisco se le parecía mucho;  a la cuevita donde nació Jesús, en los campos de Belén;  y que él había conocido hacía poco en su viaje a Tierra Santa.

Francisco habló con su amigo, le contó su idea de hacer allí un “pesebre vivo”;  y juntos lo prepararon todo, en secreto, para que fuera una sorpresa;  para los habitantes del pueblo, niños y grandes.

Entre la gente del pueblo, Francisco y Juan escogieron algunas personas;  para que representaran a María, a José, y a los pastores; les hicieron prometer que no dirían nada a nadie antes de la Navidad;  y, siguiendo el relato del Evangelio de San Lucas, prepararon la escena del nacimiento. ¡Hasta consiguieron un hermoso bebé para que representara a Jesús!

La sorpresa de Navidad

La noche de Navidad, cuando todas las familias estaban reunidas en sus casas, las campanas de la iglesia empezaron a tocar solas…  ¡Tocaban y tocaban como si hubiera una celebración especial!… Pero nadie sabía qué estaba pasando… El Párroco del pueblo no había dicho que fuera a celebrar la  Misa del Gallo… la Misa de Medianoche….

Sorprendidos y asustados a la vez, todos los habitantes de Greccio salieron de sus casas para ver qué estaba sucediendo… Entonces vieron a Francisco que desde la montaña los llamaba, y les indicaba que subieran donde él estaba.

Alumbrándose con antorchas, porque la noche estaba muy oscura y hacía mucho frío, todos se dirigieron al lugar indicado, y cuando llegaron quedaron tan admirados, que cayeron de rodillas, porque estaban viendo algo que nunca habían pensado poder ver. Era como si el tiempo hubiera retrocedido muchos, muchos años, y se encontraran en Belén, celebrando la primera Navidad de la historia: María tenía a Jesús en sus brazos, y José, muy entusiasmado, conversaba con un grupo de pastores y pastoras, que no se cansaban de admirar al niño que había acabado de nacer…

Después, cuando todos se calmaron, el sacerdote, que había sido cómplice de Francisco y de Juan Velita en aquel secreto, celebró la Santa Misa, y Jesús se hizo presente en el Pan y el Vino consagrados, como pasa siempre que se celebra una Misa en cualquier lugar del mundo.

Terminada la Eucaristía, Francisco, lleno de amor y de alegría, les contó a todos los presentes, con lujo de detalles, la hermosa historia de la Navidad, y Jesús, “luz del mundo”, llenó sus corazones de paz y de amor.

Tres años más tarde, Francisco de Asís murió, dejándonos esta hermosa costumbre de hacer el pesebre todos los años, que a todos nos gusta tanto.

ACN/fm

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