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El post 20 de mayo

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El post 20 de mayo: Por Leopoldo Puchi.- Siempre una consulta electoral encierra la potencialidad de un cambio, independientemente de las condiciones en que esta se realice. La grave situación económica, las privaciones de la gente, la ineficiencia gubernamental, los efectos del bloqueo financiero internacional, todo esto inclina la balanza hacia la oposición. Al mismo tiempo, la pérdida de confianza  de sus seguidores en la dirigencia partidista, la reticencia a participar en las elecciones y las divisiones le obstruyen las puertas del éxito.

En un cuadro como este, post 20 de mayo,  debe pensarse el futuro tanto desde la probabilidad de que gane el Gobierno como la oposición. De modo que es razonable considerar ambos escenarios. Y el elemento común es la dimensión de las tareas del programa de recuperación que tendrá que emprenderse, dadas las características de la crisis por la que atraviesa el país, apenas revelada en su profundidad y extensión por la cifra de 40% de caída del PIB. La magnitud de los problemas que deben enfrentarse y el trabajo que debe que debe ejecutarse es tan grande que pretender hacerlo con un solo hombro sería  quimérico. No es solo la macroeconomía, sino el reordenamiento del funcionamiento de los servicios públicos e incluso de la vida cotidiana. Pretender hacerlo con un solo hombro sería  quimérico.

La negociación es ineludible, tanto si gana Gobierno como oposición, porque ninguna de las dos grandes fuerzas políticas y sociales desaparecerá al día siguiente de las votaciones del 20 de mayo. Cada una cuenta y tiene capacidad para dar aportes y también para obstruir. El objetivo sería crear un marco de cohabitación de largo plazo a partir de las coordenadas actuales de un modelo mixto de economía, de criterios básicos acordados sobre la distribución de la riqueza y predominancia de la vocación popular del Estado. Sobre esa base, se emprenderían las reformas de institucionalización necesaria para la convivencia de las fuerzas políticas y sociales en pugna, de modo que se pueda relanzar la producción nacional, la petrolera, la agrícola, la industrial, y se emprendan los cambios en los poderes públicos que permitan la presencia compartida de ambos sectores en los poderes públicos.

De ganar la oposición, el diálogo que preceda a la transferencia de mando tendría que contener un acuerdo sobre la institución militar, la progresiva renovación de los poderes y los parámetros de un programa económico sensato. Materias como la absurda propuesta de eliminar la emisión por Venezuela de su propio signo monetario podría bien ser reconsiderada.

Gane oposición o Gobierno, también sería necesario integrar en el diálogo al gobierno de Estados Unidos, puesto que un plan de recuperación de la economía estaría limitado por las sanciones y las tensiones geopolíticas existentes. Un entendimiento de cohabitación en lo interno y un acuerdo de cooperación internacional sentarían las bases  para el relanzamiento de Venezuela.

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Carta abierta a Henri Falcón

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Carta abierta a Henri Falcón: Por Luis Fuenmayor Toro.- Estimado candidato,  He decidido hacer públicas estas reflexiones y peticiones, pues pienso que las mismas ayudarán a muchos a decidir, en relación con las elecciones próximas, y en su caso a revisar y hacer óptimo su programa de gobierno.

(1) La decisión tomada por los partidos que lo acompañan, de participar como candidato en los comicios presidenciales de mayo, pese a enfrentar grandes ventajismos y actitudes fraudulentas del gobierno, nos parece una medida política adecuada y además valiente, dada la magnitud de la campaña de la jauría nacional e internacional en función de la abstención. La forma más loable de defender los derechos ciudadanos es su ejercicio indeclinable, en las condiciones que sea. Dejarlos de ejercer significa, aunque no guste, aceptar la derrota y huir o, mucho peor, abogar por una agenda distinta a la paz y la soberanía. Y aquí no vale escudarse en las violaciones de éstas cometidas por el régimen, en relación con la entrega de las riquezas del Orinoco a empresas extranjeras, ni con la de ceder la gestión de servicios vitales para la seguridad del Estado al gobierno cubano. Quienes intentan construir otra Venezuela no pueden basar sus conductas en las actitudes anti nacionales del presente.

(2) La necesidad de participar se hace entonces más imperativa, para yugular lo antes posible cualquier intento que nos quiera colocar en la senda de la agresión militar extranjera, que se presenta arteramente como la apertura del canal humanitario, el cual hemos visto cómo acaba de funcionar en el caso de Siria. Muy lejos hemos estado y estaremos de este tipo de “soluciones”, cuya violencia sólo añadirá más sufrimientos a nuestra gente, más destrucción que enfrentar y dejará a la nación en condiciones más disminuidas que las actuales y con riesgo de desaparecer. Ya con estas dos consideraciones, que hay que reafirmar en el imaginario colectivo, nadie debería tener dudas de la obligación patriótica de participar en las elecciones venideras.

(3) Adicionalmente, su candidatura y  las candidaturas de otros partidos y grupos opositores, están llevando a su fin la hegemonía de la Mesa de la Unidad Democrática, que fue construida en todos estos 19 años de gestión pseudorrevolucionaria en consenso con el gobierno, y que ha impedido que grupos distintos de los polarizados pudieran participar en forma equitativa en las luchas políticas y electorales venezolanas. Sin duda, ha sido una demostración más que evidente del sectarismo excluyente de la MUD y del PSUV. Pluralizar el escenario político es una meta deseable para cualquier sistema verdaderamente democrático. Hemos luchado por el rescate de la representación proporcional electoral, establecida en el artículo 63 y varios otros de la Constitución de la República, y que fue abolida por la Ley Orgánica de Procesos Electorales, para convertirla en el instrumento legal de la polarización. Esperamos que usted haga de este propósito parte importante de su programa de gobierno y de su campaña electoral, lo cual debería ser complementado con el impulso de la no reelección y el financiamiento oficial de las campañas electorales.

(4) Considero a su candidatura como la mejor posicionada de todas las presentadas por la nueva oposición, sin detenerme a analizar ni mucho menos descalificar a ninguna de las inscritas. Ninguna ha caído en el absurdo chantaje de que participar es legitimar al régimen gobernante. Según esta peregrina idea, que los medios nacionales e internacionales han tratado de establecer como matriz de opinión, cuando se defiende a un preso político en tribunales venezolanos, se estaría legitimando a un Poder Judicial ilegal, ignorante, corrompido y al servicio del Ejecutivo, cuyas sentencias ya deberíamos conocer de ante mano, como se dice ya se saben las del CNE en las elecciones venideras. De acuerdo con esta lógica perversa, lo pertinente sería no defender a nadie en los tribunales y permitir que los jueces decidan, contra los injustamente acusados, sin ninguna limitación, y a estos dejarlos pudrir en las mazmorras del SEBIN o morir en cualquier cárcel venezolana.

(5) Siguiendo esta lógica del absurdo y de la manipulación, no deberíamos efectuar denuncias ante la Fiscalía General, ni exigir que la Defensoría del Pueblo cumpla con sus funciones, ni tampoco requerir del indolente y negligente Ministerio de Salud que asuma sus responsabilidades, pues el sólo hecho de dirigirnos a ellos ya nos hace reconocerlos y por lo tanto legitimarlos. Pareciera que las protestas y las quejas no tendremos dónde llevarlas, pues hacerlo ante ministros ilegítimos de un gobierno ilegítimo significaría casi un delito de lesa patria. Tendríamos que abandonar el país, irnos fuera, viajar a la Luna o a Marte, para que nuestra permanencia en aquí no sea tomada como una legitimación del gobierno de Maduro y de la Asamblea Nacional Constituyente. Es abrumador darse cuenta como las ideas y razonamientos más extraños, productos de laboratorios de la manipulación, se hacen presentes y se extienden en las poblaciones, afectando incluso a gente preparada y con cierto nivel intelectual.

(6) Por último, le he leído algunas referencias al rentismo petrolero, razón por la que pienso que su campaña y programa de gobierno deberían incorporar medidas claras, que nos lleven a realmente a superarlo y a no quedarnos en la denuncia, como le ha ocurrido a todos los gobiernos desde 1959. Venezuela debe usar su petróleo para desarrollar su industria petrolera aguas abajo y aguas arriba y de allí al desarrollo industrial total. Iniciar el desarrollo petroquímico y de producción de químicos orgánicos desde el inicio, destinando a esta tarea una proporción creciente del crudo producido, hasta alcanzar índices internacionales, es lo conducente para sustituir el rentismo y no caer en demagogia como hasta ahora ha sido.

No me queda sino agradecer su atención, despedirme cordialmente con esta carta abierta y desearle el mayor éxito posible. Atentamente, Luis Fuenmayor Toro.

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