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Opinión

Nueva segmentación electoral

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Colombia y Venezuela - acn
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Nueva segmentación electoral: Por Leopoldo Puchi.- El proceso electoral que culmina el 20 de mayo  ya ha producido cambios importantes en el panorama político nacional, ya que en el transcurso de este período se ha modificado en una mediada significativa la estructura de base en que se segmentaba el proceso electoral venezolano. La polarización en dos grandes bloques no ha desaparecido, pero emergen nuevos perfiles de identidad, con sus propias variables de definición que trascienden las candidaturas que los representan hoy.

Uno de esos espacios que se ha creado es el de un nuevo sector electoral que aspira a soluciones a los problemas del país, pero sin grandes confrontaciones y es también partidario de formas de economía mixta y de los programas de atención social. Hasta hace poco eran votantes diluidos en el recipiente único de la Mud, pero ahora tienen fronteras propias que lo constituyen como un nuevo sujeto. En la actualidad este sector se expresa a través de Henri Falcón.

Otro perfil de identidad que ha surgido corresponde a franjas populares que tienen su núcleo en el sentimiento propagado a lo largo de años por el cristianismo evangélico y que se ha implantado de manera difusa más allá de las fronteras de cada una de sus comunidades. La candidatura de Javier Bertucci ha servido como revelador de una realidad que no se había expresado hasta ahora en términos políticos. Las cuotas porcentuales que muestran las encuestadoras son relativamente altas y también consistentes.

El fenómeno no es nuevo en Latinoamérica y recientemente se manifestó en Costa Rica con el excepcional desempeño en la contienda presidencial de Fabricio Alvarado, quien logró clasificar para la segunda vuelta y amenazó seriamente al liderazgo tradicional. En el caso venezolano, el asunto tiene mucho que ver con una serie de conductas de una parte de la jerarquía de la Iglesia católica que ha colocado una barrera con la gente del pueblo, lo que hace que miren hacia otras versiones cristianas o sincréticas.

Por otra parte, cabe señalar  que con anterioridad se había delineado un sector radical de oposición con rasgos propios pero que había permanecido mezclado con sus otros componentes. Ahora se han definido más claramente los contornos que los separan del resto y que resaltan en la medida en que se desvanece la Mud como expresión representativa y creadora de variables comunes de lo que fue un movimiento unificado de amplio espectro. El sector radical, claramente definido a favor de un levantamiento militar o de una intervención extranjera goza de una identidad propia y se expresa sin reservas. Por su parte, partidos como Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y, hasta cierto punto, Primero Justicia se esfuman como consecuencia del inmovilismo en que se encuentran

Como puede verse, aunque todavía no se han celebrado las votaciones, ya se perciben los contornos de nuevos sujetos políticos en la estructura de base de la sociedad, independientemente de quien gane las elecciones. Eppur si muove.

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Las turbas nicaraguenses y los colectivos chavistas

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Las turbas nicaraguenses y los colectivos chavistas: Por Luis Velázquez Alvaray.- El dirigente político en la resistencia, Antonio Ledezma, ha señalado la necesidad de acentuar la lucha contra la dictadura no solo de Venezuela, sino también de Nicaragua, tiranos que mantienen azotados a sus pueblos, con la misma fórmula, cumpliendo directrices impartidas desde la Habana, isla colonizadora del siglo XXI. Hoy Ledezma resume esta catástrofe: “Los métodos para asesinar son los mismos en Venezuela y en Nicaragua. Son dos dictaduras tuteladas por Castristas. Matan a placer, sin recato, ni contemplación. Su fin es el mismo: controlar el poder por el poder mismo, sin reparar la tragedia en que hunden a sus pueblos”.

Temidos. Turbas y colectivos, Nicaragua y Venezuela. Motos de alta cilindrada, hechas en China, llenas de sangre inocente, conductores asaltantes, entrenados para matar. Regreso a la edad media: violencia e ignorancia. Así describen en los medios del mundo a estos asesinos que arrastran con todo: la vida, los celulares, las carteras de sus víctimas, sus computadoras personales.

Los ejércitos de ambos países los protegen. Mejor, son un solo cuerpo armado, que cometen las mismas fechorías: asesinan a mansalva.

Avanzan a plena luz del día. Son protegidos por las fuerzas gubernamentales. Es un bandidaje que dispara a sus anchas.

Las turbas y los colectivos andan encapuchados, con cascos. No piensan para agredir. Gritan vulgaridades, drogados, su límite es la muerte.

En toda protesta pública permanecen al acecho. Los uniformados los cuidan y les señalan cuando actuar.

Son pandillas más fuertes que las conocidas de algunos países, ya que cuentan con el apoyo del Estado: dinero, impunidad, dueños de la “patria”.

Rodilla en tierra, fusil en mano. Pánico a su llegada. Viven entre Caracas y Managua, según las necesidades. Un cubano dirige a los encapuchados de las tres nacionalidades. También se les llama milicia nacional, Bolivariana o Sandinista

Maduro y Ortega, en sus alocuciones públicas, les hablan con códigos e interpretaciones que solo ellos manejan: “candelita que se prenda, candelita que hay que apagar”. Lenguaje delincuencial. Los Presidentes son dos colectivos más, dos integrantes de las turbas.

El alto mando está en la isla. Tienen un jefe inmediato: en Nicaragua se llama Pedro Orozco. En Venezuela Freddy Bernal. Andan camuflados, rodeados, en oportunidades se desprenden de su indumentaria para que la gente sepa que mandan, que dan ordenes, como aquella en el Táchira contra un conocido ganadero: “denle un tiro en la frente, yo voy camino al 23 de enero”.

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