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Libres, pero aún faltan

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Libres, pero aún faltan: Por Alejandro Feo La Cruz.- Vimos con mucha esperanza como dirigentes políticos de distintas tendencias que habían sido víctimas de la represión y privados de libertad sin justa causa, por fin después de varios años de cautiverio pudieron regresar a sus hogares. Líderes que por el solo hecho de pensar distinto o por defender un futuro mejor para nuestras familias fueron castigados vilmente, la mayoría de ellos de nuestro partido Voluntad Popular como son los casos emblemáticos de nuestros hermanos el alcalde Daniel Ceballos y el diputado Gilber Caro, entre tantos otros que el espacio de esta columna no me permite nombrar.

Una libertad que aunque condicionada trae consuelo a decenas de familias que han pasado por el trago amargo de ser separados por la crueldad del régimen y ahora de nuevo pueden reunirse. Muchos se preguntan cómo pudieron darse estas medidas, que fue lo que hizo que se lograran? No faltan los pájaros de mal agüero levantando acusaciones ligeramente.

La respuesta no la tengo, presión internacional, debilidad, mediación, desviar atención de los graves problemas del país, dar impresión de magnanimidad o todas las anteriores, no lo sé, pero nos mantendremos vigilantes observando los próximos acontecimientos, no hagamos falsas conjeturas que nos debilitan y que enlodan hechos positivos que nos levantan el ánimo y por esta vez y aunque sea por un momento solo alegrémonos por la felicidad que sentirán esas familias al reencontrarse. Vamos a enviarles un gran abrazo solidario a todos ellos, pedirle a Dios que ninguna familia venezolana sea separada por la fuerza nuevamente y que nos permita vivir en libertad una vida llena de prosperidad en nuestra tierra Venezuela. Nos unimos al júbilo de todas las familias de nuestros presos políticos, jamás debieron ser castigados y todos deberían estar en libertad plena. Sin embargo, aún faltan, hay un preso político que ha tenido una mayor resonancia internacional por su liderazgo y por la descarada manipulación que sufriò su caso en los tribunales, por eso toda Venezuela pregunta, y Leopoldo para cuándo?

Alejandro Feo La Cruz, responsable Voluntad Popular Carabobo

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El que llena la barriga se olvida del que no come

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El que llena la barriga se olvida del que no come: Por Luis Fuenmayor Toro.- Es inaudito que hoy en Venezuela, quienes comen critiquen que quienes tienen hambre busquen cómo comer. Llaman a la gente a resistir, hablan de dignidad y fortaleza frente al régimen dictatorial, pero tienen el estómago lleno y sus necesidades satisfechas, por decir lo menos. Han vivido siempre de la renta petrolera, aunque no lo sepan o no quieran aceptarlo, pues ésta ha sido el exclusivo soporte de la vida nacional desde hace un siglo y no existe capital venezolano, ni grande ni pequeño, que no se haya hecho a la sombra de los negocios con el Estado. Quienes han gobernado han mantenido al pueblo, además de en la miseria, en la ignorancia, pues ésta no es producto del azar sino el resultado de un diseño social muy claro: dominarlo con la facilidad con la que lo han dominado. Cinco años promedio de educación formal teníamos en 1998, luego de 40 años de democracia representativa. Hoy, luego de 20 años adicionales de cacareo y robo revolucionario, la situación es similar aunque el gobierno se mienta a sí mismo.

Para quienes hacen política fuera de Venezuela, disfrutando de excelentes condiciones de vida, pues no han emigrado en la búsqueda de trabajo para sobrevivir, ni son como los exiliados políticos de Gómez y Pérez Jiménez, que subsistían con grandes esfuerzos y limitaciones, es extremadamente fácil proponer “salidas” que impliquen un mayor sufrimiento a los venezolanos, así como exigir “dignidad en la resistencia a la dictadura”. A quienes no comen, no tienen agua ni electricidad, caminan horas para trabajar por una remuneración miserable, sin medicinas para sus enfermos ni vacunas para sus hijos; en medio de la represión, del hostigamiento policial y las amenazas del hampa, es inhumano exigirles mayores sacrificios y que rechacen las ayudas gubernamentales con las que paliar sus infinitas necesidades.

Esas ayudas son iguales a las existentes en Venezuela desde 1958, para no ir más lejos. Al Plan de Emergencia de Larrazábal, luego del derrocamiento de Pérez Jiménez. Y para sólo referirnos al segundo gobierno de Caldera, diremos que tuvo 14 programas sociales: Programa de Alimentos Estratégicos (PROAL), Programa Alimentario Escolar (P.A.E.), de Multihogares y H.C.D., Alimentario Materno Infantil (PAMI), de Meriendas y Comedores (INN), de Dotación de Uniformes Escolares, de Capacitación y Empleo Joven, de Subsidio al Pasaje Estudiantil, de Subsidio Familiar, de Suministro de Medicamentos (SUMED), de Dotación de Ambulatorios, de Protección al Anciano, de Atención a los Pensionados y de Fortalecimiento Social.

No fue Chávez ni Maduro quienes inventaron las ayudas sociales, aunque griten que son los únicos que se han ocupado en Venezuela de los pobres y miserables. Es más, Chávez desmontó los programas sociales mencionados y dejó a la gente sin los mismos durante sus primeros 5 años. Esa es la verdad. Los retoma luego con el nombre de misiones obligado por el estancamiento político de su régimen y con un objetivo demagógico clientelar, que los anteriores programas no tenían. Tampoco es del Gobierno el dinero que se utiliza en los mismos. No es Maduro quien magnánimamente aprueba en cadena televisiva limosnas para los pobres, algo que nunca hicieron los jefes de Estado del siglo pasado. Pero allí está la maquinaria propagandística “socialista”, que más bien parece fascista, para inventar cualquier cantidad de absurdos e irrealidades.

Hoy, más del 85 por ciento de la gente es pobre. Los programas sociales deben ser extendidos a casi toda la población, y mucho más ante el paquetazo de ajustes neoliberales instrumentado por Maduro, que colocó a CAP a su izquierda. Es imprescindible la instrumentación de subsidios y quien administra los mismos decide que instrumento de control utilizará. Inaceptable y perversa es la condena hacia los pobres por utilizar el Carnet de la Patria, pues es una condición administrativa para recibir los subsidios directos que les corresponden y no son una dádiva de Maduro. Seguramente Julio Borges y otros no lo necesiten; ellos ganan en dólares y bastante y pueden pagar la gasolina de sus aviones. Pero dejen de exigirle a quienes no se han enriquecido a costillas de los demás, que no coman, que se trasladen a pie y que renuncien a lo que les corresponde.

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