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«El Centauro de los Llanos» General José Antonio Páez
Hoy, a los 228 años de su nacimiento, José Antonio Páez deja un legado de lucha y perseverancia por la independencia de los oprimidos. Páez, oriundo de Curpa en el estado Portuguesa, Venezuela; fue un héroe en los procesos de independencia, rol que ejerció con gallardía y temple militar.
José Antonio Páez Herrera nace en Curpa en el estado Portuguesa en Venezuela, el 13 de junio de 1790, proveniente de una familia numerosa, humilde y de origen canario.
Páez fue un prócer de la independencia de Venezuela, fungió como prolijo general; jefe del Ejército Nacional y jefe militar del Departamento de Venezuela.
Líder indiscutible del movimiento independentista de La Cosiata; al que Venezuela debe su carácter de nación independiente y soberana, pues esta organización ideada y presidida por Páez; logró separar de manera definitiva al país suramericano de la Gran Colombia en 1830.

La Revolución de los Morrocoyes
La Cosiata, fue conocida como la Revolución de los Morrocoyes; un movimiento político que se organizó el 30 de abril de 1826; con la finalidad de separar a Venezuela de la Gran Colombia.
Páez tuvo gran participación en las batallas que dieron la libertad a Venezuela; junto al Libertador Simón Bolívar y otros próceres de alto rango.
La Batalla de Las Queseras del Medio, es considerada el triunfo bélico más resonante de la carrera de Páez; allí empleó su famosa táctica de «Vuelvan Caras»; que junto a la Batalla de Carabobo le permitieron ejercer sus alcances como estratega y dirigente de tropas.
Páez asumió de primera mano la transición a la Venezuela independiente; que se constituyó en República y lo eligió como primer presidente para el periodo de 1831 a 1835.

Este líder poseía un gran carisma y una personalidad indomable; misma que muchas veces lo llevó a desafiar las jerarquías de mando y saltárselas cuando le era útil en batalla; esto le permitió ganar adeptos en su escalada hacia la posición de máximo caudillo.
El 6 de mayo de 1873 murió en Nueva York. Sus restos fueron repatriados y sepultados en el Panteón Nacional, el 19 de abril de 1888.
ACN/Telesur/diarios
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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